El azogue, de Jeff Noon – Especial relatos ultracortos XIV

Jeff Noon es un escritor inglés bien conocido por todos los seguidores del blog, dado que esta es la cuarta vez que lo tenemos en Cuentos para Algernon.  Así que tan solo me gustaría destacar que, tras un largo período durante el que casi no publicó nuevas obras, durante estos cuatro últimos años sus fans han estado de enhorabuena, puesto que han aparecido tres nuevas novelas suyas (Mappalujo, A Man of Shadows y The Body Library) y media docena de relatos en diversas antologías y revistas.

El azogue (The Silvering)  está incluido en Pixel Juice, su única colección de cuentos hasta el momento, publicada en el año 2000. Y con sus setecientas y pico palabras encaja perfectamente en este especial ultracortos. Espero que os guste tanto como sus relatos anteriores, que ya aprovecho para recordar son: Destino cero, La llave del gabinete de la noche (ganador de nuestra III Encuesta Anual) y No Res (finalista de los British Science Fiction Awards).

Por último, muchísimas gracias una vez más a Jeff, sin cuya generosidad no habríamos podido disfrutar aquí de sus cuatro relatos. Y ojalá pronto se puedan leer nuevas obras suyas en español, y no solo en este blog. Thanks a million, Jeff!

ACTUALIZACION I: Tenéis disponible aquí los formatos para ebook (EPUB, FB2 y MOBI) del cuento.

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El azogue

Jeff Noon

Posiblemente no sea desatinado decir que, una tarde, bien entrado el futuro, todos los espejos del mundo decidieron unirse. Aunque la mayor parte de la gente considera los espejos meras superficies reflectantes, algunas de las religiones más místicas han planteado la posibilidad de que se traten de puertas a otra esfera más profunda. En lugar de como en puertas, pensemos en ellos como en venas: las venas de una inmensa criatura escondida por la que la luz puede viajar. Una criatura con fotones por glóbulos sanguíneos.

Durante siglos, esta criatura empalmó sus venas de tal modo que cada viaje lumínico terminaba en su punto de partida. De ahí que nos contempláramos a nosotros mismos. Pero de pronto, con la unión de todos los espejos, cada uno reflejaba no la mirada atónita de su propietario sino la expresión igualmente estupefacta de otro rostro desconocido.

El rostro de un desconocido.

Ante el cual tan solo podías hacer muecas, gritar o quedarte plantado anonadado.

Tal vez haya que imaginar la criatura especular encogiéndose de hombros y estirándose de nuevo con su maraña de venas dispuesta de acuerdo con un orden distinto. Tal vez no fuera esa su intención. Tal vez sí.

Con destruir los espejos no se adelantaba nada, puesto que cualquier espejo comprado —o incluso fabricado— en sustitución de otro continuaba reflejando la imagen del mismo desconocido. Además, no tardó en observarse que daba igual en qué lugar del mundo se encontrara el sujeto, daba igual que él o ella se contemplase en un espejo ajeno, allí siempre le estaba esperando la misma pareja.

Este fenómeno pasó a ser conocido como el azogamiento. Y, con el tiempo, al monstruo imaginario a través del cual viajaban los rayos de luz se le llamó el Azogue.

Se descubrió que la forma matemática exacta a la que las venas del Azogue tenían que ajustarse para que este proceso se desencadenara era una curva de dimensión once terriblemente compleja. La belleza abstracta de la misma puede haber complacido a los científicos, pero no les servía de gran cosa a todos esos miles de millones de habitantes del mundo a quienes ahora sus espejos resultaban por completo inútiles con vistas a su objetivo original. Por poner el ejemplo más obvio: ¿cómo iba a poder peinarse una joven su larga cascada de cabello frente al reflejo de un anciano calvo y decrépito?

Porque así era, algunos hombres se reflejaban en mujeres. El Azogue no conocía prejuicios. Los viejos se reflejaban en jóvenes; los gays, en heteros; los negros, en blancos; los ricos, en pobres. Al principio, esta disolución de fronteras tan solo provocó indignación a ambos lados del espejo. Por suerte, aunque las ondas lumínicas viajaban por las venas del Azogue, no así las sonoras. Las imprecaciones no se oían; aunque ni que decir tiene que eran imaginadas sin grandes problemas a partir de las expresiones de los rostros.

Pero tras tan solo un corto espacio de tiempo, los habitantes del mundo aceptaron sus nuevos reflejos y empezaron a colaborar con ellos. Fue así como ese anciano calvo y decrépito aprendió a imitar el peinado de los largos mechones dorados. Y el mundo fue considerado un lugar mejor gracias a esos vínculos del azogue.

Los únicos momentos angustiosos venían provocados por una sencilla propiedad matemática, la de que cada una de las venas del Azogue solo tenía dos accesos: el principio y el final. Por mor de ello, el proceso solo funcionaba cuando el número de habitantes del mundo era par. Dado el eterno juego del nacimiento y la muerte, de tanto en tanto, una persona se plantaba ante su espejo esperando ser recibida por su pareja y se encontraba contemplando un espacio desocupado, una oquedad, un vacío aterrador.

Este fenómeno pasó a ser conocido como el Empañamiento, y provocaba la evitación de la totalidad de los espejos hasta el día en que la población mundial pasaba de nuevo de impar a par, y todas las venas de luz volvían a tener tanto principio como final.

Un nuevo rostro aparecía para abrazar tu reflejo, y las sonrisas eran copiadas a la perfección. El mundo recuperaba el equilibrio.

Hasta que el Azogue se encogió de hombros una vez más, no solo a través del espacio sino también a través del pasado y futuro. De manera que, posiblemente un día, bien entrada la tarde, no sea desatinado decir que todos los espejos de todos los tiempos…

Copyright © 2000 Jeff Noon

De la ilustración, Copyleft Pedro Belushi

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6 respuestas a El azogue, de Jeff Noon – Especial relatos ultracortos XIV

  1. Javier Nostromo dijo:

    Je je qué salao el amigo Jeff…
    Hay una coma en el segundo párrafo (‘de tal modo que, cada viaje’) que no sé yo. Por si acaso, la señalo. Una vez más, muchas gracias, Marcheto. Saludos

  2. Couto dijo:

    Ay, ¡cómo he disfrutado este relato, Marcheto! No sé yo si esta casualidad que nos ha llevado a las dos a hablar de espejos deriva de uns especie de Azogue mental…

  3. Mangrii dijo:

    Por culpa de Jeff sueño con el día que me levante, vaya al espejo, y encuentre un japones como reflejo de mi XD Otro interesante ultracorto que planta una idea sencilla, pero con muchas posibilidades 🙂

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