Mamá, somos Zhenya, tu hijo, de Tom Crosshill

Tom Crosshill es un escritor letón de ciencia ficción y fantasía que, tras residir unos años en Estados Unidos (donde estudió la carrera de Física), ahora vive de nuevo en su país de origen. Cuando de niño se percató de que las obras de ciencia ficción traducidas a su lengua natal «cabían en una estantería» se puso manos a la obra y empezó a aprender inglés en serio. Y gracias a eso, su cuento está hoy aquí.

Tom publicó su primer relato en 2010 y, aunque por ahora su obra se limita a una docena de cuentos que han ido apareciendo en diversas publicaciones, ya ha conseguido estar nominado a los premios Nebula en dos ocasiones. La última, el año pasado con Fragmentation, or Ten Thousand Goodbyes, y la primera, un año antes con Mamá, somos Zhenya, tu hijo (Mama, We are Zhenya, Your Son) publicado en la revista Lightspeed en abril de 2011, y que es el cuento que hoy tengo el placer de presentaros aquí. Además de estas dos nominaciones, Tom también ganó en 2010 el premio Writers of the Future, y una antología con sus relatos traducidos al letón fue finalista en los premios literarios anuales de su país en la categoría de mejor debut. En la actualidad está trabajando tanto en nuevos relatos como en una novela.

Prefiero no entrar en detalles del argumento de Mamá, somos Zhenya, tu hijo, así que simplemente voy a comentar un detalle interesante que casi nos podría hacer pensar que este excelente cuento estaba destinado a aparecer en este blog. Si la estructura del mismo os recuerda a ese gran clásico que es Flores para Algernon, que sepáis que no es coincidencia, sino que, tal como explica Tom en esta interesante entrevista, fue una elección deliberada desde un principio. Y para los que no leáis la entrevista, aquí va otro detalle curioso: el personaje de Sulyik (al igual que el nombre de este blog) es un homenaje a nuestro querido Algernon. Así que con esto presente os animo a que lo leáis y espero que os guste tanto o más que a mí. Y especialmente a Gilberto, ya que este fue uno de los relatos que pidió que intentara traducir.

Y, ya por último, pasemos a los agradecimientos, que en esta ocasión son dobles. En primer lugar a Odo (y a las personas a las que él a su vez consultó), por echarme una mano con un detallito de la traducción. Y en segundo lugar y muy especialmente a Tom, que ha tenido la amabilidad de permitirme traducir y publicar hoy aquí su cuento. Paldies, Tom. Muchísimas gracias.

ACTUALIZACION I: Ya podéis descargar aquí el cuento en los tres formatos para ebook (EPUB, FB2 y MOBI), gracias a la gentileza una vez más de Johan y Jean Mallart. Muchas gracias.

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Mamá, somos Zhenya, tu hijo

Tom Crosshill

Mamá:

Soy Zhenya, tu hijo. ¡Estoy en un castillo con gnomos! Cuando dijiste que la doctora Olga te iba a pagar un montón de rublos por un chico que la ayudara, me dio miedo pero no te lo dije. No quería ser egoísta porque con rublos puedes pagar el hospital para ponerte fuerte otra vez. Ahora me alegro de haber venido.

La doctora Olga dice que debo escribirte una carta contándote lo que pasa para que puedas leerla y no te preocupes. No podemos mandarte fotos porque los gnomos no tienen cámaras (¡qué tontos!) así que te lo describiré todo.

Me quedé dormido en la habitación grande de la doctora Olga, en el edificio rojo de la universidad al lado del jardín botánico. Tenía un casco en la cabeza lleno de cables. Había muchos ruidos y luces, como en ese juego que el papá de Dima le compró y que tú dijiste que nosotros no podíamos comprar porque ni tenemos papá ni tenemos rublos. Entonces las luces se apagaron y me encontré en un castillo.

No se parece en nada a Moscú salvo quizás a la Plaza Roja. Hay pasillos de piedra y torres muy bonitas con la parte de arriba como un champiñón, y un salón grande con un techo de cristal para que se vean las estrellas cuando está oscuro.

Los gnomos viven en el sótano. Son pequeños y verdes y llevan unos sombreros grandes y blanditos con su nombre escrito, como IGU1, IGU2 e IGU3, que dicen que quiere decir inerfas gnómica de usuario. Les pedí comida pero no me entendieron bien y lo único que hicieron fue dar saltos y cantar canciones. Yo creo que Sulyik es más listo que ellos.

¡Ah, sí!, Sulyik está aquí. La doctora Olga también le puso un casco en la cabeza. Al principio los gnomos le daban miedo pero ahora les ladra muy fuerte. Hemos encontrado un sitio con hierba y agua para que corra. Le hablé a la doctora Olga del tilo de detrás de nuestra casa donde le gusta enterrar huesos y le ha puesto un tilo en el sitio donde corre. A Sulyik le gusta.

La doctora Olga no puede venir a este sitio pero a veces nos habla. Su cara está en la pared como si la piedra fuera blanda y se moviera. Todavía no me ha dicho qué voy a tener que hacer pero, mamá, ¡¡¡te prometo que me esforzaré todo lo que pueda!!!

Zhenya (tu hijo)

∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞

Mamá:

Soy Zhenya, tu hijo.

Tenemos hambre. Yo no lo paso tan mal, pero Sulyik aúlla y frota la tripa contra el suelo.

La doctora Olga dice que hay un lugar donde hay comida y que nuestro trabajo es encontrarlo, pero no podemos porque los caminos entre los sitios están cambiando todo el tiempo. Cuando recorremos todo el castillo al final deberíamos estar donde hemos empezado, pero resulta que no. Empezamos donde dormimos y acabamos en el sitio donde corre Sulyik. Empezamos en el sitio donde corre Sulyik y acabamos en el salón grande. Es como cuando me perdí en el parque Izmaylovsky y dijiste que era tonto porque cualquiera podía haber seguido las señales pero aquí no hay señales.

La doctora Olga no nos ayuda. Dice que si entreno la mente para ir del sitio de dormir al sitio de la comida y del sitio de la comida al sitio de dormir, entonces puedo encontrar el sitio del tesoro. Le pregunto que qué sitio del tesoro pero no me lo dice. Espero que ella no piense también que soy tonto. Aunque igual lo soy. A lo mejor Sulyik pasa hambre porque yo no soy lo bastante listo.

Zhenya (tu hijo)

∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞

Mamá:

Soy Zhenya, tu hijo.

¡Sulyik ha encontrado el sitio de la comida! Estábamos en el salón grande y se me escapó corriendo igual que en el laberinto de los espejos de la feria, con muchos Sulyiks en todas las direcciones. Luego ladró y volvió corriendo y me tiró de los pantalones, solo un Sulyik. Cuando intenté acompañarle otra vez había muchos Sulyiks y yo no sabía a cuál seguir. Entonces me trajo un plátano y me puse todo contento porque me acordé de la vez en que me pude comer uno para mi cumpleaños, pero los gnomos me lo quitaron antes de que me lo pudiera comer. Los perseguí pero los gnomos son muy rápidos.

Se lo conté a la doctora Olga y ella dice que debería ser más flexible. Que después de todo solo tengo ocho años y mis vías neurales están frescas y que no es tan difícil si Sulyik puede hacerlo.

La doctora Olga no conoce a Sulyik. Es un perro listísimo. No puedo ganarle al escondite ni siquiera con los ojos abiertos. Cuando lo veo escaparse corriendo hay muchos Sulyiks por todas partes así que no me sirve de nada. Pero cuando lo veo en algún sitio y voy a cogerlo, no puedo saber hacia dónde corre ni lo deprisa que va.

Los gnomos miran y se ríen y cantan ¡jai-sen-ber!, ¡jai-sen-ber!, ¡jai-sen-ber! Pero no me enfado con ellos. ¡Mi Sulyik es más listo que yo!

Sigo teniendo hambre.

Zhenya (tu hijo)

P. D.: Mamá, ¿fuiste al hospital? ¿Ya estás buena?

∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞

Mamá:

Soy Zhenya, tu hijo.

Tengo miedo, mamá. Los gnomos me hacen jugar a un juego y me pegan cuando pierdo. ¡Y me hacen mucho daño! Sulyik intenta impedirlo pero entonces también le pegan a él. Y la doctora Olga no viene cuando la llamo.

Es un juego difícil. Los gnomos tienen una gran caja dorada con dos habitaciones y una pared de papel y en la pared no hay puerta. Me ponen en una habitación junto a la pared y se van. En la pared hay pintado un dragón, rojo y negro. Los gnomos dicen que tengo que pasar a la otra habitación porque si no el dragón se me comerá.

Pero el dragón no viene. Los gnomos vuelven después y me preguntan, ¿por qué estás todavía en esta habitación? Y entonces me pegan y me lo hacen repetir.

Una vez rompí la pared de papel y pasé a la otra habitación, y se enfadaron mucho y me pegaron muchas veces y dijeron que no tenía que hacer eso. Un túnel, me dicen, utiliza un túnel, pero el suelo es duro y ni siquiera tengo una pala.

¿Qué puedo hacer, mamá? Sé que tengo que esforzarme por ti, pero ¡es que me hacen daño!

Zhenya (tu hijo, que espera una carta tuya)

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Mamá, el dragón vino. Vino y yo tenía mucho miedo. Y atravesé la pared y no se rompió. Pero entonces vino también al otro lado y yo no podía escapar. ¡Y me quemó! Me quemó mucho, mamá.

Lo siento, mamá. Seguro que hice algo muy mal, pero no sé qué. Por favor, ¿me puedo marchar ya? Sé que necesitamos rublos pero es que tengo miedo. Por favor, mamá, ¿puedo?

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Mamá:

Creo que soy Zhenya, tu hijo, pero no estoy seguro.

Nada es seguro. Eso es algo que entiendo ahora. Todo es y no es. El dragón me ayudó a entenderlo. Una pared no es una pared si estoy en todos los sitios.

Ahora puedo encontrar el sitio de la comida, si todos mis yos lo buscan. Todos mis yos no encuentran todos los sitios de la comida, pero uno de mis yos sí que encuentra uno.

No sé por qué antes yo estaba todo en un sitio. Creo que todas esas pequeñas partes de mí podrían haber estado en muchos sitios distintos pero que no se ponían de acuerdo. Tiraban en direcciones distintas como en esa historia del carro y los caballos y por eso no se movían. Ahora todas mis partes están de acuerdo y yo estoy en todos los sitios en los que quiero estar.

Ah, sí, y la doctora Olga ha vuelto. Yo estaba enfadado por lo del dragón pero ella me dijo que tranquilo porque podré volver a casa pronto. Mamá, tú siempre me has dicho que no abra la boca cuando esté con las tías y los tíos. Y con la doctora Olga lo intento de verdad pero ya no me cae tan bien.

Ella dice que mis vías neurales han cambiado. Un milagro de tavularasa, dice. Una mente joven puede aprender a pensar cánticamente en un entorno cántico simulado. Creo que tenía muchas ganas de hablar porque dijo muchas más cosas sobre cómo ha demostrado que el cerebro de alguien que se llama Penrous es real, lo que es una tontería porque cómo no va a ser real un cerebro. Entonces me miró muy raro y lloró. Le pregunté por qué, y dijo que muchos tíos y tías importantes se iban a alegrar mucho y que pondrían su nombre en libros, que supongo que es importante igual que cuando consigues un récord Gines por el pastel tan grande que has hecho.

A mí no me importa nada de eso, mamá. Lo único que quiero es volver a casa.

Zhenya (probablemente tu hijo)

∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞

Mamá:

Somos Zhenya, tu hijo.

Ahora todos mis yos sabemos porque la doctora Olga nos lo dijo que tenemos que escribir con claridad porque no nos entiendes. ¿Por eso no me escribes cartas, mamá? Lo siento. Es que tengo muchas ganas de que escribas.

Encontré el sitio del tesoro. Está en el tejado, con las estrellas encima mismo. El tesoro es una cosa de metal que cruje tan grande como una casa. Supe lo que era en cuanto lo vi porque los gnomos estaban a su alrededor en corro, con el gorro en la mano cantando: «¡Tesoro!, ¡tesoro!, ¡tesoro!».

No estoy seguro de que sea un tesoro muy bueno si los gnomos te tienen que decir que eso es lo que es. Y a Sulyik no le gusta. Lo llamé para que se acercara pero él no hacía más que ladrar y no se quiso arrimar.

Da igual, a mí el tesoro me pareció interesante. Hay un montón de mandos que puedes mover, es como un gran erizo amarillo, con piezas redondas que giran y que cuando miras nunca están en el mismo sitio. La doctora Olga dijo que ella no podía entender el tesoro porque es un motor cántico y necesita un cerebro cántico pero que yo debería entenderlo porque tengo uno.

Y tiene razón. Cuanto estoy en todos los sitios a la vez, empiezo a manejar el tesoro y los mandos se convierten en mis brazos igual que si estuviera dirigiendo una orquesta, y lo entiendo todo. Pero da miedo cuando eso pasa, mamá. El castillo se vuelve blando, como si fuera de plastilina y lo tuviera en las manos, y puedo modelarlo.

Al principio lo de modelarlo se me daba muy mal y rompí el sitio de la comida. Saltaron chispas por todas partes y la doctora Olga dijo que la pila se había desbordado aunque no sé por qué porque yo no he visto ninguna pila de fregar en el sitio de la comida. Y luego aprendí a estirar el castillo de forma que por cada parte fina haya una gruesa y así no se rompa. Lo estiré más y más hasta que a través de él vi otros castillos.

Mamá, hay muchos castillos igualitos a este salvo por alguna pequeña diferencia. Otros son muy distintos. Y cuando estiro más con los mandos, puedo abrir agujeros por los que se va a esos otros castillos y pasando por ellos ¡puedo estar en todos los castillos a la vez!

La doctora Olga dice que debería coger habitaciones y luz de los otros castillos y traerlas aquí para que tengamos más energía. Lo hice pero creo que hay otro Zhenya y otro Sulyik en cada uno de los otros castillos y que no les gustó, porque se oyó un ruido muy fuerte y el castillo se movió mucho y algunos gnomos gritaron y se cayeron al suelo. Y ahora tienen sangre verde en el gorro y ya no se mueven.

La doctora Olga dice que no me preocupe, que es un fallo del sofgüe y que además ellos no son importantes. A mí no me gustan los gnomos pero no me parece bien que diga eso. El tesoro les ha hecho daño y todo es culpa de ella.

Tengo miedo, mamá.

Zhenya (tu hijo, lo somos)

∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞

Mamá:

Hoy la doctora Olga me dijo que utilizara el tesoro para mirar fuera del castillo a esa habitación grande donde Sulyik y yo nos quedamos dormidos. Moví los mandos para estirar el aire y nos vi durmiendo en una mesa larga, a Sulyik y a mí. Las tías y los tíos estaban trabajando a nuestro alrededor y en el centro de la habitación había una caja grande de metal, que zumbó y lanzó destellos cuando moví los mandos del tesoro.

Creo que la caja de metal es como el tesoro salvo que está en Moscú y no se mueve. Cuando utilicé el tesoro y la caja empezó a hacer ruidos, todos los tíos y las tías parecieron muy excitados pero no se asustaron. Y yo pensé que yo era tonto porque tenía mucho miedo.

La doctora Olga me dijo que utilizara el tesoro para abrir otros Moscús, igual que había abierto otros castillos. Pero cuando estiré la habitación grande hasta dejarla fina vi que unas cositas malas salían muy deprisa de la caja de metal. Y que chocaban contra la doctora Olga y los tíos y las tías así que paré.

Los tíos, las tías y la doctora Olga no me creyeron porque ellos no veían las cositas malas. La doctora Olga dijo que tenían contadores Gueijer y cámaras de yones y que no había nada. Dijo que tenía que usar el tesoro para conseguir energía de otros Moscús porque solo yo tenía un cerebro cántico y que el mundo entero estaba esperando y que además Sulyik quería que lo hiciera.

Dije que no. No creo que Sulyik quiera que haga una cosa mala. Le pregunté y me lamió pero eso no está mal. Lo único que Sulyik quiere es dormir al sol a mi lado debajo del tilo.

Cuando le dije eso a la doctora Olga ella me dijo que no me puede dar rublos si yo no ayudo con el tesoro.

Creo que a lo mejor eso es importante pero algunos de mis yos ya no están seguros. En algún Moscú, siempre, la doctora Olga me da rublos. En algún Moscú, siempre, no me da rublos. Las dos cosas pasan siempre. Tú estás enferma y estás bien siempre, mamá. Alguna tú, en algún Moscú.

Si eso es así siempre, ¿por qué debería ayudarla? Todo pasa, siempre, en algún sitio. Pero esas cositas malas son malas en todas partes.

Zhenya (tu hijo, lo somos)

∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞

Mamá:

Vale, mañana ayudaré a la doctora Olga con el tesoro. Vale, vale, la ayudaré.

Todos mis yos queremos a Sulyik. Cuando la doctora Olga dijo que iba a hacerle algo malo a Sulyik pensé que hay otros muchos Sulyiks en otros sitios, que no puede hacerle algo malo a todos los Sulyiks y que no nos pasará nada. Pero la doctora se llevó del castillo a Sulyik y cuando usé el tesoro lo vi solo, junto a la mesa donde estaba mi cuerpo, allá en Moscú. Parecía muy triste con la cabeza toda afeitada. La doctora Olga llegó y se lo llevó, y ahora no lo veo pero ladra muy fuerte como si le doliera algo, y me cuesta acordarme de que hay otros Sulyiks en otros Moscús.

No creo que la doctora Olga sea buena. Creo que a lo mejor nunca ha sido buena. Creo que a lo mejor cuando nos prometió los rublos en realidad no lo decía en serio.

Por favor, pídele que me devuelva a Sulyik. Me portaré bien, lo prometo. Haré todo lo que ella quiera.

Zhenya

∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞

Mamá:

Zhenya, hijo.

Pongo esta carta en mesa. No miedo. No chilles.

Sí esconde bajo cama. Bajo cama segura. No abras ventanas. No salgas fuera. Moscú no seguro. Humo hambriento malo.

Yo te protejo.

Perdón escribo poco. Solo tengo dedos si pienso mucho.

Zhenya

∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞

Mamá:

Zhenya de nuevo. Ahora tengo más tiempo así que puedo escribir mejor.

Por favor, sal de debajo de la cama. No me mires así. ¿No te alegras de que esté de vuelta? Sé que doy miedo pero al menos tengo suficiente fuerza para tener ojos y dedos. No puedo hablar pero puedo escribirte cartas.

He visto que te llegaron todas las cartas que te escribí. Debes de haber estado muy ocupada en el hospital si no has podido responder. No pasa nada. Me alegro de que después de todo la doctora Olga te diera los rublos. Pareces más fuerte.

Pronto yo también estaré más fuerte, mamá. Tendré brazos, muchos, muchos brazos, y te abrazaré, y estaremos juntos. ¿Verdad que será estupendo, mamá? Tú siempre me cuidaste incluso cuando hacía tonterías y me portaba mal, y ahora yo te cuidaré a ti y no dejaré que nunca, nunca, nunca te vayas. ¿A que será genial?

Pero no tendremos a Sulyik. Murió, mamá. Cuando arranqué el tesoro, la caja de metal en la habitación de la doctora Olga gruñó y Sulyik salió corriendo y ladrando de un armario. Y entonces el aire se estiró y se rompió, y por ahí salieron muy deprisa todas esas cositas malas. Se juntaron y formaron el humo hambriento que fue volando haciendo zzz, zzz, zzz, igual que un montón de abejas negras.

Yo paré el tesoro pero ya era demasiado tarde. El humo hambriento siguió zumbando y rodeó a Sulyik, que no dejaba de ladrar, y entonces el humo hambriento se comió su cabeza y yo no pude hacer nada.

Pensé que a lo mejor no pasaba nada porque hay otros Sulyiks en otros Moscús pero no me quedé tranquilo. No me quedé nada tranquilo, mamá.

Entonces el humo ladró como Sulyik, tristemente y con fuerza. Ladró un montón de veces mientras se comía a todas las tías y los tíos, y a la doctora Olga también. La doctora Olga chilló mucho rato y pensé que a lo mejor quería otro récord Gines pero se calló y el humo también se comió su cabeza.

Después de eso el humo dejó de ladrar y susurró cosas, muy bajito como la doctora Olga: «¡Quitar, quitar, quitarnos! ¡Robarnos! No, niño, no. ¡No, no, no!». La última cabeza que se comió fue la mía, porque yo estaba en la mesa y no podía correr. Cuando le oí acercarse («¡Niño! ¡Niño! ¡Niño!») corrí al castillo pero el castillo se quedó a oscuras así que volví. Me asusté muchísimo y retorcí los mandos del tesoro y la caja de metal rugió, y rasgué el aire entre el castillo y Moscú, y pasé por ahí, todos mis yos de todas las partes.

Intenté volver a utilizar mi cuerpo pero no pude. Normal el humo hambriento se había comido mi cabeza. Pero no me dolía porque yo estaba en todas partes a la vez.

No te preocupes por mí, mamá. No pasa nada.

Siento lo de Moscú. No pude ayudar a todos los tíos y tías y niños y niñas y abuelos y abuelas. Siento lo de la sangre y los gritos. Me dan ganas de llorar pero no tengo lágrimas. Y además no creo que llorar sirva de nada.

No pude proteger a todo el mundo pero al menos te protegí ti. El humo no entrará en el apartamento, no te preocupes, mamá. Creo que está muy enfadado porque intentamos robar de su Moscú, y se vuelve más listo cuando come cabezas igual que yo cuando leo libros, pero tú me tienes a mí y yo también soy listo, y estoy en todas partes.

Ahora tengo que atrapar al humo hambriento. Espero que pueda usar la caja del tesoro metálica de la doctora Olga y estirar el aire, y mandarlo entero de vuelta a casa. Y entonces vendré a buscarte. Tú solo espera.

∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞

Mamá:

Atrapé un montón de humo hambriento y lo mandé a casa. Le prometí que no volveríamos a robar de otros Moscús pero él gritó: «¡Desplaza la curva! ¡Acaba con el chico! ¡Métrica retorcida!». Sonaba igual que un montón de tíos y tías y abuelos y abuelas y niñitos también, feliz y triste y enfadado y tranquilo. Creo que a lo mejor no le sentó bien comerse todas esas cabezas. Creo que a lo mejor eso lo dejó confundido.

Estoy en casa, mamá. Ahora mismo estoy sentado a tu lado, aquí en el sofá. ¿No notas mis dedos en la espalda? ¿No ves cómo se mueven las cortinas? Soy yo, mamá.

Sonríe, mamá. Por favor, ¿por qué no sonríes? Cuando termine de atrapar todo el humo, estaremos juntos para siempre. Incluso podremos ir a París como siempre querías. No creo que el humo llegara a París.

Pero antes de eso, ¿me puedes ayudar? Abre la puerta de casa. He dejado ahí a Sulyik. Tiene la piel pegajosa y no tiene cabeza. ¿Puedes lavarlo, mamá? ¿Puedes enterrarlo en el jardín debajo del tilo?

Cuando murieron todos me pareció que estaba triste pero no estaba seguro. Hay muchos Moscús y este es solo un Moscú, así que ¿por qué va a ser importante?

Pero entonces me acordé de Sulyik. Al final resultó que solo había un Sulyik que importara. Eso quiere decir que siempre habrá un único Sulyik. Yo lo recordaré, todos mis yos, seguro.

Sulyik me enseñó eso. Que incluso siendo cántico todavía puedo estar seguro de algunas cosas.

Zhenya (tu hijo, todos mis yos, seguro)

© 2011 Tom Crosshill

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17 respuestas a Mamá, somos Zhenya, tu hijo, de Tom Crosshill

  1. Gilberto Quintero dijo:

    Gracias, gracias, ¡gracias!
    Gracias por este cuento tan bonito que, a mi parecer, es verdaderamente una joya, de lo mejor que he leído, una clara muestra de lo que es la auténtica literatura de ciencia ficción. Me encanta realmente como el género puede manejar la estética de las ideas, la maravilla del extrañamiento que precede al entendimiento de lo aparentemente incomprensible, con toda la compleja humanidad de trasfondo, y este es un claro y magnífico ejemplo.

    Gracias por traer a nuestro alcance obras que difícilmente se traducirían, autores tan poco conocidos pero tan valiosos y actuales.
    Y vaya que este relato es toda una celebración y un homenaje a esa magna obra que es Flores para Algernon, libro que considero que uno de los mejores obsequios que alguien pudiera hacer tratándose de libros. Pero sobre todo es una celebración para este extraordinario y magnífico blog, a este “quehacer” rebosante de regocijo que con tanta pasión nos compartes.

    Y gracias por la hermosa traducción. Recién en las fiestas fue uno de los relatos que “leí” en inglés. Eres la culpable que esté bregando, a pesar del idioma, con las antologías de Dozois, Hartwell y Strahan. Ahora que lo puedo degustar en castellano no puedo sino reiterarte mi admiración por tan preciosas y cuidadas traducciones: he podido ahora paladear el estilo, el ritmo y las sutilezas de este contundente cuento, su tono, su artesanal aunque aparentemente simple evolución. Como decía Connie Willis, lo haces tan bien que haces que parezca fácil.

    Y gracias, con sonrojo incluido, por la mención, la dedicatoria y la complacencia.
    Un fuerte abrazo, Marcheto, con muy grande admiración.

    • umarcheto dijo:

      Hola, Gilberto. Me alegro mucho de que el cuento te haya gustado. La verdad es que ya tenía decidido intentar tener en el blog un cuento de Tom Crosshill cuando tú pusiste tu comentario, pero el relato que pensaba proponerle no era este, sino Fragmentation, or Ten Thousand Goodbyes, que me pareció precioso y que, tal vez por motivos más personales, me caló muy hondo. Pero a raíz de tu sugerencia releí Zhenya, que también me había gustado en la primera lectura, y en la relectura me gustó todavía más, y eso junto con el hecho de que sea en sí mismo un homenaje a Flores para Algernon y de que fuera una de vuestras peticiones (para que veáis que os hago caso), inclinó finalmente la balanza hacia Zhenya. Aunque bueno, si Tom se deja, igual algún día podemos tener también por aquí Fragmentation. 😉

    • Gilberto,

      Muchas gracias por sus hermosas palabras. Me alegra muchisimo escuchar que mi cuento le ha caido tan bien! La escritura suele ser una profesion un poco solitaria, y leer una reaccion asi siempre me emociona (y me da energia para seguir con la lucha 🙂

      Tom

      • Gilberto Quintero dijo:

        Estimado Tom:

        Yo soy el que le tiene que decir: Muchas gracias por sus hermosas palabras. Palabras profundas, evocadoras, llenas de arte y significado, palabras con oficio y corazón. Su cuento no sólo me ha caído bien, me ha fascinado. Es un relato hermoso, verdaderamente especulativo, sorprendente y,sobre todo, muy bien escrito. Leo ciencia ficción desde 1980 y me gustan especialmente las historias cortas, he leído miles de relatos cortos del género y puedo decirle que “Mamá, somos Zhenya” es ya uno de mis favoritos junto con “Fragmentation, or ten thousand goodbyes” que me impactado profundamente y que a mi parecer debió haber ganado el premio Nebula 2012. Leyendo su entrevista en http://authors-translators.blogspot.mx/2013/10/tom-crosshill-and-his-translators.html se que ha estado en Cuba y habla y lee español, lo cual es motivo de un gusto extra. Su prosa además de inteligente es literaria y poética, madura y precisa, reivindica al género y le brinda calidad. Actualmente estoy leyendo “A well-adjusted man” y me causa un gran regocijo cómo el sentido de la maravilla está más vivo que nunca. Gracias Tom por eso.

        Es un placer encontrarlo en este blog, motivo extra para felicitar a Marcheto. Y es un placer aún más grande que mi opinión le cause emoción y le brinde algo de energía para seguir con su lucha literaria, la cual celebro y aplaudo desde México.

        Un fuerte abrazo con gran admiración.

  2. Original,brillante, tiene la simplicidad de los grandes relatos de la era Campbell. Gracias,por compartir esta gema.

  3. Cristian dijo:

    Es un cuento muy lindo. Felicidades por este grandioso blog. No queda más que agradecerte por tu excelente trabajo. ¿Qué tal si traduces algo de Tim Maughan o Jonathan Lethem?

    Larga vida a Cuentos para Algernon.

    • marcheto dijo:

      Hola, Cristian.
      Gracias por tus palabras. Me alegro de que te interese el blog.
      En cuanto a tus sugerencias, tomo nota de lo de Tim Maughan. Y en cuanto a lo de Jonathan Lethem, he leído un par de novelas suyas que me gustaron mucho (sobre todo Motherless Brooklyn) y tengo en la pila uno de sus libros de relatos. Así que si por mi fuera seguramente estaría encantada de tenerlo por aquí. Ahora bien, siendo realista me temo que autores con el prestigio y la fama de Lethem quedan fuera de mis posibilidades. Para empezar, resulta imposible contactar directamente con ellos. Y en el par de casos en los que ante situaciones así he conseguido averiguar quién era el agente literario y lo he intentado por esa vía, los resultados han sido negativos: en un caso un rápido, profesional y rotundo “NO”, y en el otro todavía estoy esperando la respuesta de la agencia literaria que lo representa (se trata de un escritor de características similares a Lethem). Así que me temo que lo de Lethem no podrá ser. Y bien que lo siento. 😦

      • Cristian dijo:

        Hola
        Comprendo, tienes mucha razón, con Lethem debe de ser bien complicado. Paisaje con muchacha me pareció muy interesante, y alguna vez leí un relato suyo en la antología de Generación Quemada, llamado Autoapartamento, y la verdad es que me resultó un cuento tremendo; muy recomendable.
        Por lo pronto, me alegra que tengas en cuenta a Tim Maugham, me gustaría mucho leer uno de sus relatos de los que se habla tan bien.
        Te agradezco que hayas respondido al comentario, y espero que este hermoso proyecto que llevas adelante siga por mucho tiempo, y sobre todo, siga siendo igual de acogedor.

        • marcheto dijo:

          Como te decía, tengo pendiente de leer un libro de relatos de Lethem. Y si me gustan (que me temo que va a ser que sí), te aseguro que al menos un intento haré. Total, de perdidos al río. 😉
          Y lo de Maughan es curioso, se habla mucho de sus relatos, pero en realidad creo que solo ha escrito media docena. Y me temo que yo solo me he leído uno (que estaba bastante bien, eso sí). Bueno, habrá que ponerle remedio cuando se pueda.

  4. Pedro LM dijo:

    Excelente relato. Muy Algernon en forma y muy original en fondo. Me ha sorprendido su toque “cántico”. Había leído algunas (pocas) ficciones especulativas que intentaban explorar esta rama de la física y, la verdad, este relato las supera a todas.

    Enhorabuena a Tom por el relato (un lujazo leerte por aquí) y a Marcheto por la selección y traducción.

    • marcheto dijo:

      Hola, Pedro. Me alegro de que el cuento te haya sorprendido y gustado. Porque además, para que los amantes a la «ciencia ficción dura» no se quejen (puesto que la verdad es que hasta ahora no es que haya abundado en el blog), qué mejor que un cuento con al menos un toque “cántico”. 😉
      Y lo de Tom es efectivamente un lujazo doble: por el relato y por sus comentarios.

  5. Farenheit dijo:

    Acabo de leer el relato y aún tengo la piel de gallina! Que lujazo de relato! De lo mejor que he leido en mucho tiempo.
    Gracias a Tom por el relato y a tí marcheto por cada relato tu selección y traducción!

  6. Juanfran dijo:

    Muchas gracias una vez más. Ya que no os lo pagamos con rublos, por lo menos con cariño y comentarios. 😉

    • marcheto dijo:

      A ti por dejar tu comentario. Porque aunque a veces tarde en contestar (por lo que pido mil disculpas), de verdad que agradezco vuestro apoyo (aunque no sea económico) y el saber que hay alguien que lee los cuentos.

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