Un mensaje sobre los mensajes, de Ursula K. Le Guin

Ursula K. Le Guin no debería necesitar presentación en este blog. Es posiblemente la escritora más importante del género: autora de una veintena de novelas, docenas de relatos y seis volúmenes de poesía; ganadora de todos los grandes premios relacionados con la ciencia ficción y la fantasía, y de unos cuantos ajenos a estos géneros; y, para mí, en cierta manera, compañera de profesión, porque también es traductora, y suya es, por ejemplo, la traducción al inglés de Kalpa Imperial, de la argentina Angélica Gorodischer, autora que tampoco debería necesitar presentación aquí.

Foto de Jack Liu

Además de todo lo anterior, Ursula es una de las principales culpables de que muchos de nosotros nos aficionáramos a la literatura fantástica, gracias a sus obras juveniles, entre las que destaca su célebre ciclo de Terramar. Por eso, cuando leyendo Wonderbook, de Jeff VanderMeer, me crucé con «Un mensaje sobre los mensajes» (A Message About Messages), me llamó bastante la atención porque, por los recuerdos que tengo de mi lectura hace ya muchos años del citado ciclo, me temo que en mi caso lo que saqué del mismo no fue un mensaje, sino un montón de horas de diversión, inmersa en un apasionante mundo lleno de personajes interesantes, aventuras y fantasía. Que es justo lo que andaba buscando.

Aunque este blog esté dedicado principalmente a la traducción y publicación de relatos, espero que «Un mensaje sobre los mensajes» os resulte tan interesante como cualquiera de los cuentos que han aparecido en él. Si es así y os manejáis con el inglés, os animaría a que os pasarais por la página web de Ursula, ya que en ella podéis encontrar poesías, reseñas de obras literarias, consejos para los que escribís, fragmentos de sus novelas y mucho más material interesante. Y, si ese no es vuestro caso, podéis visitar el sitio web Las doce moradas del viento, en nuestro idioma y dedicado íntegramente a esta autora. Por cierto, por motivos ajenos a mí, este texto no va a estar disponible para su descarga en ninguno de los formatos habituales, así que me temo que vais a tener que leerlo aquí en lugar de en el e-book. Dado que es bastante breve no creo que os suponga mayor problema.

Y ya por último, quiero expresar mi agradecimiento a la agencia Curtis Brown, LTD, por las gestiones realizadas y por darme su autorización para tener este texto hoy aquí. Pero sobre todo vaya mi enorme agradecimiento para Ursula K. Le Guin, por permitirme traducir y publicar «Un mensaje sobre los mensajes», e incluso todavía más por escribir todas esas obras que a muchos de nosotros tan buenas horas nos han hecho pasar.

Un mensaje sobre los mensajes

Ursula K. Le Guin

Hace un tiempo tomé buena nota de lo siguiente: «Siempre que me digan que “los chavales quieren este tipo de libro” o “los chavales necesitan este tipo de obra”, voy a sonreír educadamente y hacer oídos sordos. Yo soy escritora, no una mera proveedora, que de estas ya las hay a montones. Porque además lo que los chavales desean y necesitan más apremiantemente es lo que ellos y nosotros no sabemos que desean ni creemos que necesiten, y eso es algo que solo los escritores les pueden brindar».

Es habitual que mi ficción, sobre todo la dirigida a niños y jóvenes, sea reseñada como si la motivación de su existencia fuera el transmitir un provechoso sermoncillo (cosas por el estilo de, «Crecer es duro, pero tú conseguirás abrirte camino»). ¿Alguna vez se les pasa por la cabeza a esos críticos que la esencia de la historia podría residir en el propio lenguaje, en el fluir de la narración al ser leída, en una inexpresable sensación de descubrimiento, en lugar de en un apañado consejo?

Los lectores, tanto niños como adultos, me preguntan por «el mensaje» de esta o aquella historia, y a mí me gustaría decirles, «Tu pregunta no está expresada pertinentemente».

Como escritora de ficción, yo no hablo con mensajes, yo hablo con historias. Por supuesto que mis historias tienen un significado, pero para descubrirlo hay que enunciar la pregunta utilizando los términos apropiados para la narrativa. Términos tales como «mensaje» son adecuados para la escritura expositiva, la escritura didáctica y los sermones, lenguajes distintos al de la ficción.

La idea de que una historia «tiene un mensaje» da por hecho que puede ser reducida a unas cuantas palabras abstractas; que puede ser perfectamente resumida en un examen escolar o universitario, o en una aguda reseña crítica.

De ser eso cierto, ¿por qué se iban a tomar los escritores la molestia de inventar personajes, relaciones entre ellos, tramas, escenarios y todo lo demás? ¿Por qué no limitarse a transmitir el mensaje? ¿Acaso la historia es una caja donde esconder una idea, un disfraz con el que engalanar una idea desnuda, una cobertura de caramelo para que resulte más fácil tragar una idea amarga? «Abre la boca, cielo, que esto te sentará bien». ¿Es la ficción una verborrea decorativa que oculta una idea racional, un mensaje, que es a fin de cuentas su realidad esencial y su motivo de ser?

Muchos docentes explican las obras de ficción, muchos críticos literarios (sobre todo los de libros infantiles) las reseñan y, por lo tanto, mucha gente las lee convencidos de ello. El problema es que se trata de una premisa equivocada.

No estoy diciendo que la ficción no encierre un significado ni una utilidad. Todo lo contrario, creo que la narrativa es uno de los instrumentos más útiles con los que contamos para conseguir dar un sentido a nuestra vida: sirve para mantener la cohesión de nuestras comunidades al plantear y responder la pregunta «¿quiénes somos?», y es una de las mejores herramientas que tiene un individuo para descubrir quién es, qué es lo que la vida puede demandar de él y cómo responder ante ello.

Sin embargo, eso no es lo mismo que tener un mensaje. El complejo significado de un relato o novela serios solo puede ser comprendido implicándose en el propio lenguaje de la historia. Al traducirlo a un mensaje o reducirlo a un sermón lo estamos distorsionando, traicionando y arruinando.

Y esto es así porque una obra de arte no solo se comprende a través del intelecto, sino también a través de las emociones y del propio cuerpo.

Este hecho resulta más sencillo de aceptar en el resto de las artes. Con una danza o un cuadro de un paisaje, por ejemplo, lo más probable es que nos limitemos a hablar de las emociones que despierta en nosotros en lugar de sacar a colación «su mensaje». O pensemos en la música: sabemos que no hay modo alguno de explicar todo lo que una canción puede significar para nosotros, porque ese significado no es tanto algo racional como algo que sentimos en lo profundo de nuestro ser, algo que experimentamos con nuestras emociones y con todo nuestro cuerpo, y la lengua del intelecto no alcanza a expresar en su totalidad ese sentir.

De hecho, el propio arte es nuestra lengua para expresar esas sensaciones del corazón, del cuerpo y del espíritu.

Y cualquier reducción de esa lengua a un mensaje intelectual resulta radical y devastadoramente incompleta.

Esto es tan cierto con relación a la literatura como a la danza, la música o la pintura. Sin embargo, como la ficción es un arte hecho a base de palabras, tendemos a creer que puede ser traducida a otras palabras sin que se pierda nada. De ahí que la gente pueda pensar que una historia no es más que un mero instrumento para transmitir un mensaje.

Y por eso los chavales me preguntan con toda su buena fe: «Cuando tienes un mensaje, ¿cómo lo haces para inventarte una historia donde encajarlo?». Y lo único que puedo responderles es: «¡Las cosas no funcionan así! Yo no soy un contestador automático… ¡Yo no tengo un mensaje para vosotros! Lo que sí que tengo es una historia».

Y lo que se saque de esa historia, ya sean discernimientos, percepciones o emociones, depende en parte de mí, puesto que desde luego que para mí esa historia está preñada de significado (incluso aunque solo sea capaz de averiguar de qué trata una vez la haya terminado de narrar). Pero también depende de ti, del lector. Leer es un acto apasionado. Cuando lees una historia no solo con la cabeza sino también con el cuerpo, los sentimientos y el alma, igual que se hace al bailar o al escuchar música, entonces te apropias de ella. Y puede convertirse en algo infinitamente más trascendental que cualquier mensaje. Puede ofrecer belleza. Puede hacerte sufrir. Puede simbolizar la libertad. Y cada vez que la releas puede tener un sentido distinto para ti.

Me siento dolida y ofendida cuando los críticos tratan tanto mis propias novelas como otras obras infantiles serias como si fueran sermones con una cobertura de caramelo. Por supuesto que se escriben montones de libros didácticos y moralizadores para jóvenes, que pueden ser analizados como tales sin que se pierda nada. Sin embargo, con las auténticas obras literarias infantiles, con El hijo del elefante o El hobbit, los docentes y críticos literarios cometen un grave error cuando las tratan como si fueran meros vehículos de ideas en lugar de como obras de arte. El arte nos libera; y el arte de las palabras nos puede llevar más allá de lo que podemos expresar con palabras.

Ojalá nuestras clases, nuestras reseñas, nuestras lecturas sean un canto a esa libertad, a esa liberación. Ojalá que, en lugar de buscar un mensaje cuando leemos una historia, seamos capaces de pensar: «Esta es una puerta abierta a un nuevo mundo, ¿qué encontraré en él?».

Copyright © 2015 Ursula K. Le Guin

Used by permission of Curtis Brown, Ltd. All rights reserved / Publicado con la autorización de Curtis Brown, Ltd. Todos los derechos reservados.

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11 respuestas a Un mensaje sobre los mensajes, de Ursula K. Le Guin

  1. anabelee dijo:

    Úrsula también es una de las culpables de mi afición por este género, así que muchas gracias por traernos este texto. Es una lástima que los críticos que debieran leerlo no vayan a dedicarle más de una ojeada (o menos).

  2. Interesante articulo me acordó mucho lo que decía Alfred kubin cuando decía que el lenguaje de los símbolos va dirigido al espíritu y no al intelecto: “El sueño es como un cuadro, pero hay que cuidarse de desmembrarlo de acuerdo a un sistema moral o psicológico para encontrarle una interpretación: es preferible permitirle al espectador que subsista en su genuina pureza simbólica porque la visión visible y creadora es más fuerte y fecunda que su prolijo análisis.” Alfred Kubin.

  3. Gilberto dijo:

    Definitivamente Ursula K. Le Guin es la mejor de las escritoras de ciencia ficción y fantasía, todo un ícono y probablemente, de entre todos los autores del género, la más literaria y profunda en su mensaje. Recién he leído “Elementals” que, aunque escrito en prosa, en pura poesía. Es todo un placer leerla en tu blog. Merecida su presencia incomparable y prístina en este espacio tuyo que has construido con tanto tesón y dedicación.
    ¡Felicidades para ti y para nosotros!

    • marcheto dijo:

      Elementals está ahora mismo bastante arriba en mi inmensa pila de relatos pendientes, pero con lo que dices va a escalar unas cuantas posiciones. Ursula K. Le Guin es efectivamente todo un icono entre los lectores de ciencia ficción, pero a la vista de esta encuesta que ha realizado la revista Clarkesworld, posiblemente sea además la escritora que más ha influido en sus compañeros de profesión. Sin lugar a dudas, todo un honor tenerla por aquí y encima con un ensayo tan interesante como este. Así que acepto encantada tus felicitaciones en mi nombre y en el de todos los seguidores del blog. 🙂

  4. Le Guin es mi autora favorita y me ha encantado la reflexión, me he hecho pensar como juntaletras de reseñas. Gracias por ello a ti también, Marcheto. Creo que pensaré en ello también el año que viene en mis propuestas de mejor artículo de los Ignotus 🙂

    • marcheto dijo:

      He de reconocer que como lectora de reseñas (no solo literarias, sino también cinematográficas) me fastidia bastante la costumbre de muchos críticos de dar casi tanta o más importancia al supuesto mensaje que tiene una obra que a sus méritos artísticos (esa estrellita que se añade tantas veces por “mensaje políticamente correcto”). Así que supongo que si a mí me molesta, a los creadores como Ursula K. Le Guin les tiene que fastidiar todavía mucho más. De ahí que este texto me llamara muchísimo la atención, porque entendí perfectamente su postura y su “mensaje”.
      Y, puesto que dices que Le Guin es tu autora favorita, ¿no sería estupendo poder contar con un relato suyo en algún Terra Nova u otra antología de la familia? 😉
      Por cierto, me parece genial que aunque falta tiempo ya te vayas preparando para los Ignotus, porque aunque soy parte interesada creo objetivamente que este texto podría merecerse estar entre los nominados en su categoría.

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