Clips, recuerdos y cosas que nadie echará en falta, de Caroline M. Yoachim – Especial ultracortos I

Caroline M. Yoachim es una autora residente en Seattle que lleva más de diez años escribiendo relatos de ciencia ficción y fantasía. Sus más de setenta cuentos se han publicado en algunas de las revistas más punteras del género y en numerosas antologías, y dos de ellos han sido finalistas de los premios Nebula. Recientemente también ha aparecido la que es su primera colección de ficción breve, Seven Wonders of a Once and Future World and Other Stories (Fairwood Press). Por el momento, Caroline se ha centrado única y exclusivamente en las distancias cortas, y con mucha frecuencia en las ultracortas, de ahí que sea la escritora escogida para abrir este especial.

Caroline no solo escribe flash fiction, sino que también utiliza una técnica a la que ella denomina flashmash, que consiste en reunir varias piezas ultracortas relacionadas para componer otra más extensa. Todo esto y mucho más lo explica ella misma en la interesante entrevista que le realizaron los responsables de los blogs Fantástica Ficción (en español) y Sense of Wonder (en inglés).

Clips, recuerdos y cosas que nadie echará en falta (Paperclips and Memories and Things That Won’t Be Missed) se publicó originalmente en 2014 en la revista Apex Magazine, y es una de las muestras de flash fiction incluidas en Seven Wonders of a Once and Future World and Other Stories. En formato podcast también se puede escuchar en The Drabblecast. Se trata de un ejemplo excelente de cómo menos de mil palabras bastan para contar una pequeña y conmovedora historia, en este caso protagonizada por fantasmas.

Muchos de vosotros seguro que ya habéis leído algún relato de esta autora, dado que «Corriente y remanso» está incluido en Dark Fantasies, la última antología editada por Mariano Villarreal, y «Siete maravillas de un mundo pasado y futuro», en el número 4 de la revista Supersonic. Este último cuento, un ejemplo de la anteriormente mencionada técnica del flashmash, se encuentra entre los finalistas de la categoría de Mejor Relato Extranjero de los premios Ignotus 2017.

Como una presentación nunca debería ser más extensa que lo que se presenta, ya solo voy a dejar constancia de mi agradecimiento a Caroline por su amabilidad al permitirme tener hoy aquí su breve pero no por ello menos emotiva historia. Thanks a million, Caroline!

ACTUALIZACION I: Aunque es un cuento muy breve, no perdemos las buenas costumbres, así que ya podéis descargar aquí el fichero con los formatos para ebook (EPUB, FB2 y MOBI). Gracias como de costumbre a Jean y Johan por su colaboración.

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Clips, recuerdos y cosas que nadie echará en falta

Caroline M. Yoachim

El fantasma de mi desván se llama Margaret, aunque me deja llamarla Margie. Murió a los setenta y seis años, y ahora que es un espectro pasa los días y las noches sentada en su mecedora acunando en brazos a un bebé diminuto. El bebé apenas se mueve y casi nunca llora. Se llama Gavin; es un bebé delgado y está arrugado y cubierto de una fina pelusilla marrón. Como es habitual entre los prematuros tiene un aspecto extraño, pero dulce a pesar de todo. Margie lo envuelve en una mantita de telarañas que a mí me repugna. Siempre he odiado las arañas.

¿Sabíais que los fantasmas somos como las urracas? Recogemos y guardamos todo tipo de cosas: cabellos de Barbies, recuerdos, cáscaras de cacahuete y sueños de muerte. Facturas, hojas otoñales y las palabras de la punta de vuestra lengua. Margie se apropió de Gavin y ahora recoge telarañas de mi desván para que esté bien abrigado.

Hablando con precisión no es mi desván; ahora pertenece a mi marido. A mi antiguo marido, que vive en la que en su día fue mi casa, con su nueva esposa, los dos hijos de ella y un recién nacido. El bebé se parece al que Gavin hubiera podido llegar a ser, de haber vivido.

El apropiarse de cosas tiene una pega: en cuanto coges algo, lo que sea, los vivos dejan de tenerlo. De modo que un fantasma bienintencionado que se lleve quemaduras de sol o dolor de dedos de pie que se dan un golpe, acaba rodeado de sufrimiento; mientras que otro malicioso termina entre algodones de azúcar, risas y sonrisas de bebé y… bueno, es difícil continuar siendo malvado con eso a tu alrededor. De ahí que la mayoría de los fantasmas recojan naderías inofensivas, como clips y pelusas.

Margie quería ser buena. En vida había tenido cinco abortos espontáneos. Algo en su cuerpo no funcionaba bien, algo que le impedía llevar los embarazos a buen término. Cuando murió quiso ayudar a otras mujeres, evitarles el sufrimiento por el que ella había pasado. Encontró a una mujer, embarazada de treinta y cuatro semanas, cuyo bebé había muerto al dejar de recibir nutrientes y oxígeno por culpa de un coágulo de sangre. Margie cogió el bebé muerto y lo llamó Gavin. La mujer embarazada era yo, por supuesto.

¿Os acordáis de la pega del apropiarse de cosas? Una mañana me desperté sin mi bebé y sin explicación alguna para ello. Los médicos estaban desconcertados, y yo, destrozada. Había perdido a mi hijito y ni siquiera tenía una mejilla que besar, un cuerpecito que acunar una vez antes de decirle adiós.

Mis amigos y familia intentaron ayudarme, pero no entendían nada. Mi marido enterró su pena en el trabajo y se quedaba en la oficina hasta tarde, mientras yo lloraba hasta conciliar el sueño. Nadie se acordó del frasco de analgésicos que me había sobrado cuando me sacaron las muelas del juicio, así que a nadie se le ocurrió quitármelo.

Como Margie le tiene querencia al desván, yo deambulo mayormente por el piso de abajo. Durante mis primeros años fantasmales cogía barras de labios de los bolsos de las novias de mi marido, pero a la postre terminé por superar los celos. Él volvió a casarse, y la casa es más agradable con niños en ella. Ahora cojo calcetines desparejados de la secadora y juguetes de bebé que se han caído detrás de los muebles.

Con los calcetines estoy haciendo una colcha para Gavin, que reemplace las horribles telarañas de Margie. Puede que aún necesite otra docena de calcetines para terminarla. Entretanto llevo los juguetes al desván y se los entrego a Margie. Como murió ya muy mayor, su memoria es mala y no se acuerda de que el bebé que acuna es mi hijo. Ella se limita a sentarse en su mecedora y a abrazar el diminuto cuerpecito contra el pecho. Le dice cuantísimo lo hubiese querido su madre, de haber él vivido, y le da los juguetes que le llevo.

Todos los fantasmas acumulan menudencias, incluso mi hijo nonato, que recoge ruido blanco de la radio, agua caliente del baño y voces apagadas que atraviesan el techo. Todo aquello que le recuerde el vientre materno. Está tratando de recrearme.

De tarde en tarde siento tentaciones de apropiarme del bebé de mi marido. Es regordete, gorjea y está empezando a sonreír. Pero no es mi hijo, y sé perfectamente cuánto dolor causaría si se lo arrebatara a su familia. De modo que, en lugar de eso, vago por la casa que antaño fue mía, escucho la risa de los niños y trato de coger tan solo pequeñas cosas que nadie echará en falta.

Copyright © 2014 Caroline M. Yoachim

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11 respuestas a Clips, recuerdos y cosas que nadie echará en falta, de Caroline M. Yoachim – Especial ultracortos I

  1. Federico Pascual Pastor dijo:

    Bien escrito aunque muy blandito para mi gusto

  2. origencuantico dijo:

    Precioso. Gran iniciativa.

  3. Javier Nostromo dijo:

    Independientemente de su longitud, mantienes un notable nivel en los relatos que publicas. Muchas gracias, Marcheto. Saludos

  4. Alberto dijo:

    Una melancólica maravilla.

  5. Malapata dijo:

    Puf, vaya puñetazo en el estómago. Me ha encantado.

  6. manuti dijo:

    Impresionante llegar tan lejos con tan poco. Gracias.

  7. elaeo dijo:

    Tierno y entrañable. Es complicado en distancias tan cortas ser plenamente efectivo.

    • marcheto dijo:

      Bueno, me alegro de ver que en general este relato ha gustado e incluso emocionado. Gracias a todos por vuestros comentarios y espero que las futuras entregas del especial os gusten tanto o más y que sigáis dejando vuestras opiniones por aquí.

  8. Gilberto dijo:

    Gracias Marcheto!! Evocador, sutil, con un ambiente muy bien logrado. Coincido, no es fácil lograr tanto con tan pocas palabras. ¡Excelente traducción!

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