Gordon B. White está creando perturbadores horrores weird, de Gordon B. White

Gordon B. White es un autor norteamericano que lleva cerca de una década publicando relatos, en su mayoría encuadrables en los géneros del terror y weird. En 2017, asistió al prestigioso taller literario Clarion (centrado en la ciencia ficción, fantasía y terror), en 2020 publicó su primera colección de relatos, As Summer’s Mask Slips and Other Disruptions, y en 2021, la novela corta Rookfield. Sus cuentos han aparecido en diversas revistas y antologías (aunque en español estaba inédito hasta hoy), y uno de ellos incluso fue elegido por Ellen Datlow para una de sus recopilaciones de lo mejor del año.

Gordon B. White está creando perturbadores horrores weird (Gordon B. White is creating Haunting Weird Horror) se publicó en 2021 en la revista online Nightmare. Se trata de una perfecta muestra de perturbador horror weird de esos que crea Gordon, en este caso en versión ultracorta. Y, dada su brevedad, tan solo voy a decir que seguro que con sus mil y pico palabras consigue que a partir de ahora veáis Patreon de otro modo.

Vaya por último mi agradecimiento para Gordon, por escribir estos deliciosos e inquietantes horrores weird y permitirme compartir uno de ellos con todos vosotros. Thanks a million, Gordon!

Descargar Gordon B. White está creando perturbadores horrores weird en formatos para e-book (ePub, MOBI y FB2) desde  MEGA   Google Drive

Descargar Gordon B White esta creando perturbadores horrores weird DOC

        Descargar Gordon B White esta creando perturbadores horrores weird PDF

Gordon B. White está creando perturbadores horrores weird

Gordon B. White

Varias de sus historias te han gustado mucho y os seguís mutuamente en Twitter, así que, cuando ves que el autor de literatura weird y de terror Gordon B. White ha abierto un patreon, piensas: «Sí, le daré un dinerillo». Eliges la recompensa de siete dólares —«Postales de casas embrujadas poco conocidas»— pensando que puede ser divertido recibir una microficción y una foto todos los meses a cambio de tu modesta aportación.

No llegas a tiempo para el primer envío, pero, total, son solo siete dólares. De hecho, has olvidado por completo todo el asunto hasta que el siguiente mes, el día trece, llega tu primera recompensa: una postal de nueve por doce centímetros, franqueada en Seattle, con un sello clase A de la serie siluetas espeluznantes, que representa dos fantasmas con las máscaras de la comedia y la tragedia por rostro, enmarcados por ventanas con el fondo naranja. El sello es kitsch, pero la fotografía de la postal no es más que una casa corriente.

Una sola planta y estilo de construcción artesanal. Revestimiento azul, puerta roja, cortinas blancas. La instantánea ha sido tomada al anochecer, pero las luces del camino de entrada le aportan vida. El texto que figura al dorso, escrito con caligrafía apretada y tinta azul, dice:

Sawtuck Road 1247. El fantasma de un niño con el rostro de un gatito Jano nacido muerto y hojas de tijera sobresaliéndole por debajo de los párpados ronda esta casa. «Tris-tras», se oye cuando llora. Es más habitual oírlo que verlo, pero es normal encontrar trocitos de pelos de su bigote en rincones polvorientos o enredados en cepillos de cabello que llevan tiempo sin ser usados.

Eso es todo. Es cierto que tiene cierto encanto espeluznante, pero por siete dólares… Cuando entras en casa, la dejas en la pila de la correspondencia, junto con los extractos bancarios y las facturas por actos médicos que te dices que leerás pero que en realidad acabarás tirando a la basura el mes que viene. Ahí se quedan, olvidados —la postal, el niño con los rostros gatunos—, pero esa noche te despiertas en medio de sueños en los que oyes suaves chasquidos de tijeras y te parece sentir pelos gruesos cayendo sobre tu rostro.

El mes siguiente, el día trece, llega la segunda postal. La casa del anverso tiene dos plantas, forma cuadrada y acabado estilo Tudor. El césped está descuidado y hay una bicicleta rosa con ruedines tirada entre los setos. ¿Por qué, te preguntas, la dejaría alguien ahí justo cuando iba a sacar una foto?

Mantooth Drive 329. El fantasma de un pájaro reside en el ático; el de un ratón, en la despensa. Una chiquilla con una boca como un ramo chorreante de claveles marchitos les da caza desde las tres de la madrugada hasta el amanecer. No le gusta que la miren.

Menuda ridiculez. ¿Qué son estos textos?, ¿mensajes de Twitter reciclados? Y encima, cuando la llevas dentro para tirarla junto con la postal sobre el fantasma de los trocitos de pelos, no consigues encontrar la anterior. Dejas un momento el 329 de Mantooth Drive a fin de rebuscar por el montón de papeles, pero, cuando te das la vuelta, la nueva postal también ha desaparecido. Durante toda la noche tienes la certeza de estar oyendo arañazos dentro de los armarios y, cuando te despiertas por la mañana, percibes un ligero olor dulzón, que podrían ser flores o carne podrida, o tan solo tu imaginación.

Cancelas la suscripción a Patreon. No es que tengas miedo, por supuesto, pero no merece la pena pagar siete dólares por estas insignificancias. Ese es el motivo: no lo valen. Y cuando vas a Twitter para dejar de seguir a Gordon B. White, te encuentras con que su cuenta parece haberte bloqueado y los mensajes directos están cerrados. Bien, eso solo demuestra que estabas en lo cierto. No hay nada peor que un artista que no se interesa al menos mínimamente por sus seguidores.

Pero el mes siguiente, tan seguro como que el sol sale por la mañana, llega el día trece y con él una postal de una vieja mansión victoriana, con el exterior desvencijado; la foto está tomada desde detrás de una verja oxidada.

Continental 14. El último dueño dejó en la estantería de un vestidor tres cabezas cortadas de hombres barbudos, cada una con un aparato de radio en la boca. Jamás han emitido sonido alguno, pero en ocasiones aparecen en lugares inconvenientes, con los ojos girando de izquierda a derecha como diales. La nevera es uno de sus escondites típicos los días calurosos; los fríos, el horno.

Esta la tiras al cubo de basura del exterior, pero, incluso así, dudas antes de abrir tus electrodomésticos para preparar la cena. Así que, en lugar de eso, encargas comida tailandesa por teléfono. Mientras esperas al repartidor, te pones en contacto con el centro de ayuda de Patreon y también confirmas con la compañía de tu tarjeta de crédito que no te han llegado nuevos cargos. Llevas bastante más de un mes sin hacer contribución alguna.

Pero treinta días después:

West Cherry 1415. Esta casa no tendría ningún problema si no fuese por un peldaño de una escalera que cruje todas las noches a la una. Los niños aseguran que, si estás allí cuando el reloj da la hora, verás acercarse a la Vieja Dama Invernal. Los adultos, empero, saben que morirás.

Y así una tras otra:

Warwick 765 con su general confederado que no es capaz de encontrar ni sus botas ni sus pies, y maldice al galeno que se los cortó.

Chesham 198 con la joven doncella confeccionada a base de velos nupciales de tela de araña zurcidos entre sí, que se oculta en los armarios, porque por nada del mundo desea casarse.

Hampton 250 y la familia. La familia al completo, indivisible, moviéndose por detrás de las paredes.

Continúan llegando una tras otra tras otra, sin falta. A pesar de todos tus esfuerzos, esos malditos fantasmillas inventados se infiltran en tus sueños y arañan, gimen y merodean por las noches hasta llegar a amenazar con invadir las horas diurnas. Olor a pelo de barba tostándose cuando el horno se precalienta; en el espejo empañado del cuarto de baño, huellas corridas de labios; marcas como de patas de gato por tu edredón, pero con dedos de más, y demasiado delgados y largos. Ni siquiera has abierto el armario del dormitorio desde que dos semanas atrás caíste en la cuenta de que jamás habías tenido una sombrerera, y mucho menos esa roja con la tapa tan suelta que tiembla y susurra cuando pasan camiones grandes.

Entonces llega la postal sin sello. Ni que decir tiene que tampoco está timbrada; no hay indicación alguna de que haya sido enviada desde la lejanía segura de Seattle. Tan solo tiene una fotografía del exterior de tu casa. Ahí estás tú, con la ropa que llevabas ayer y el ceño fruncido, enmarcado por una ventana, mientras que la otra, aunque vacía, de algún modo parece rebosar maldad jubilosa. ¿Y eso es una figura?, ahí, en las sombras, en los arbustos de justo debajo…

Ya sabes…

Con dedos vigorosos, manchados de azul, abrió la ventana y entró arrastrándose. ¿Se escondería bajo la cama?, ¿en el armario de la sombrerera?, ¿en el sótano? Esperó en la oscuridad, sí, pero no estaba solo. Llevaba meses enviando por delante a sus amigos —que debían reunirse con él en este lugar—, hasta que las vigas estuvieron atestadas de fantasmas y las pesadillas crecían cual moho negro en las paredes. Ellos vivirían en esta casa. Para siempre.

Presa de la conmoción, regresas al interior de la casa y enciendes todas las luces. Y ahí está tu portátil, sobre la mesita baja del salón, donde seguro que no lo dejaste. La pantalla está apagada, a la espera.

Mientras te sientas en el sofá, las tablas del suelo se comban bajo tu peso y los nudos de la madera se abren como bocas y gimen. El ambiente está viciado; tienes las mejillas encendidas y te cuesta respirar. Te inclinas para reactivar el ordenador, pero el panel táctil está frío y grasiento, y te mancha de tinta las yemas de los dedos. Cuando miras en derredor buscando una servilleta de papel o un trapo para limpiarte la mano, jurarías haber visto un bulto en la pared que se aplana a toda prisa, como avergonzado de que lo hayan pillado. Notas el traqueteo de un camión grande que pasa por la calle y, al fondo del pasillo, en el dormitorio, alguien suelta una risita.

En el portátil, el navegador está abierto en la página del patreon de Gordon B. White, y alguien se ha desplazado por ella para resaltar la notificación de que ahora ofrece dos nuevas recompensas. Por una aportación periódica de ocho dólares, Gordon puede coger un fantasma al mes, ponerlo en una postal y mandarlo bien lejos. El espectro puede así encontrar un nuevo hogar lejos de ti. No obstante, por un pago muchísimo mayor, Gordon se encargará de golpe de todos tus fantasmas. Los pondrá en una única historia y los soltará en el mundo para que perturben a otros lectores que haya por ahí.

Mientras entras en tu cuenta de Patreon, el chasquido de tijeras, el aroma a claveles, la escalera chirriante, lo que repta bajo el suelo… todo se detiene. A la espera de que introduzcas la información de tu tarjeta de crédito.

Copyright © 2021 Gordon B. White

De la ilustración, Copyleft Pedro Belushi

Traducido del inglés por Marcheto

Anuncio publicitario
Esta entrada fue publicada en Fantasmas, Relatos, Terror, Weird y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

9 respuestas a Gordon B. White está creando perturbadores horrores weird, de Gordon B. White

  1. Consuelo Abellán dijo:

    Por un momento, pensé que hacías publi del patreon del autor🤣. Pero qué relato genial👏👏👏

    • marcheto dijo:

      El hacer propaganda me lo reservo para el día en que abra el mío propio, aunque dejaré pasar un tiempo, hasta que os olvidéis del cuento y de los peligros que entrañan los patreon. 😉 Me alegro de que te haya gustado tanto como a mí.

  2. Anónimo dijo:

    Gustándome la historia, eso que se haga publicidad de una empresa y que, además, esa empresa igual no exista dentro de 10 años, hace que esta historia sea un poco de usar y tirar. Igual, alguien dentro de 30 años la lee por primera vez y no se entera de una buena parte del micro relato. Es como si un chaval de hoy en día, lee una historia que gira, principalmente, sobre el uso correcto/incorrecto de un teléfono fijo o de una cinta de casete.

    • marcheto dijo:

      Sí, supongo que se le puede poner esa pega a la historia, pero, en mi caso, no es algo que me parezca de demasiada relevancia. Igual que si yo leo algo escrito hace 100 años seguro que me pierdo un montón de detalles y matices debido a los cambios simplemente en las costumbres y manera de vivir y ver la vida en general. De todas maneras, sospecho que, al escribirlo, Gordon B. White estaba pensando mucho más en el disfrute del lector actual que en el de un posible lector de dentro de 30 años. En cualquier caso, me alegro de que a pesar de eso te haya gustado la historia. Y mucha gracias por comentar.

  3. Patricia dijo:

    Gracias, Marcheto!! Muy buena historia! No volveremos a ver Patreon con los mismos ojos… 😉
    Saludos!!!

  4. JascNet dijo:

    Buenos días, Marcheto.
    La verdad es que he usado la plataforma siempre de forma gratuita, no tengo monedero suficiente para pagar todo lo que me gusta, y de forma muy esporádica, pero después de esta historia ya ni entro. 😅😂
    Aunque es un relato corto, está muy controlada la extensión y el ritmo de la narración para que te vayas metiendo en faena. Al final, hasta te crees las maldades de las «modernidades» tecnológicas. 😝
    Muchas gracias por facilitarnos el relato y felicidades por la traducción.
    Un abrazo.

    • marcheto dijo:

      Hola. En mi opinión, el relato está muy logrado y es francamente original, y tiene mérito que con su brevedad al final realmente consiga resultar inquietante. Eso sí, en mi caso no lo suficiente como para que haya corrido a darme de baja del par de patreons de los que soy «mecenas».
      En cualquier caso, muchas gracias por leerlo y por tu comentario.

  5. Pingback: Gordon B. White está creando perturbadores horrores weird – Gordon B. White – Swords & Blasters

Deja tu comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.