Recetas a tutiplén, de Naomi Kritzer

Naomi Kritzer es una autora estadounidense de ciencia ficción y fantasía residente en Saint Paul (Minnesota), que lleva más de veinte años escribiendo y publicando historias. Sin embargo, no fue hasta 2016 cuando su nombre pasó a ser conocido por todos los aficionados al género gracias a que su relato Fotos de gatitos, por favor (disponible en español en el número 5 de Supersonic) ganó tanto el premio Hugo como el Locus. Su reciente novela juvenil Catfishing on CatNet también ha sido merecedora de varios galardones. Pero estos son solo los dos títulos más populares dentro de una amplia obra compuesta por varias novelas y más de treinta relatos ―parte de ellos recopilados en la que es hasta el momento su única colección publicada por una editorial, Cat Pictures Please and Other Stories―, que la han convertido en uno de los nombres más destacados ahora mismo dentro del género. Si queréis conocer mejor a Naomi, pasad por el blog Fantástica Ficción, donde Leticia Lara publica hoy una interesante entrevista con ella, a la que seguirán durante esta semana varias entradas en torno a su obra. Lo que está claro es que se trata de una autora a seguir, y para facilitaros la tarea aquí tenéis un relato suyo. 😉

Recetas a tutiplén (So Much Cooking) se publicó por primera vez en la revista Clarkesworld en 2015. Fue seleccionado para la recopilación de los mejores relatos de ciencia ficción del año de Neil Clarke y es el cuento que cierra la anteriormente mencionada colección, Cat Pictures Please and Other Stories. Y permitidme que insista: se publicó en 2015. Cuando lo leáis me entenderéis. Es un cuento que, si bien en el momento de su aparición se leyó y disfrutó en clave de ciencia ficción, por desgracia está perdiendo ese componente a pasos agigantados. Se trata de una historia divertida y conmovedora, que deja un sabor agridulce, especialmente en la tesitura actual. En cualquier caso, espero que la disfrutéis. Y si os animáis a probar alguna de las recetas, ya nos contaréis.

Para terminar tan solo quiero agradecer a Naomi su amabilidad y generosidad con este blog y, por extensión, con todos los que vais a leer su estupendo cuento. Thanks a million, Naomi!

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Recetas a tutiplén

Naomi Kritzer

Pollo asado de Carole

Este es un blog gastronómico, no un blog sobre enfermedades, pero ni que decir tiene que todos esos rumores sobre la gripe aviar están consiguiendo ponerme nerviosa. No sé qué haréis vosotros, pero para controlar la ansiedad yo recurro a la cocina. Recetas a tutiplén. Aunque estoy tratando de ajustarme a mi propósito de Año Nuevo de publicar cuatro recetas saludables (platos principales, ensaladas, guarniciones…) por cada postre, y justo la semana pasada colgué la de los pasteles de limón y merengue. Así que, aunque ayer me enfrenté a mi ansiedad horneando otra tanda de esos pasteles y comiéndome como que la mitad de ellos de una sentada, hoy me niego a preparar la nueva receta que he encontrado de barritas de pacanas. ¡No! En lugar de eso vamos allá con el alucinante pollo asado de mi amiga Carole. Porque ¿qué mejor manera de enfrentarse a los miedos de la gripe aviar que comiéndose un ave?, ¿a que tengo razón?

Os cuento cómo podéis prepararlo también vosotros. En primer lugar vais a necesitar un pollo. Carole lo trocea ella misma, pero como yo soy una vaga compro en la tienda uno ya troceado. Necesitaréis un kilo de patatas como poco. Y un limón y una cabeza de ajos. También vais a necesitar una fuente de hornear bien grande. Yo utilizo una para lasaña, muy resistente, de la marca Cuisinart, pero con una normal de 30 × 20 os podéis apañar.

Cortad las patatas en dados (¡que sean patatas buenas!, de alguna variedad amarilla, o roja tal vez; en verano yo las compro en un mercadillo). Pulverizad la fuente con aceite y poned las patatas. Pelad todo el ajo (sí, ¡todo!) y distribuid los dientes enteros por encima de las patatas. Si estáis pensando, «¿tanto ajo?», fiaros de mí esta vez. Al asarlo, el ajo se suaviza y se pone meloso, y se puede comer igual que los trozos de patata. De verdad. Luego me lo agradeceréis. Por último colocad el pollo encima, con la piel hacia abajo. A mitad de cocción hay que darle la vuelta. Espolvoread un poco de orégano por encima de la carne y otro poco de sal marina, y añadid unas vueltas del molinillo de la pimienta.

Exprimid el limón (tal vez incluso dos, si el limón os encanta) y mezcladlo con 50 gr de aceite de oliva. Verted esta mezcla por encima del resto de ingredientes y mezcladlo todo con las manos, asegurándoos de que el pollo y las patatas queden bien impregnados. Luego echad un poquitín de agua por un lateral de la fuente (no queremos que el pollo se moje) para evitar que las patatas se quemen o peguen. Metedlo en el horno precalentado a 225 grados y asadlo durante una hora. Dad la vuelta a los trozos de pollo a los treinta minutos para que la piel quede churruscada y rica.

Chicos, queda de re-chu-pe-te. Yo juraría que la mitad de los días Dominic ni se entera de lo que está comiendo, pero esta plato siempre le gusta, y a mí también. Si lo preparáis con estas cantidades para dos personas, os quedarán restos para la siguiente comida. Pero nosotros hoy tenemos invitados a cenar: mi hermano, su mujer y sus hijas. Así que en realidad voy a utilizar dos pollos y dos kilos de patatas, porque los adolescentes comen mucho.

Y el pollo tiene propiedades curativas mágicas cuando se utiliza para preparar caldo, así que asado seguro que también conservará algunas. E ídem del ajo, así que a comer ajo y, sobre todo, a cuidarse.

Besitos y abrazos.

Natalie

 

Pseudogalletas con pepitas de chocolate

Pues bien, tenemos unas inesperadas huéspedes en casa, y para una buena temporada.

Mi cuñada Katrina es enfermera en el Hospital Regional. No está ni en Urgencias ni en la planta de enfermedades contagiosas, pero, seamos realistas, a ver cómo coges a un montón de virus que se transmiten por el aire y les dices que tienen prohibido entrar en Obstetricia y Ginecología. Leo y Kat tienen miedo de que, si la gripe aviar resulta ser algo gordo, Kat pueda contagiarse y llevarla a casa. Leo no tiene problema en arriesgarse, pero cuando les pregunté si preferían que las niñas pasaran una temporada conmigo, Kat dijo que sí, que los dos se quedarían mucho más tranquilos. Así que, voilà, heme aquí de anfitriona de una niña de once años y otra de trece. Monika es la de trece y Jo la de once.

Tenemos una habitación para invitados y un sofá cama. Monika se ha quedado con la habitación de invitados y Jo está en el sofá cama, aunque prometimos renegociarlo dentro de unos días si aún continúan aquí. Bueno, en realidad la cama de la habitación de invitados es de matrimonio, pero creedme, es mejor no obligar a mis sobrinas a compartir cama salvo que sea absolutamente imprescindible.

Hoy he salido a comprar para que estemos bien aprovisionados en caso de que nos apuntemos durante una temporada a lo de «cuanto menos salir de casa, mejor». Al parecer, yo no he sido la única a la que se le ha ocurrido esta idea porque, (a), las colas eran increíbles y, (b), lo he intentado en ¡cuatro tiendas! y en ninguna de las cuatro les quedaba ni rastro de leche ni de huevos. Sí que conseguí comprar un enorme paquete XXL de papel higiénico y una bolsa descomunal de comida para roedores. Por cierto, ¿he mencionado ya que Jo tiene como mascota una rata llamada Jerry Springer?, ¿que no lo había mencionado? Pues sí, mi sobrina pequeña tiene como mascota una rata llamada Jerry Springer. En realidad, la rata no estaba presente en la cena familiar, pero Dominic se ha pasado hoy a buscarla porque le ha parecido que Jo llevaría mejor todo esto si tenía a su mascota con ella.

La sección de congelados también había sido prácticamente saqueada, pero en la tienda de productos asiáticos (tienda núm. 4) adquirí varias bolsas gigantescas de arroz, amén de unos siete kilos de dumplings congelados. Pero ¿sabéis qué os digo?, que no voy a tratar de enumerar los productos con los que acabé llegando a casa porque me resulta demasiado embarazoso. Me limitaré a lo fundamental, que es: ni gota de leche y ni un solo huevo. Sí que logré comprar mantequilla, pero de una de esas marcas ecológicas y superguaisis que cuestan veinte dólares el kilo, así que me no me hacía demasiada gracia agotar nuestra reserva de mantequilla en una tanda de galletas. Y Jo se moría de ganas de comer galletas con pepitas de chocolate.

Bueno, en realidad era yo la que se moría de ganas de comer galletas con pepitas de chocolate. Pero a Jo no le costó nada reconocer que a ella también le apetecían.

En las galletas es posible sustituir los huevos por mayonesa y la mantequilla por aceite. Quedan mejor si parte del aceite se pone de sésamo (o de algún otro de frutos secos), y mira por dónde que nosotros sí que teníamos aceite de sésamo. Y también dio la casualidad de que en esas cuatro tiendas ni de lejos se les habían agotado las pepitas de chocolate.

Aquí va la receta por si también a vosotros os toca ingeniároslas para preparar unas galletas sin mantequilla ni huevos:

  • 300 gr de harina
  • 1 cucharadita de bicarbonato sódico
  • 1 cucharadita de sal
  • 225 gr de aceite vegetal (preferiblemente 2 cucharadas soperas de aceite de sésamo y el resto de algún otro aceite de sabor suave)
  • 150 gr de azúcar blanca
  • 150 gr de azúcar morena
  • 1 cucharadita de extracto de vainilla
  • 6 cucharadas soperas de mayonesa
  • 350 gr de cualquier tipo de pepitas de chocolate que tengáis por casa, o de chocolate en trocitos pequeños

Batid el azúcar con el aceite, luego añadid la mayonesa y continuad ligándolo. De verdad os prometo que las galletas quedarán bien, por asquerosa que huela y se vea la mayonesa mientras la estáis incorporando. Mezclad el bicarbonato sódico, la sal y la harina, y luego id añadiéndolos poco a poco la mezcla de la mayonesa, sin dejar de batir. Por último, incorporad las pepitas de chocolate.

Id colocando porciones redondas de masa con la ayuda de una cuchara (bueno, seguro que no hace falta que os explique cómo hacer galletas). No es necesario que engraséis la bandeja. Hornead a 190 grados unos diez minutos y, si queréis que se conserven blandas y gomosas, guardadlas en un recipiente hermético antes de que se enfríen del todo. Si os gusta que queden crujientes, ¿qué queréis que os diga?, ¿de veras estáis en vuestro sano juicio? Pero en este caso dejadlas enfriar antes de guardarlas y, de hecho, seguramente quedaréis más contentos si las guardáis en un contenedor que no sea hermético, como un tarro de galletas de toda la vida.

Le di a probar a Dominic la primera tanda y su comentario fue: «¿No habrás usado toda la mantequilla para esto, verdad?». Yo le dije que no nos estábamos quedando sin mantequilla. Sin embargo, sí que estamos a punto de quedarnos sin café. Y como pase eso yo me muero. Incluso aunque no pille la gripe aviar. Perdón, el H5N1.

Besitos y abrazos.

Natalie

Pizza casera

Y bien, ¿cómo andan las cosas por donde vosotros vivís?

Donde yo vivo (Minneapolis), hemos tenido 83 casos confirmados de H5N1. (¡¡¡)La buena noticia(!!!) es que, por lo visto, la variante que se transmite entre personas no es tan letal como lo era la anterior, que solo se transmitía de aves a humanos; ahora bien, puesto que en la anterior la tasa de letalidad era del 60 %, tampoco es que sea lo que yo considero una noticia para tirar cohetes. La mala noticia es que hay un período de incubación de cuatro días, así que esas 83 personas han contagiado a otras, y esto es solo la minúscula micropuntita de un gigantesco iceberg letal.

Es posible que donde vivís estéis oyendo hablar del «distanciamiento social», que en la mayor parte de los lugares significa: «vamos a cerrar colegios, cines y el resto de sitios donde la gente podría reunirse; organizar turnos de trabajo para minimizar las aglomeraciones, y dar instrucciones a todo el mundo para que lleve mascarillas y no se pegue demasiado a los demás cuando hacen cola». En Minneapolis ya están tan preocupados que andan diciendo que todo el que pueda quedarse en casa eso es lo que debería hacer. Dominic trabaja como informático y puede teletrabajar, así que ese es nuestro caso. Yo tenía previsto volver a salir a comprar hoy para ver si conseguía leche y huevos. Si solo hubiéramos sido Dominic y yo… incluso en ese caso no me hubiese arriesgado. Pero con Jo y Monika en casa bajo ningún concepto iba a correr el riesgo.

Para la comida he preparado una pizza casera. La misma receta que hice en diciembre justo después de que por Navidades me regalasen la piedra para hornear, aunque sin champiñones frescos. Teníamos una lata de piña en trozos y algo de salami, así que eso fue lo que pusimos por encima. Se me pasó por la cabeza probar a añadir algunas setas shitake secas, pero cuando lo pensé mejor me pareció que la textura no quedaría bien.

Ahora estamos sin gota de leche, con lo que el desayuno se ha vuelto un tanto problemático, y también se nos ha acabado el café, con lo que absolutamente todo a lo largo de mi día se ha vuelto un tanto problemático. Por suerte, todavía nos quedan algunas bolsitas de té Lipton (que guardaba para preparar té frío en verano), y eso es lo que estoy utilizando como dosis de cafeína diaria.

Entre paréntesis, que me haya quedado sin café es achacable tan solo a mi propia estupidez. Recuerdo perfectamente haber visto paquetes en la estantería de la tienda, pero con mi café soy de lo más maniática y hoy tenía previsto ir a comprarlo en grano y bien reciente a mi tienda de café habitual. ¡Ja, ja, ja! Ahora mismo incluso Nescafé o Marcilla me suenan a gloria.

Besitos y abrazos.

Natalie

Tortitas sin huevo con sirope de arándanos

En los comentarios de mi entrada anterior, alguien preguntaba por el servicio de reparto a domicilio. En Minneapolis y Saint Paul sí que sigue funcionando, pero absolutamente todas las tiendas que lo ofrecen dicen que solo está disponible para quienes ya fueran previamente clientes. Me he dado de alta una cuenta en todos los sitios que reparten, y también he hecho un pedido por Amazon de un montón de productos que se pueden enviar a casa (como más papel higiénico), y ahora estoy cruzando los dedos para que no me manden un correo diciendo que tienen todo agotado y lo han cancelado… en resumidas cuentas, que no sé si voy a tener la oportunidad de hacer próximamente algo parecido a un pedido de provisiones.

Algunos de los restaurantes de la ciudad siguen repartiendo comida a domicilio, pero yo no tengo claro cuál es mi opinión al respecto. Dominic y yo tenemos mucha suerte al contar con la opción de quedarnos en casa, lo que me hace sentir un tanto culpable; aunque, en realidad, el que yo saliera no serviría para que la gente que sí que sigue teniendo que salir —por su trabajo— corriera ni una pizca menos de peligro. Todo lo contrario. Si yo me contagiaba, sería una persona más transmitiendo el virus (incluso a mis sobrinas). En cualquier caso, Kat sí que tiene que salir porque trabaja como enfermera de partos y la gente depende de ella. Pero no sé si un repartidor de pizzas debería realmente ser considerado personal esencial.

De todas maneras, nadie reparte desayunos a domicilio (que es sobre lo que me he sentado a escribir) y nadie va a traerme leche, así que he preparado tortitas sin leche, sin huevo y sin mantequilla, y eso mismo podéis hacer vosotros. Esto es lo que vais a necesitar:

  • 250 gr de harina
  • 4 cucharaditas de levadura en polvo
  • 1 cucharadita de sal

Mezclad los ingredientes anteriores y luego añadid:

  • 100 gr de plátano bien machacado o bien de calabaza cocida triturada o bien de compota de manzana o bien de cualquier otra compota o fruta triturada que tengáis a mano. Yo utilicé plátanos porque tengo unos cuantos en la nevera.
  • 375 ml de agua
  • 1 cucharadita de extracto de vainilla
  • media cucharadita de canela
  • 100 gr de azúcar

Batidlo todo junto. Tendréis que engrasar la sartén un poco más generosamente de lo normal porque se pegan más que las tortitas que llevan mantequilla o aceite.

Se nos ha terminado el sirope de arce, pero resultó que al fondo del armario todavía nos quedaba una botella de sirope de arándanos, y con eso las acompañamos. En internet hay recetas para preparar sirope casero para tortitas, pero aún no las he probado. A Monika, el sirope de arándanos le pareció asqueroso y se las comió con azúcar y canela únicamente. A Jo le pareció bien, pero estuvo de acuerdo en que el de arce (e incluso el falso sirope de arce casero) estaría mejor. Por cierto, que conste que yo estoy con Monika.

Besitos y abrazos.

Natalie

Sopa miscelánea

Bien, antes de empezar con la receta de hoy, me preguntaba si podríais hacer un favor a una de mis amigas. Melissa es camarera y, gracias a Dios, por el momento no está enferma, pero su restaurante ha decidido cerrar hasta que todo esto pase. Así que por un lado bien, porque así no la van a despedir por faltar al trabajo, y ella está encantada de poder quedarse en casa donde no corre peligro, pero para pagar cosas como el alquiler necesita ese trabajo, lo necesita de veras. A lo que yo iba, la he convencido para que abra una campaña en GoFundMe de manera que quien lo desee pueda echarle una mano con una donación y, si pudieseis aportar aunque no fuera más que un dólar, para ella sería una gran ayuda. Además, para que el asunto os resulte un poco más tentador, si donáis algo (incluso solo un dólar), introduciré un papelito con vuestro nombre en un sombrero y al final sacaré uno, y ese afortunado seguidor del blog tendrá la oportunidad de pedirme que prepare y coma… cualquier cosa que le apetezca, y que luego lo cuente aquí. Aunque si queréis que lo haga antes del final de la pandemia tendréis que escoger una receta que pueda preparar con los ingredientes que tengo disponibles. Y justo ahora mismo acabo de ir a casa de Melissa con el coche cargado de provisiones porque ella y su hija estaban prácticamente sin comida y el Banco de Alimentos tampoco funciona ahora mismo. Así que, si estabais pensando que unas zanahorias (o algo similar) glaseadas con sirope de arándanos podían estar bien, llegáis demasiado tarde, porque Melissa es ahora la orgullosa propietaria de la botella de sirope de arándanos. Aparte de que no me quedan zanahorias.

En cualquier caso, ¡animaos a donar! Si alguna vez habéis pensado que estaría bien que lo volviera a intentar con la tarta Alaska (sí, la de helado y merengue que luego va al horno) o que experimentara guisando un salmón al lavavajillas, ¡esta es vuestra oportunidad!

Hoy he preparado sopa miscelánea, que es la sopa de toda la miscelánea de ingredientes que tienes a mano. En realidad es un plato que hago bastante a menudo, pero nunca había escrito sobre él en el blog porque no me parecía algo que a la mayoría os fuera a impresionar demasiado. Por lo general utilizo caldo (de tetrabrik, si no quiero desaprovechar el mío casero en un plato como este), restos de carne cocinada (cuando tengo), cualquier verdura que haya por la nevera y, o bien alguna legumbre en conserva, o unos fideos, o ambas cosas.

Lo que he empleado hoy:

  • 2 paquetes de fideos ramen, incluida la bolsita que viene dentro con condimentos
  • vino (todavía falta mucho para que se nos acabe; una pena que no pegue demasiado con los cereales del desayuno)
  • 225 gr de maíz tostado congelado
  • 125 gr de verduras congeladas variadas
  • 350 gr de lentejas secas
  • 225 gr de albóndigas de pavo congeladas

Calenté un litro de agua y añadí 250 ml de vino, las lentejas y la bolsita de condimentos del ramen. De mi propio especiero añadí comino y cilantro, porque me pareció que pegarían bastante bien con los otros condimentos. Cociné las lentejas en el caldo. Descongelé el maíz y las verduras variadas, y lo eché todo a la olla, y luego cociné las albóndigas en el horno porque eso es lo que la bolsa te indica que hagas. Y por último partí el bloque de ramen y lo puse en la sopa, y también añadí las albóndigas. Y esa fue toda nuestra cena.

Jo odia las lentejas y a Monika no le gustó el maíz congelado, pero, a pesar de eso, tras unas cuantas quejas se lo comieron todo. Y a Andrea y Tom les gustó.

Cierto, supongo que debería poneros al corriente de lo de Andrea y Tom.

Andrea es una amiga del colegio de Monika. Las dos tienen trece años y van al mismo curso. Monika se enteró (supongo que por un SMS) de que Andrea estaba en casa sola con su hermano, Tom, porque su madre tiene tanto miedo de poder contagiarles la gripe que ha estado durmiendo en el coche en lugar de regresar a casa. Tom solo tiene tres años. Y además se habían quedado sin nada de comida, que es por lo que Monika sacó a colación el asunto (después de que yo le llevase provisiones a Melissa).

Le dije que no faltaba más, que por supuesto que podíamos llevar a su amiga algo de comida, pero cuando comprendí que Andrea tenía a su cargo durante todo el día a un niño de tres años propuse que en lugar de eso se viniesen a nuestra casa.

Así que Monika y Jo ahora sí que están compartiendo la cama de matrimonio de la habitación de invitados, porque, lo siento, chicas, a veces «sacrificarnos juntos» implica «dormir juntas». Andrea duerme en el sofá cama y Tom está el sofá normal de dos plazas. Bueno, estuvo en el sofá anoche. Creo que hoy va a estar en los cojines del sofá, que a su vez van a estar en el suelo para que la distancia sea menor si se vuelve a caer.

Tan solo un comentario más: no era exactamente así como imaginaba mi mes de febrero. Pero al menos ninguno estamos enfermo y todavía nos queda comida.

Besitos y abrazos.

Natalie

Diez cosas que voy a hacer cuando esto acabe

Hoy hemos cenado hamburguesa y arroz. Yo no dejaba de buscar recetas y llorar, y al final ha sido Dominic quien ha terminado cocinando.

No sé por qué pero me apetece contaros todas las cosas que se nos han terminado. Como las pilas AA (he tenido que rescatar un ratón con cable del armario donde amontonamos todos los trastos electrónicos que hemos dejado de utilizar, porque el mío inalámbrico funciona con pilas AA). Detergente para lavavajillas (todavía nos queda del normal, pero no se puede emplear en el lavavajillas, así que estamos fregando todo a mano). Pero ¿os acordáis de que cuando nos quejábamos de minucias decíamos que eran «problemas del primer mundo»? Pues estos son problemas de persona sana.

Hoy nos ha llamado Leo para decirnos que Kat está enferma. Ha estado trabajando en turnos de dieciséis horas porque algunas enfermeras habían enfermado y otras se negaban a ir, y ellas sí son imprescindibles, porque los niños han seguido naciendo, porque los niños van a seguir naciendo, y punto. Y aunque todo el mundo lleva mascarilla y guantes todo el tiempo, Kat hoy tiene fiebre.

Leo dice que no va a ir al hospital porque, al fin y al cabo, en realidad no hay nada que puedan hacer por ti, y más ahora con lo saturados que están. Se va a quedar en casa bebiendo líquidos y tratando de pertenecer a ese 68 % que ha estado saliendo adelante.

Pues sí, no era esto lo que os iba a contar cuando me he sentado a escribir. Os iba a contar todas las cosas que estoy deseando poder hacer cuando todo esto se pase, pero supongo que lo que en realidad quiero decir es que las diez cosas que más me apetece hacer cuando todo esto se pase son diez muffins de sabores distintos para Kat, porque a Kat le encantan mis muffins, y si sois de los que rezan o transmiten pensamientos curativos o cualquier otra cosa por el estilo, por favor, acordaos de Kat.

Todavía estáis a tiempo de hacer un donativo para Melissa y obligarme a preparar lo que elijáis. Aunque, ahora sí, hablando en serio, tendréis que esperar hasta que esto acabe porque ya no me queda gran cosa en casa.

Batido de col kale (va a ser que no)

Queridos chiflados que leéis mi blog:

Sé (bueno, estoy casi segura) que estáis tratando de ayudar.

Pero decirme que lo único que mi cuñada (¡la madre de mis sobrinas!) tiene que hacer para curarse es beber batidos de col kale con una buena cucharada de hierba de trigo y el resto de ingredientes que hay que poner en vuestro Tónico Inmunizador Mágico… ¡eso no me resulta de ninguna ayuda! Para empezar, Kat tiene una enfermedad con un índice de mortalidad del 32 %. Y para continuar, incluso si la col kale o el alga kelp o lo que sea realmente fuese mágico… ¿seguro que habéis estado leyendo mi blog? Ahora mismo, la mitad de nuestras comidas consisten en arroz aliñado con aceite de oliva aromatizado. Hoy hemos añadido unos Corn Flakes, en parte porque aportaban una textura distinta, pero en parte, simplemente, porque así podíamos gastar menos arroz, dado que estamos empezando a temernos que también se nos pueda acabar.

Lo tengo igual de fácil para preparar un batido de kale para Kat que para sacarme de la manga una puta gallina vivita y cloqueando y usarla para cocinarle un caldito.

Otra cosa, este es un blog gastronómico, no un blog sobre teorías conspiratorias. Si queréis convencer a la gente de que el gobierno nos está infectando adrede a todos con algún objetivo nefando, iros a convencerla a otro lado.

Ni besos ni abrazos.

Natalie

Estofado de conejo

En nuestro jardín viven conejos. Os juro que hay unos seis. A ellos se debe que no pueda cultivar lechugas en el huerto (bueno, a ellos y al hecho de que prefiero dedicar el espacio a los tomates).

Estoy casi segura de que con lo que tengo por casa podría montar una trampa, y el conejo está sabrosísimo.

A favor:

¡Carne fresca!

En contra:

Dominic cree que no es descartable que al comer carne de conejo pudiésemos pillar la gripe (aunque a mí me parece que está paranoico, y que siempre que lo someta a una cocción prolongada no debería pasarnos nada; podría estofarlo con vino).

No tengo ni la más remota idea de cómo desollar y limpiar un conejo, pero dispongo de cuchillos afilados e internet, y soy una persona de abundantes recursos.

Jo está horrorizada ante la idea de que nos comamos un conejito.

Seguramente atraparíamos uno como máximo, y un conejo repartido entre todos los que somos no toca a mucho conejo.

Ahora somos incluso más, porque hemos incorporado a otro crío (adelante, no os cortéis con los chistes del flautista de Hamelin o de viejas locas que van recogiendo gatos; aquí ya estamos haciendo todos los chistes habidos y por haber porque es la única manera que me queda de descargar la tensión). Arie tiene doce años, y estuvo en un tris de ser devuelto a su apartamento gélido y vacío cuando propuso que nos zampásemos la rata de Jo. Si solo hubiera estado sin comida, podíamos haberlo mandado de vuelta a su casa con provisiones, pero también está sin calefacción, el casero no contesta al teléfono, estamos en febrero y vivimos en Minnesota.

Arie es primo de Andrea. A ver, un momento, me corrijo. Puede que lo que sea es amigo de su primo. ¿Sabéis qué?, que cuando oí «doce» y «sin calefacción» ya no hice demasiadas preguntas.

Besitos y abrazos.

Natalie

Este ya no es un blog gastronómico

Este es un blog sobre el tedio y el aislamiento.

Además de una manera de descargar mi estrés. Por lo general, para eso recurro a la cocina. Pero ahora mismo nos falta algún ingrediente imprescindible del 85 % de las recetas que encuentro, y también todos (o casi) sus sustitutos habituales, y está empezando a preocuparme la posibilidad de que lleguemos incluso a quedarnos sin nada de comida. He estado dándole vueltas a la idea de probar a obtener harina mediante ingeniería inversa, triturando copos de All-Bran en mi robot de cocina, como si yo fuese una especie de versión de muy alta tecnología de la Laura Ingalls que molía granos de trigo en un molinillo de café en La casa de la pradera.

Vivo en una casita pequeña y muy mona, que para Dominic y para mí resulta bastante espaciosa. Para Dominic, para mí y para cinco críos de edades comprendidas entre los tres y los trece años está empezando a resultar un tanto agobiante. Monika trajo un portátil, y ella, Arie y Andrea se turnan para utilizarlo (Jo casi no pide usarlo, tan solo lanza suspiros de mártir y dice que por supuesto que no le importa, que claro que comprende por qué los niños mayores acaparan el ordenador). Estamos hechos unos grandes expertos en las películas que ofrecen todas las plataformas online de streaming, pero el problema es que, cuando son apropiadas para Tom, entonces no interesan demasiado a los mayores. Sí que encontramos unos cuantos musicales del año de la pera que todo el mundo era capaz de tolerar, pero ahora Tom quiere verlos una y otra vez y Andrea dice que como tenga que oír de nuevo a la institutriz de los Trapp con su «el duuuuulce cantaaaaar que susurra el mooooonteeeee» igual le da por agarrar un ladrillo y hacer añicos la tele.

Tenemos jardín trasero y, en cuanto a posibilidades de contagio de gripe, jugar en él resulta bastante seguro; pero estamos en febrero, en Minnesota y en plena ola de frío, como ayer por la mañana, cuando la sensación térmica era de –34°. Por cierto, una buena noticia: las temperaturas bajas podrían frenar la propagación del virus.

De modo que esto es lo que hemos hecho hoy: en el sótano tenía material de manualidades (pinturas y pinceles), así que hemos separado de la pared todos los muebles del salón y les he dejado pintar un mural. Otra buena noticia: esto los ha mantenido ocupados y tranquilos toda la tarde. Otra noticia incluso mejor: todavía no han terminado.

Besitos y abrazos.

Natalie

Pastel de cumpleaños de tortitas

Hoy es el cumpleaños de Jo y casi se nos pasa a todos. En parte porque ella daba por hecho que todo el mundo tenía cosas más importantes en la cabeza y no pensaba mencionarlo. Y ha tenido que ser la buena y picajosa de Monika la que con sus trece añitos se haya acordado.

Al principio he creído que no íbamos a poder prepararle un pastel (a menos que por fin consiguiera dar con una manera de convertir copos de cereales en harina utilizable, y probablemente ni siquiera así). Pero… cuando ayer anduve revolviendo por el sótano a la búsqueda de las pinturas me encontré una caja pequeña de preparado para tortitas (de ese que solo hay que añadir agua), que estaba con nuestro equipo de camping. De haberme acordado antes, sin duda ya la habría empleado para algún desayuno, así que menos mal que se me había olvidado. También nos quedaba todavía un paquete de preparado para flan de caramelo, sin utilizar dado que preparar flan sin leche es por completo imposible.

Los otros críos dejaron de pintar mural un rato para dedicarse a confeccionar adornos utilizando papel de impresora, tijeras y bolígrafos (hicieron una guirnalda de papel con forma de cadena).

Creo que tiene que existir una manera de convertir el preparado para tortitas en un pastel como es debido, pero todos los métodos que encontré en internet requerían ingredientes de los que carecía. Así que terminé haciendo tortitas con el preparado, y luego las convertí en un pastel con un baño de caramelo entre capa y capa (para el baño de caramelo empleé aceite, mantequilla derretida —todavía nos quedaba una poca— y el flan de caramelo en polvo).

Y clavamos dos velas votivas y cantamos.

Y Jo sí que tuvo regalos, a pesar de mi despiste. El correo sigue llegando (algunos días) y su padre se había acordado. A última hora llegó una enorme caja llena de obsequios adquiridos por internet, con una tarjeta firmada («Besos de mamá y papá») que la hizo llorar.

Mi hermano nos ha estado manteniendo al corriente sobre la evolución de Kat, pero como las noticias no eran demasiado buenas no las he ido comentando aquí. Supongo que nos limitamos a tratar de seguir tirando. Y para tratar de seguir tirando hoy había que celebrar el cumpleaños de Jo.

Como en Navidad

Chicos, ¡chicos!, ¡van a traernos un pedido de comida!, ¡de cosas de comer! Tal vez debería rebobinar y explicarlo. El Cuerpo Especial de Gestión de la Epidemia de nuestra ciudad ha concertado con las tiendas de ultramarinos con reparto a domicilio la contratación de un montón más de gente (sobre todo personas como Melissa, que trabajan en lugares que ahora mismo están cerrados), y los establecimientos ahora cuentan con personal suficiente para entregar repartos en prácticamente cualquier zona. A cada casa le han asignado una tienda y, como aquí vivimos ocho (esto, ¿había mencionado que Arie también tenía un amigo que necesitaba un lugar donde pasar la cuarentena?; ahora sí que estamos hasta la bandera, en serio: decir que la situación en lo relativo al cuarto de baño es crítica es quedarse corto, y hemos estado haciendo turnos rotatorios para dormir en el suelo) podemos comprar comida por un importe de hasta 560 dólares, que debería llegar de aquí a pocos días. Hemos recibido instrucciones de no salir a recibir al repartidor: él dejará el pedido en la puerta y se marchará.

Ni que decir tiene que el problema es que en las tiendas tienen prácticamente todo agotado. Como Minneapolis es uno de los focos, un montón de transportistas no quieren acercarse por aquí, y además, como en California todo anda manga por hombro, la mayor parte de la producción ni sale de ese estado, así que los alimentos frescos de cualquier tipo brillan por su ausencia. Pude encargar melocotones congelados (aunque quién sabe si llegarán a traerlos). Por descontado que no tenían ni leche ni huevos, pero sí que contaban con existencias de leche de almendra, así que pedí porque al menos puede utilizarse para repostería. También me avisaron de que si se les agotaba algún producto se limitarían a sustituirlo por otro, o sea que ¡sorpresa, sorpresa!, ¿lo veis?, va a ser exactamente igual que en Navidad, cuando le entregas a tu madre la lista de los regalos que quieres y, con suerte, resulta que bajo el árbol incluso encuentras algo de lo que habías incluido en la misma.

Sí que les escribí una nota en la que les decía que por favor, por favor, ¡por favor!, se asegurasen de que o bien me mandaban café o bien alguna otra cosa, lo que fuera, con cafeína. Si tengo que beber Red Bull para desayunar, lo beberé. Sé lo que me digo: teníamos una Coca-Cola de dos litros y la he estado racionando; se está esbafando pero me da igual. Bueno, no me da igual, pero me dan menos igual los dolores de cabeza que padezco cuando se me priva de mi dosis matinal de cafeína.

Algunos os habéis interesado por Kat. Ahí sigue, aguantando, y Leo no ha enfermado. Gracias por preguntar.

También ha habido quien ha preguntado por los conejos. Por el momento aún no he asesinado a ningún espécimen de la fauna silvestre local, porque es posible que yo sea un tanto remilgada, y Dominic lo es, sin ninguna duda.

Besitos y abrazos.

Natalie

Bocaditos de Krispies

Esto es lo que llegó en la caja de la tienda de ultramarinos. Además de unos cuantos productos bastante útiles (como carne, aceite, preparado para tortitas, etcétera), recibimos:

  • 12 latas de leche de coco
  • 1 paquete enorme de café molido envasado al vacío de una marca desconocida. GRACIAS, SEÑOR
  • 3 paquetes de minijamones (sección chucherías, no charcutería; creo que en otros sitios los llamáis nubes, esponjitas o incluso bombones)
  • 2 envases grandes de mantequilla vegetal
  • 1 paquete gigantesco de papel higiénico. GRACIAS, SEÑOR. No voy entrar en detalles sobre con qué lo estábamos supliendo.
  • 1 paquete pequeño de pilas AA
  • Una bolsa surtida de minichocolatinas, de esas chiquititas que se reparten a los críos la noche de Halloween
  • 14 cajitas de gelatina
  • 1 bolsa absolutamente descomunal de cereales para el desayuno de arroz inflado, de esos que son una copia de los Rice Krispies de Kellogg’s.

La mayoría no eran productos que hubiéramos pedido. En unos pocos casos pude deducir a cuál sustituían. Quería harina, me llegó preparado para tortitas (no está mal). Quería pepitas de chocolate, me llegaron las minichocolatinas (tampoco está mal). Pedí concentrado de zumo de uva porque llevamos días y días sin nada parecido a la fruta y, aunque en teoría aún es demasiado pronto para que tengamos escorbuto (lo he buscado), tengo un mono tremendo de cosas tipo zanahorias, y pensé que un poco de zumo de fruta me ayudaría. Creo que la leche de coco remplazaba a la de almendra.

Ni idea de por qué recibí el arroz inflado. No pedí cereales. Incluso nos quedan todavía. Pero bueno. También nos mandaron los jamones y la mantequilla vegetal (aunque mantequilla de verdad, no) así que ha llegado el momento de preparar… lo sabéis, ¿verdad? Exacto: BOCADITOS DE KRISPIES.

De pequeña los hice una vez sin microondas, y dejadme que os diga una cosa: si no se tiene micro dan un montonazo de trabajo. Hay que estar ahí de pie, dando vueltas a los jamones a fuego bajo durante lo que se te hace como si fueran dos horas. Todavía hay recetas que dan las instrucciones para prepararlos en un fuego de la cocina, pero os recomiendo de corazón que en este caso empleéis el micro.

Lo que vais a necesitar:

  • 45 gr de mantequilla (o margarina o mantequilla vegetal o, sí, incluso aceite de oliva extravirgen; pero lo que desaconsejo emplear es aceite de oliva extravirgen aromatizado con ajo)
  • 1 bolsa de 250 gr de jamones o 4 tazas de minijamones
  • 6 tazas de arroz inflado (o Corn Flakes o Cheerios o cualquier cereal que tengáis a mano; ahora bien, si decidís emplear All-Bran o copos de salvado no me responsabilizo de lo que salga)

Poned la mantequilla y los jamones en un cuenco apto para microondas. Calentadlo a máxima potencia durante dos minutos. Dad vueltas. Calentadlo a máxima potencia otro minuto. Dad vueltas hasta que ya no queden grumos. Añadid los cereales. Dad vueltas hasta que se mezcle todo bien.

Pulverizad con aceite una fuente de 30 × 20 y extended la mezcla. Como es lógico, es superpegajosa, y conviene envolverse la mano con papel de horno o utilizar una espátula untada con aceite, o a lo mejor basta con embadurnarse la mano de mantequilla, pero tened cuidado no os vayáis a quemar. Dejad que se enfríe y luego cortadla en cuadrados.

Dominic entró cuando estaba extendiendo la pasta en la fuente y me preguntó que qué estaba haciendo.

Yo le dije: «Estoy preparando coq au vin, imbécil».

Y él dijo: «Así cómo vamos a poder comer luego nada de provecho».

Teníais que haber estado aquí…

Nuestra cena esta noche ha consistido en filetes diminutos y bocaditos de Krispies. «Y hubo gran júbilo en aquella ciudad».

Besitos y abrazos.

Natalie

Katrina Jane, 5 de marzo de 1975 – 20 de febrero de 2018

Hoy no tengo ninguna receta. Lo siento.

Mi hermano estaba tosiendo cuando ha llamado para comunicarnos la mala nueva, pero ha dicho que no estaba enfermo, que no tenía fiebre y estaba convencido de no haber pillado la gripe de Kat.

Gracias a todos por vuestras oraciones y buenos deseos. Sé que sois más los que estáis llorando la pérdida de algún ser querido, así que sabed que os tengo presentes en mis pensamientos igual que vosotros me tenéis a mí.

 

Aun así hay que comer

Leo ha hecho incinerar a Kat, pero va a esperar para celebrar el funeral hasta que todos podamos asistir, incluidas sus hijas. Monika estaba furiosa e insistía en que quería un entierro en condiciones y en que quería ir, y consideraba que se tenía que celebrar esta semana como es la costumbre, y naturalmente que eso no es posible. En realidad no pueden impedir que nos reunamos, pero no hay ninguna iglesia ni tanatorio ni sitio alguno que vaya a permitir poner sillas plegables y tener a un montón de gente sentada junta pronunciando panegíricos.

A la postre logramos calmar a Monika celebrando nuestras propias exequias, con tanta parafernalia funeraria como nos resultó posible reunir. Preparamos arreglos florales deshaciendo la corona de lavanda seca que yo tenía en la cocina. Todos nos vestimos de negro, aunque eso obligó a que la mayoría de los niños tuvieran que tomar prestadas prendas de mi armario. Luego pusimos sillas plegables en el salón y Dominic se encargó de oficiar el funeral.

Monika quería haber pronunciado un panegírico, pero estaba llorando demasiado. No obstante, como lo tenía escrito, Arie lo leyó por ella. Lo he guardado por si quiere leerlo en el funeral de verdad. Aunque, bueno, a lo mejor para ella este siempre será el funeral de verdad. Pero habrá otro, uno público, cuando la epidemia se acabe.

Aquí, en Minnesota, después de un funeral se acostumbra a celebrar un almuerzo en el sótano de la iglesia y suele haber un plato que se llama macedonia ambrosía (no he asistido a demasiados funerales fuera de Minnesota, así que no sé si a lo mejor también lo tenéis en otros estados; suele llevar piña, coco, minijamones y nata). Me faltaban algunos ingredientes, pero tenía gelatina, minijamones e incluso un tarro de nata vegetal congelada; utilicé un bote de mandarina en lugar de piña triturada, lo mezclé todo y quedó bastante bien. A mediodía comimos macedonia ambrosía y salchichas de las que se suelen tomar en el desayuno (no sé por qué me enviaron tantos paquetes de salchichas de estas, pero es comida y le gustan a todo el mundo, así que las hemos estado tomando casi todos los días, aunque rara vez en el desayuno).

Monika preguntó si podía guardarse su ración de macedonia ambrosía en la nevera para el día siguiente, porque le gusta a rabiar pero justo entonces no le apetecía, y no quería que nadie se la comiese (una inquietud legítima). La metí en un envase y escribí en la tapa con un rotulador: «ESTO PERTENECE A MONIKA. PROHIBIDO TOCARLO, SO PENA DE SER ARROJADO A LA RATA PARA QUE LO DEVORE», lo que la hizo soltar una risita. Supongo que eso es bueno.

Jo asistió al funeral y se comió su almuerzo sin proferir palabra. Da la sensación de que no se lo acaba de creer.

Sopa de piedra

Arie me ha informado hoy de que la receta a la que yo llamo «sopa miscelánea» en realidad se llama «sopa de piedra», por un cuento popular en el que tres forasteros hambrientos consiguen engatusar a unos aldeanos y comer a su costa. En el cuento, los visitantes anuncian que van a preparar sopa para todo el pueblo utilizando como único ingrediente una piedra y, cuando la curiosidad empuja a los lugareños a acudir a ver lo que andan haciendo, los forasteros dicen que la sopa quedaría mejor con una o dos zanahorias… y una cebolla… y tal vez algunas patatas… y unas pocas alubias… y un aldeano lleva patatas, otro una cebolla y, al final, acaban teniendo una olla de sabrosa sopa para todos.

He empezado a objetar que yo no estaba engatusando a nadie, que todos los ingredientes ya estaban en mi despensa, pero entonces he caído en la cuenta de que ahí no solo tenía una cena, sino también una… actividad; y me he llevado a todos los niños a la cocina y han representado el cuento con Tom, el pequeñín, en el papel de desconocido hambriento, tratando primero de que todo el mundo contribuyese a la sopa y echando luego los ingredientes en la olla.

A continuación todos han preparado galletas, conmigo supervisándolos, empleando mayonesa en lugar de huevos y troceando minichocolatinas para utilizarlas como pepitas.

Hoy hemos tenido un día soleado —frío, pero con mucho sol—, así que hemos extendido el mantel para picnics y hemos comido en el salón: sopa de piedra y galletas con pepitas de chocolate; y todos hemos ido contando qué es lo que soñábamos con poder hacer cuando esto se acabara. Monika ha dicho que quería darse una ducha de una hora (hay un límite de siete minutos por persona, porque si no el agua caliente se acaba). Dominic ha dicho que quería ir a la biblioteca. Yo, que quería preparar un soufflé de chocolate. Todo el mundo ha protestado y ha dicho que tenía que ser algo que no fuese cocinar, así que he dicho que quería ir a ver una película al cine, una de risa, y comer palomitas.

Mañana es uno de marzo.

 

Hidratación

Dominic está enfermo. No es gripe. Me refiero a que no puede serlo; no hemos salido de casa. El único objetivo de todo este encierro ha sido evitar absolutamente cualquier exposición al virus. Tampoco puede ser cualquier otra enfermedad contagiosa. Al principio creímos que seguramente sería una intoxicación alimentaria, pero nadie más está enfermo y todos hemos estado comiendo lo mismo. Según el doctor Google, que hay que reconocer que es una especie de especialista en ponerse en lo peor, es diverticulitis o apendicitis. O un cálculo renal.

Como es lógico, acudir al médico queda descartado, pero sí que hemos realizado una consulta telefónica. El doctor con el que hemos hablado ha dicho que sí, que podía ser cualquiera de esas tres posibilidades, y se ha ofrecido a recetarnos Augmentine si lográbamos dar con una farmacia con existencias. El problema es que, aunque el H5N1 es un virus y por lo tanto los antibióticos no sirven de nada, hay un montón de gente que no se lo creyó y algunos médicos recetan cualquier cosa que se les pide; conclusión: en todas las farmacias de la ciudad se les ha agotado prácticamente todo. Aparte de que unas cuantas fueron atracadas, aunque sobre todo por los analgésicos. Lo que quiero decir es que la situación de las farmacias es tan caótica como la de todo lo demás.

No voy a darme por vencida, porque aparte de las farmacias que han cogido el teléfono y han dicho que se les había agotado ha habido un montón que ni siquiera han contestado. Voy a continuar intentándolo. Entretanto, mantenemos a Dominic hidratado y confiamos en que se recupere. Yo siempre tengo un par de botellas de suero oral en casa, porque cuando estás vomitando lo último que te apetece es coger el coche para ir a comprar, y ese mejunje es lo suficientemente asqueroso como para que nadie haya tratado de convencerme de que lo abriera como postre. Así que lo he metido en la nevera y Dominic está esforzándose por darle sorbitos.

Si se trata de un cálculo renal, el Augmentine no hará de nada, pero Dominic terminará expulsándolo y se recuperará, aunque en el ínterin las va a pasar canutas (ojalá tuviéramos algún analgésico más fuerte que el Gelocatil; a nadie le queda Nolotil ahora mismo, de veras, ni a una sola farmacia). Si es apendicitis, hay un 75 % de posibilidades de que el Augmentine lo cure (¡esto es nuevo!, bueno, me refiero a que este dato es nuevo: se ha realizado un estudio sobre el tratamiento de la apendicitis con antibióticos y el 75 % de los casos son de un tipo en el que no se produce perforación del apéndice ¡y se pueden tratar con antibióticos!, y si te realizan una tomografía te pueden decir si el tuyo es de esos, aunque bueno…). Si es diverticulitis y tolera los líquidos, los antibióticos deberían irle bien. Si la diverticulitis es de las malas y no tolera los líquidos, en circunstancias normales lo hospitalizarían para administrarle antibióticos por vía intravenosa y a lo mejor operar. Pero estamos en las mismas: tampoco contamos con esta una opción.

Ah, también podría ser cáncer (¡gracias, doctor Google!), en cuyo caso no tiene sentido preocuparse hasta que la epidemia se acabe.

 

Crema de Augmentine

He recibido un correo de alguien que tiene Augmentine y que se ofrece a vendérmelo. O que dice tener Augmentine. Supongo que tendré que fiarme, lo que tal vez sea una decisión discutible. Quiere 1000 dólares por un frasco, en efectivo. Dominic se ha escandalizado de que siquiera esté considerando la oferta. Le ha parecido una estafa y cree que tan solo están tratando de robarme el dinero.

Por suerte también he conseguido hablar con una farmacia que todavía dispone de existencias, un establecimiento pequeño de barrio, de los que no solo despachan medicinas sino también bebidas, prensa y demás. El médico de Dominic ha llamado para proporcionarles los datos de la receta, yo les he dado por teléfono mi número de tarjeta de crédito y ellos mismos nos lo han traído. Cuando estaba con ellos al aparato me han dicho qué otros productos les quedaban, y además del Augmentine hemos recibido pasta de dientes y un gran montón de revistas del mes pasado. Un saludo para La Farmacia de la Esquina de Saint Paul: a partir de ahora y durante el resto de nuestras vidas todas nuestras medicinas os las vamos a comprar a vosotros.

Yo confiaba en que Dominic mejorase de inmediato —al menos un poco— en cuanto comenzara con el Augmentine, pero en lugar de eso está empeorando.

Es posible que se trate tan solo de una reacción al Augmentine. No da tantos problemas como otros antibióticos, pero perfectamente te puede sentar mal, lo que es contraproducente cuando tus principales síntomas son los vómitos y el dolor de estómago.

Yo tuve apendicitis de adolescente. Me pasé un día devolviendo y, cuando mi madre vio que empeoraba en lugar mejorar, me llevó a urgencias. Terminaron operándome. Tras la intervención me tuvieron una temporada en el hospital a base de líquidos claros —únicamente caldo, gelatina e infusiones—, dieta de la que ya estaba hasta las narices cuando aún no me permitían comer alimentos sólidos. Mi madre me traía de tapadillo en un termo caldo de gallina preparado por ella, que no dejaba de ser un líquido claro, pero que al menos era casero, del que cura.

Como ya he dicho alguna vez en broma, si pudiera sacarme de la manga una puta gallina vivita y cloqueando, ya mismo le retorcería el pescuezo y prepararía con ella un poco de caldo para Dominic. No tolera nada, no sé si lo había dicho ya. Nada de nada. Aunque tampoco es que tenga otra cosa que pueda darle, aparte del suero.

Voy a tratar de cazar un conejo.

 

Caldo de conejo

Chicos, lo de que en internet es posible encontrar instrucciones para prácticamente todo es cierto. Vale, nunca he mirado si en YouTube hay algún vídeo sobre cómo cometer el asesinato perfecto, ahora bien, sobre cómo cazar animales… Bueno, entre otras posibilidades, resulta que lo de la caja apoyada en un palo con un cebo debajo que siempre sale en los dibujos animados es algo perfectamente factible; pero entonces te encuentras con un animal vivo y, si tu intención es comerlo, todavía te falta matarlo. Yo terminé preparando un cepo de alambre siguiendo las instrucciones que encontré en internet con la esperanza de que el cepo se encargase de hacer el trabajo sucio por mí. Y así fue. Más o menos. Os ahorraré los detalles. Tan solo voy a decir que los conejos sí chillan.

En internet también se pueden encontrar instrucciones para desollar y limpiar un conejo. Yo utilicé mis tijeras de cocina para parte del proceso, y trabajé fuera para que Jo no tuviera que verlo. A propósito, mi jardín trasero ahora se asemeja al escenario de un crimen, y cuando terminé tenía los dedos tan fríos que ni los sentía. Tengo la sensación de que debería utilizar la piel para algo, pero no creo que la taxidermia casera sea el tipo de manualidad más apropiada para mantener entretenida y tranquila a una caterva de preadolescentes. Por cierto, ahora mismo están leyendo de principio a fin todas las revistas que nos llegaron con el Augmentine, y yo estoy fingiendo no darme cuenta de que una de ellas es Cosmopolitan.

Ya de nuevo en la cocina doré el conejo en el horno, puesto que con los restos de un pollo asado el caldo queda mucho más sabroso que cuando se utiliza pollo crudo sin más, y luego puse el agua justa para cubrirlo y lo herví a fuego lento durante seis horas. El caldo quedaría bastante mejor si tuviera una cebolla o unas zanahorias, o incluso unas mondas de cebolla o zanahoria, pero habrá que conformarse. Cuando la carne se soltó de los huesos la saqué, troceé y guardé en la nevera para más adelante; continué hirviendo los huesos un rato más y luego añadí una pizca de sal.

A propósito, el secreto de un buen caldo es poner el agua justa para que cubra los huesos, no más, y cocinarlo a baja temperatura durante mucho tiempo. Así que al final no quedaba demasiado caldo, solo una taza grande hasta arriba.

Los niños han estado haciendo vida en el piso de abajo para tratar de no molestar a Dominic. Anoche, Jo y Monika prepararon la cena para los demás (arroz y salchichas de desayuno), para que yo pudiese ocuparme de él. Pero vi cómo me miraba Jo cuando subí la taza de caldo.

Ahora mismo, el olor en la habitación no es demasiado agradable: a sudor, vómito y limpiador con aroma a pepino. Hace demasiado frío para abrir las ventanas, ni siquiera un momento.

Dominic no quería caldo. Lo había estado obligando a dar sorbitos al suero, pero vomitaba la mayor parte y estaba deshidratado. Coloqué un taburete junto a la cama, me senté con una cuchara y le dije que tenía que tomar una cucharada. Así que tragó una cucharada y yo esperé para ver si se quedaba dentro o volvía a salir. Se quedó dentro.

Dos minutos más tarde le di otra cucharada, que también se quedó dentro.

Por cierto, así es como se rehidrata a los niños pequeños: una cucharadita cada dos minutos. Se tarda un buen rato en meter una taza en el cuerpo de alguien cuando vas cucharadita a cucharadita, pero la taza terminó por quedarse vacía. Y el Augmentine también se quedó dentro.

Bajé y coloqué otro cepo en el jardín trasero.

 

Un postre pecaminoso y sofisticado

Gracias a todos los que donasteis dinero para ayudar a Melissa. Introduje todos los nombres en el sombrero y saqué el de Jessie, de Boston (Massachusetts), que dice que no quiere que espere hasta que todo haya pasado, que quiere una receta ya mismo. Y su petición ha sido: «Prepara un postre pecaminoso y sofisticado. Con lo que tengas, pero que sea superpecaminoso y sofisticado». Y hoy Dominic ya está lo bastante recuperado como para que pueda poder pecar un poco sin lamentarlo terriblemente diez minutos más tarde, así que manos a la obra.

Seguimos sin leche, sin nata y sin huevos. Y gasté la nata vegetal congelada en la macedonia ambrosía y los minijamones en los bocaditos de Krispies (que de sofisticados no es que tengan demasiado).

Pero… hablemos de la leche de coco. Si abrís una lata de leche de coco sin agitarla antes, os encontraréis una sustancia pastosa casi sólida pegada por la pared de la lata: es nata de coco. Si se enfría y bate se convierte en algo parecido a la nata montada. Retiramos la nata de coco de tres de las latas y la enfriamos.

No tenía cacao en polvo, porque lo habíamos gastado todo hace unos días en un intento no tremendamente exitoso de preparar chocolate a la taza, pero sí que todavía me quedaban algunas minichocolatinas, así que derretí las de chocolate negro y las enfrié y aclaré con unas gotitas de la leche de coco que tenía reservada. No es que fuera mucho chocolate (para vuestra información: lograr que a fecha de hoy aún quedase alguna chocolatina ha sido toda una batalla), pero menos da una piedra.

Entonces batí la nata de coco hasta que estuvo bien espesa y consistente, y luego incorporé y mezclé el chocolate negro y una pizca más de azúcar, con lo que aquello se convirtió en una mousse de chocolate y coco.

Cuando de postres sofisticados se trata, la presentación es vital. Utilizamos unas tazas preciosas heredadas de mi tatarabuela: repartí la mousse de chocolate y coco entre ocho de ellas y luego cogí las últimas minichocolatinas, las de chocolate con leche, y las rallé con un pequeño rallador de mano para adornar la mousse con virutas de chocolate. Con los adornos para tartas tenía guardados unos fideos de azúcar de un brillante morado, así que puse un pellizquín encima de cada taza. Y abrí una de las latas de mandarina y cada taza tuvo derecho a dos gajitos.

Y até un lazo en el asa de cada taza.

Después pusimos la mesa, vestida con un mantel y con la bonita vajilla de porcelana, y nos comimos nuestra sopa de piedra del día a la luz de las velas; luego saqué la mousse y todos devoraron la suya y lamieron la taza.

Algunos días cuesta imaginar que esto vaya a terminar, que en algún momento las cosas vayan a volver siquiera a la normalidad. Cuando todo el mundo se está metiendo con todo el mundo, tengo la sensación de llevar toda la vida rodeada por media docena de niños riñendo, y de que esto mismo es lo que me espera el resto de mis días. Cuando te hallas inmerso en el dolor cuesta imaginar que la primavera vaya a acabar llegando.

Pero Dominic se ha recuperado y Leo no enfermó. Y mientras ataba los lazos en las asas, lo supe: todo esto se acabará. Sobreviviremos y todos regresarán a casa. «Voy a echarlos de menos», pensé, a esta caterva de hijos de otras personas que he metido con calzador en mi hogar.

Cuando terminó su mousse, Jo preguntó si podía quedarse el lazo.

Le dije que por supuesto que sí. Y entonces ella y Monika empezaron a discutir (¡cómo no!) porque Jo también quería quedarse el lazo de Monika, y supongo que, en pocas palabras, ese fue nuestro día.

Besitos y abrazos.

Natalie

Copyright © 2015 Naomi Kritzer

De la ilustración, Copyleft Pedro Belushi

Traducido del inglés por Marcheto

Esta entrada fue publicada en Ciencia Ficción, Relatos y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

12 respuestas a Recetas a tutiplén, de Naomi Kritzer

  1. Pingback: Entrevista a Naomi Kritzer – Fantástica – Ficción

  2. librosx libre dijo:

    No pude parar de leerlo… soy un sesentón resabiado y se me humedecieron los ojos.
    Un relato de anticipación pura y dura, y además, bastante cumplido.

    • marcheto dijo:

      Cuando yo lo leí hace cinco años te puedo asegurar que la experiencia fue totalmente distinta a la que tuve al releerlo hace unos meses, en pleno confinamiento. Es una pena por que así es, se ha cumplido con creces. En cualquier caso, me alegro de que te haya gustado y emocionado.

  3. Pingback: Cinco relatos para empezar a leer a Naomi Kritzer por Elías Combarro – Fantástica – Ficción

  4. Justo acabo de leerlo. Que gozada y que miedo a la vez.

  5. Jose Carlos Benitez Soto dijo:

    Estremecedor relato, que parece un diario de la cuarentena, y te da mas miedo todavía saber que fue escrito hace 5 años. Por suerte los suministros no se llegaron a acabar, pero aun no sabemos a donde nos llevará esta segunda ola.

    El otro día viendo en un aseo un cartel informativo de como lavarse las manos por el COVID, recordé que no hace tanto puse carteles similares sobre las recomendaciones de la gripe A, y eran iguales.

    Esperemos que pase pronto todo este drama, 1 saludo y sigue asi.

    • marcheto dijo:

      Realmente los relatos sobre epidemias han sido casi desde siempre un minigénero dentro de la CF. Pero es cierto que, salvo por los porcentajes de mortalidad, afortunadamente, este parece escrito hace unos meses. Y salvo porque las galletas hechas con mayonesa no se han convertido en algo habitual en nuestras vidas. 😉
      Muchas gracias por tu comentario.

  6. Irene García Muelas dijo:

    Me ha encogido el corazón, y eso que podría acabar mucho peor. El formato diario (ahora se dice “blog”, y magdalena “muffin”) tiene muchos precedentes literarios, pero inmediatamente me ha remitido al relato que inspira el título de esta página (también “blog”).

    Gracias una vez más por el buen hacer y la generosidad de la autora.

    • marcheto dijo:

      A mí también me parece un relato con una alta carga emocional, que no se debe tan solo a la situación por la que estamos atravesando ahora mismo (yo lo leí por primera vez hace varios años), y al que le sienta estupendamente el toque final esperanzador. De hecho, creo que fue esto lo que me decidió definitivamente a tratar de tenerlo en el blog.
      Y muchas gracias a ti por leerlo y dejar tu comentario.

  7. Gilberto dijo:

    ¡Esta es una de mis autoras favoritas! Hace poco leí su colección Cat Pictures Please y me encantó.
    Ya había leído el relato ¡y dos veces! Una en Clarkesworld y otra en su colección, Pero, ¡ah! que delicioso es leerlo en castellano con tu buen hacer, esta tercera lectura es la que más he disfrutado.
    Relato estremecedor, humano, tierno y terrible a la vez. Kritzer me recuerda mucho a Connie Willis pero con un toque actual tremendo.
    ¡Sería fantástico que alguien se animara a traducir su colección!
    Pero si no es así, que los hados del género te llenen de bendiciones, bonanza y fortuna en agradecimiento: ¡Que vivan muchos años Marcheto y Algernon! …de ser posible un poco más que Jack Williamson y Naomi Mitchison.
    Gracias de todo corazón desde allende el charco!!!

    • marcheto dijo:

      Pues sí, sería genial que alguien se animara a traducir la colección de Naomi, aunque por ahora nadie lo ha anunciado, al menos en España.
      Y tomo nota de la otra Naomi que mencionas, Naomi Mitchison, a la que no tengo controlada en absoluto. Si conoces algún relato especialmente interesante dímelo, porque por lo que veo escribió bastantes.

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