El planeta de la suprema felicidad, de Rhys Hughes – Especial Calvino VI

Rhys Hughes fue el autor que abrió nuestro Especial Italo Calvino con su relato El palacio de la memoria. Como ya dije entonces, no iba a ser solo uno sino hasta tres de sus propios homenajes al escritor italiano los que íbamos a tener por aquí, así que vamos a por el segundo.

El planeta de la suprema felicidad (The Planet of Perfect Happiness) es una obra de ciencia ficción muy breve, publicada por primera vez en Flash In The Pantheon, una colección de Rhys que recopila 123 de sus cuentos encuadrados en la categoría de la flash-fiction. Posteriormente también ha formado parte de sus dos recopilaciones de homenaje a Italo Calvino, Ten Tributes To Calvino y Thirty Tributes To Calvino, y de la edición tanto masculina como femenina de su más reciente y extensísima colección con 365 cuentos The Million Word Story.

Espero que os guste. Y, por segunda vez, muchísimas gracias a Rhys por su amabilidad al aceptar colaborar por triplicado en este Especial Italo Calvino.

ACTUALIZACION I: Ya tenéis disponible el zip con los tres formatos habituales para ebook (EPUB, FB2 y MOBI). Muchas gracias a Jean y Johan por el diseño de la cubierta y la elaboración de los ebooks, respectivamente.

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El planeta de la suprema felicidad

Rhys Hughes

El planeta de la suprema felicidad se llama Inclova y es importante que los visitantes conozcan las medidas necesarias para acceder a él de forma segura. Desde el espacio se ajusta exactamente a lo que podría ser su propia descripción novelada: un mundo de hermosos océanos, islas encantadoras y continentes cubiertos de árboles cargados de frutas deliciosas; no obstante, cuando se aterriza en él pronto se descubre que los testimonios escritos no alcanzan a transmitir el verdadero encanto de este lugar de atractivo infinito. Durante muchos años, los visitantes saltaban sin más desde su nave a la superficie para a continuación desaparecer. Ahora somos más precavidos y tomamos las debidas cautelas.

Un visitante que no sea consciente de los peculiares peligros de la felicidad suprema llegará a Inclova deseando ser recibido por los sonrientes habitantes que ha visto pasear por los claros en los bosques y nadar entre las cálidas olas. En el momento en que abandone su nave espacial y se acerque a ellos tendrá la sensación de que han desaparecido. El bosque estará desierto, las olas vacías y, todavía peor, él mismo se desvanecerá. Sumido en la confusión, únicamente será consciente de fogonazos intermitentes a su alrededor, y a continuación de una sensación de pérdida de equilibrio, de estar cayendo hacia un futuro fugitivo, tras lo que llegará la inconsciencia y una muerte natural producto de la avanzada edad.

Este planeta no es una trampa deliberada. Lo único que sucede es que nuestro estado de ánimo dicta la velocidad del tiempo. Un acontecimiento doloroso o aburrido lo ralentiza, mientras que otro excitante o feliz lo acelera. En Inclova, la felicidad es perfecta, y por lo tanto el tiempo alcanza su velocidad máxima. Los habitantes casi ni llegan a ser conscientes de estar vivos antes de que esas vidas lleguen a su fin. Para un observador externo, todo avanza a un ritmo normal, las vidas que se observan son cabales y medibles; pero en cuanto el observador atraviesa el umbral de su nave espacial y se convierte en parte del planeta, la felicidad suprema lo envuelve y pierde el control sobre su propia existencia.

Los antiguos métodos para arribar a Inclova de manera segura han quedado desacreditados. Un colaborador con una pértiga se quedaba en el interior de la compuerta abierta de la nave y asestaba repetidos y frecuentes golpes al visitante para que sintiera un dolor continuo que ralentizara su sensación subjetiva del transcurrir del tiempo. No obstante, si el visitante se aventuraba más allá del alcance de la pértiga, estaba perdido. Las cuerdas atadas alrededor del cuello que se tensaban a distancia tampoco funcionaron: se enganchaban en los árboles o se enredaban en las piernas de habitantes visibles desde el interior de la nave, pero invisibles desde la superficie del planeta, de tan deprisa que vivían sus vidas, un parpadeo del nacimiento a la muerte.

El único método eficaz es llenar los numerosos bolsillos del visitante con cartas. Cada diez pasos, saca una carta y la lee. La primera es de su padre: lo ha desheredado. La segunda es de su jefe: ya no tiene un trabajo al que volver. La tercera es de su novia: ya no está enamorada de él. Y así.

Que estas cartas sean auténticas o no es irrelevante. La comunicación regular de malas nuevas mantendrá al visitante lo suficientemente abatido como para permitirle explorar Inclova sin precipitarse hacia un futuro vertical. A mayor número de bolsillos y a más que lamentar, más prolongada podrá ser su estancia en ese mundo gozoso y mortal.

Existen otros planetas supremamente felices y, de hecho, en una ocasión a un planeta se le desvió el eje de la risa, pero no van a ser tratados aquí.

Copyright © 2005 Rhys Hughes

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8 respuestas a El planeta de la suprema felicidad, de Rhys Hughes – Especial Calvino VI

  1. Anónimo dijo:

    Cuento muy agradable. Enhorabuena

  2. Poe dijo:

    Ligero y divertido, me encantó. Gracias como siempre!!!

  3. Javier Nostromo dijo:

    Magnífico en su brevedad. ¿El último de R. Hughes hablará sobre el planeta con el eje de la risa desviado? Muchas gracias, Marcheto

    • marcheto dijo:

      Pues me temo que no, que es un cuento muy distinto a los dos anteriores. Pero como Rhys tiene un montón de relatos que no le he leído no descarto que exista ese otro sobre el planeta del eje desviado.😉

  4. Lothrandir dijo:

    Me ha encantado. Muy de Italo Calvino, y también me ha recordado a G Manganelli. Me ha hecho disfrutar, inevitablemente, de un «breve momento» de infinita felicidad.

    • marcheto dijo:

      Y tu comentario me ha recordado a mí que hace mucho que no leo nada de Manganelli, y lo que leí en su momento me gustó un montón.
      Me alegro mucho de que este brevísimo relato os esté gustando.

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