Tu cara, de Rachel Swirsky

Rachel Swirsky es una autora bien conocida por los seguidores de este blog, no solo porque su primer relato traducido al español, La deuda del inocente, lleva más de cinco años disponible para su lectura en Cuentos para Algernon, sino también porque desde entonces dos más de sus cuentos han sido incluidos en sendas antologías publicadas por aquí: las estupendas A la deriva en el mar de las Lluvias y Dark Fantasies (ambas editadas por Mariano Villarreal), que estoy convencida muchos de vosotros conocéis dado que comparten numerosos autores con este blog. Durante estos cincos años, Rachel ha seguido escribiendo ficción corta y, como muestra, hoy tenemos aquí uno de sus cuentos más recientes. Por cierto, si os gusta esta autora y leéis en inglés, tal vez os interese saber que Rachel tiene abierto un Patreon que por tan solo un dólar mensual os permitirá recibir cada mes un nuevo cuento o poema suyo.

Tu cara (Your Face) se publicó en la revista Clarkesworld en agosto de este mismo año. Se trata de un relato de ciencia ficción ultracorto, y una nueva demostración de que a veces menos de mil quinientas palabras bastan para contar una historia que consiga emocionar al lector, como creo que es el caso de la de esta madre y su hija. Espero que os guste.

Muchísimas gracias por segunda vez a Rachel, dado que  su amabilidad y generosidad es lo que os va a permitir disfrutar de esta nueva muestra de su buen hacer. Thanks a million, Rachel!

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Tu cara

Rachel Swirksy

¡Ay, Abigail! ¡Ay! Cuánto… cuánto me alegro de verte.

Mamá. Hola.

Cómo te pareces a ti. Tengo la sensación de que podría alargar la mano y tocarte la cara. ¡Tu cara! Cuánto me alegro de ver tu cara…

Sí, yo también me alegro de verte.

Cuánto me alegro. Yo… bueno, no sé… Abigail, no sé qué decir.

Di lo que quieras, mamá.

¿Cuánto de ti…? No sé. A lo mejor es algo que de ningún modo debería preguntarte, pero… ¿cuánto de ti hay ahí?

Soy yo, mamá.

Ya, tengo aquí delante la tabla con los datos, y sé que el escáner era de hace solo alrededor de un mes, pero ¿de verdad tú eres tú?

Sí, claro.

Pero ¿eres tú o…? ¿Cuánto de ti es en realidad el ordenador?

¡Mamá! Soy yo.

¿Estás segura? ¿Qué es lo que recuerdas?

Todo. Venga ya, lo acabas de decir tú misma: mi escáner era de hace solo un mes.

No. Me refiero a que ¿qué es lo último, último que recuerdas? ¿En dónde te parece que estás?

Ah, vale. Es por la tarde. Me van a hacer el escáner. El tráfico ha sido de lo más horrible todo el día… Esta tarde he tenido una pelea con Robin por culpa de la colada. ¡Otra más! Estoy muerta de cansancio.

¿Cómo es el sitio?

Hace calor. Hay un ventilador, pero no está encendido. Me duelen los ojos y no quiero pasar más rato contemplando una pantalla, así que estoy mirando por la ventana.

¿Y?

Hay un conserje podando setos. Y un hombre paseando a un perrito diminuto por el césped. Me noto el pelo sudado. Quiero irme a casa. ¿Qué más quieres que te cuente?

Quieres irte a casa…

Es que estoy muerta de cansancio. Lo que necesito es tumbarme un rato en el sofá con un libro. Siempre que Robin no decida que tenemos que volver a enzarzarnos en la Tercera Guerra Mundial por culpa de la colada.

Pero en realidad no puedes irte a casa. Lo sabes, ¿verdad, Abigail?

Claro.

Solo estás en un ordenador. No puedes salir.

Ya lo sé.

No sé, a lo mejor esto ha sido mala idea. ¿Es una crueldad? ¿Te he traído de vuelta solo para matarte otra vez?

No te rayes, mamá. Basta.

Comprendí que llevaba retrasándolo casi cinco años. La semana pasada hubieras cumplido treinta. A lo mejor tendría que haber venido antes, pero es que no estaba… segura de si sería una crueldad…

No pasa nada.

Y yo… no sabía si quería venir.

Vaya.

Lo siento. ¡Dios!, soy terrible.

Da igual. No importa.

Ahora te has enfadado.

No me digas lo que siento.

No. Esto no está bien. No suenas como tú. Te pareces a ti… pero no suenas para nada como tú.

¿Cómo?

Estás tan apagada… Pareces… champán esbafado.

Ni sé cómo responder a eso.

En tu voz solo hay frustración.

Lo siento. Ha sido uno de esos días, ya sabes, uno de esos en los que hasta el agua de la ducha está demasiado mojada.

Suenas a desgana total. Como uno de esos sábados en los que tu hermana te llamaba en el último momento para que le echases una mano con los niños, y Robin y tú ya teníais planes…

¡Joder!, es que las tres nunca debería ser hora punta…

… o como cuando te tocó volver corriendo a la tienda a última hora de la tarde a por líquido para el limpiaparabrisas…

Es que yo solo venía a hacerme un escáner de rutina.

Abigail, ni siquiera me has preguntado por Robin.

¿Ah, no?

No.

Espero que no siga enfadada porque eché a lavar su sujetador con todo lo demás en lugar de meterlo en una bolsa para ropa delicada.

Abigail, eso sucedió hace mucho tiempo…

Sí, lo sé. Si yo siguiese todavía por ahí, a lo mejooor hasta ya me hubiese perdonado.

¡Abigail!

¿Qué pasa? Es una broma.

No deberías hablar así de ella.

Lo siento, solo estaba desahogándome.

Suenas como si ni la quisieras.

¿Cómo dices eso? Claro que la quiero. ¿Cómo puedes decir eso?

Tienes razón. Lo siento.

La quiero más que a nada. ¿De veras da la impresión de que no la quiero?

No. Parecíais… discutir mucho. Pero todo el mundo sabía que os queríais. Se os veía como radiantes.

Yo debería haber tenido más cuidado. Si no hubiera sido su sujetador favorito lo más probable es que no se hubiese enfadado tanto.

Sí, probablemente fue por eso.

Pero ¿cómo demonios tiene alguien un sujetador favorito? Uf, me muero de ganas de irme a casa. Hace calor. Y el soplador de hojas hace TANTO RUIDO.

Abbie.

¿Qué?

Sabes que no puedes.

¿El qué?

Irte a casa.

¡Claro que lo sé! Ya hemos hablado de eso. Mi escáner era de hace solo un mes.

Tranquila, cielo.

Es que estoy incómoda.

Vale.

El trayecto hasta aquí ha sido horrible. ¿Te lo he contado ya? El aire acondicionado no me funciona. Echa aire caliente. Y el maldito tráfico…

Abigail, debería habértelo dicho antes. No tenemos demasiado tiempo para hablar. Acaba de sonar la señal avisando de que quedan diez minutos.

¿Eh? Vaya. Claro, vale.

Lo siento. Probablemente no pueda volver a permitirme esto. ¡Es carísimo! ¿Sabías que cuanto más tiempo lleva almacenada la persona más caro va siendo?

Ah, eso es solo por la degradación de los datos.

No sabía lo maravilloso que sería ver tu cara.

Uf, estoy toda sudada.

Estoy aquí porque, antes de morir, Robin me hizo prometer que vendría. Ella quería que supieses que no había sido culpa tuya. Para entonces… tú ya no estabas.

¿Culpa mía?

¿No te acuerdas? Tú conducías el coche.

¿El coche?

La policía dijo que no había nada que hubieses podido hacer. La otra conductora hubiese chocado contra vosotras incluso si tus reflejos hubieran sido perfectos.

¿Cómo? No.

Esa mujer era de Florida. No sabía conducir por montaña.

No, no creo que eso fuese así.

Solo dispuse de unos minutos contigo en el hospital. No dejabas de repetir una y otra vez que había sido culpa tuya. Querías que les dijese a los padres de Robin que tenían razón, que ella no debería haberse casado contigo. Pero no se lo dije, porque no había sido culpa tuya.

No. Eso no es así. No creo que eso sucediera.

Robin me hizo prometer que hablaría contigo. Dijo que te había oído pedirme que les dijese eso a tus padres. Pero justo entonces ella estaba en el quirófano. Debió de imaginárselo, supongo. O… no sé.

No sé de qué estás hablando. Con el ruido de la sopladora de hojas me cuesta oírte. A lo mejor deberíamos volver a hablar más adelante.

Robin aguantó unos días. Todos creímos que a lo mejor… bueno. Ella necesitaba que supieses que no te culpaba.

No es que yo no tratase de hacer la colada como Dios manda, pero es que ella tiene tantas reglas…

Fue un accidente, Abbie. Un terrible accidente.

Si es tan maniática debería hacerla ella misma.

No sé. A lo mejor no tenía que haber venido. Le dije a Robin que no serías realmente tú, pero me lo hizo prometer.

¡Soy yo!

No, cielo. Si fueses tú, estarías gritando. Te lo acabo de decir. Robin murió.

¡No me digas lo que siento! ¡Joder!, ¿por qué no encienden el maldito ventilador?

Tú no eres más que algo… atascado… en una mala tarde.

Tengo el pelo sudado. Tengo que ir a casa, a tumbarme en mi sofá con un libro. ¿POR QUÉ HACE ESTE MALDITO CALOR?

Abigail y Robin… ellas… Ellas deberían haber tenido las mismas oportunidades que todo el mundo. Una casa, una familia. A veces… me pregunto: ¿crees que ella me habría podido perdonar que la trajese a este mundo siendo que iba a tener tan poco tiempo?

Siempre nos peleamos, Robin y yo, pero tenemos un secreto.

¿Cuál?

Que luego siempre hacemos las paces.

Sí.

¿Eh?

Sí, siempre hacíais las paces.

Hola, mamá. Hace calor, ¿verdad? Me muero de ganas de irme a casa.

Lo sé, Abigail. Ha sido un largo día.

Copyright © 2019 Rachel Swirsky

De la ilustración, Copyleft Pedro Belushi

Esta entrada fue publicada en Ciencia Ficción, Relatos y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Tu cara, de Rachel Swirsky

  1. mangrii dijo:

    ¡Muchas felicidades por estos 7 años!
    No hay mejor forma de celebrarlo que leyendo un nuevo ultracorto. Gracias, una vez más, por tu labor, por acercarnos nuevas voces así como otras conocidas. Gracias por dejarme leer más a Tim Pratt o Ken Liu. Gracias por descubrirme autores como Jeffrey Ford,K. J. Parker, Jeff Noon o Charles Yu.
    Espero que sean muchos más.
    Un abrazo 🙂

    PD: la lagrimita ha asomado con esta particular conversación madre-hija.

  2. Pingback: “Your Face” in Spanish | Rachel Swirsky

  3. Pingback: “Your Face” in Spanish | Alas, a Blog

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