Las siete pérdidas de Na Re, de Rose Lemberg

Las siete pérdidas de Na Re es un relato muy breve de Rose Lemberg, una escritora totalmente desconocida por aquí.

Rose Lemberg es una emigrante de tres países (antes de trasladarse a EEUU, donde reside actualmente, vivió en la frontera polaco-ucraniana, en la Rusia subártica y en Israel) que, desde que en 2007 comenzó a escribir en inglés, ha publicado varios relatos y poesías en diversas revistas del género. También es coeditora de Stone Telling, una revista dedicada a la poesía especulativa.

Las siete pérdidas de Na Re (Seven Losses of Na Re) apareció por primera vez en mayo del año pasado en Daily Science Fiction, y va a ser incluido en la antología editada por Jeff y Ann Vandermeer dedicada a la ficción especulativa feminista que está previsto que se publique próximamente. Según la propia autora, es una historia de realismo mágico sobre los judíos soviéticos, inspirada en la historia de su familia y en los dos años que ella misma pasó viviendo de niña en Vorkutá, una antigua ciudad gulag rusa situada justo al norte del círculo ártico.

Y, por si la brevedad del relato y mi recomendación no son suficientes para animaros a leerlo, os diré que yo llegué a él tras ver la entusiasta recomendación de Aliette de Bodard (a la que este relato, y cito textualmente, «hizo llorar»). Y que Ken Liu ha dicho que le gustaría «ser capaz de escribir algo así de bueno algún día».

En esta ocasión, mi agradecimiento a Rose Lemberg es doble, porque no solo me ha permitido traducir y ofreceros su cuento, sino que amablemente ha respondido a todas mis dudas y consultas sobre el mismo (que han sido unas cuantas, tanto lingüísticas como culturales) y me ha aportado sugerencias muy valiosas a la hora de traducirlo. Así que, thanks a million, Rose, for your wonderful story and for all your help with the translation.

Por último, a continuación del cuento he incluido algunas notas y comentarios que creo que pueden ayudar a comprender mejor algunos detalles del mismo. Y espero que, a pesar de que se trata de un relato bastante distinto a todos los que han aparecido anteriormente en este blog, os guste tanto como los anteriores.

ACTUALIZACION I: Aunque en esta ocasión haya tardado un poco más, ahora sí que ya tenéis disponible en Google Drive el zip con el cuento en formatos EPUB, FB2 y MOBI. ¡Disfrutadlo! Y, como siempre, gracias a Johan y a Jean Mallart por su colaboración.

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Las siete pérdidas de Na Re

Rose Lemberg

Una

Mi vida viene descrita por la música de violines mudos. Cuando mis padres se casaron, mi bisabuelo, que la tierra le sea leve, subió al estrado para los invitados especiales, con el viejo violín apretado contra el pecho. «Y ahora el zeide tocará la melodía nupcial», dijeron. «Una bendición especial», dijeron, una sgule, una bendición regia. Pero el arco se le cayó de entre los dedos.

Dos

Cuando nací, mis padres no pudieron ponerme un nombre. Querían un nombre na Re, que quiere decir «que empiece por la letra R», por mi bisabuela. Al nacer, a ella, la brillante hija de un zapatero shlimazl sin un céntimo, la habían llamado Rukhl. Cuando la revolución trastocó los arquetipos, la llamaron Rajil’ka: una especie de Rukhl planchado, con botones de bronce, apropiado para el brillante futuro soviético. Más adelante, incluso Rajil’ka pasó a ser demasiado burgués, así que mi bisabuela cambió su nombre a Roza, como la hermosa comunista judía de la película propagandística Buscadores de la felicidad, que fue prohibida mucho antes de que yo naciera. Y para cuando yo nací, Rajil (o, todavía peor, Rukhl) era un nombre que la gente educada nunca pronunciaba. Y Roza había quedado reservado para las pescaderas gordas y viejas de Odessa con un lunar en el labio superior.

Además de Roza, mis padres también descartaron Regina (pretencioso), Renata (pretencioso), Rima (plebeyo), Rita (vulgar), Raisa (peor que Rita), Rina (demasiado judío), Roxana (demasiado ucraniano), Rostislava (demasiado ruso) y Raya («no me gusta y punto»).

Na Re esquiva los nombres… esquiva el resto de sonidos que me harían demasiado pretenciosa, demasiado inculta, demasiado burguesa, demasiado comunista, demasiado judía, demasiado gentil. La letra «R» no tiene una historia detrás. La letra «R» intenta no acordarse de Stalin.

Tres

Sin embargo, ninguna letra del alfabeto consigue evitar acordarse de Stalin. La represión comenzó antes de 1937 y duró hasta mucho después. A mi abuelo se lo llevaron porque era historiador.

Historia y memoria no son lo mismo. La historia debe ser escrita, confeccionada, organizada. A la memoria la meten en trenes transiberianos, como si fuera ganado; la memoria desaparece en campos de trabajos forzados; la memoria se consume y debilita por el hambre; la memoria muere congelada bajo unos troncos caídos; la memoria se funde sin dejar rastro. Mi abuelo recuerda. Se dedicó a elaborar un diccionario de sinónimos rusos en su cabeza y eso fue lo que lo mantuvo vivo. Allí no podía hacer historia. Ni pudo desde entonces.

Nieve: cellisca, escarcha, permafrost, neviza, duchas frías desnudo en la nieve (véase también «castigo»), ventisquero, aguanieve, helada, hielo, nevero, ventisca, ausencia, mi niñita está a salvo lejos de aquí, nevasca.

Nevasca que lo borra todo.

Cuatro

A mi abuelo lo liberaron en 1965. Stalin estaba muerto, y también Beria. Mi abuela, la hija de Roza, se había prostituido, o eso es lo que creía mi abuelo, porque ya no se acordaba de su niñita. Y una vez terminó de chillarle, mi abuela dejó de existir para él, fundiéndose como la ausencia sobre unos troncos, enterrada bajo Siberia, desaparecida. La historia la conforman sucesos y procesos, la historia la conforman archivos llenos de crujientes legajos. Y entrevistas mantenidas verbalmente en la seguridad del futuro, bajo la protección de un encargo rutinario y relucientes equipos grabadores. La memoria compacta el permafrost bajo la piel. Cuando la piel se funde, no nos queda nada.

Mi abuelo se marcha… no deja de marcharse; se lo llevan unas personas que vienen por la noche. Solo dicen cuatro palabras. Siempre las mismas. S vesh’ami na vykhod. Que más o menos quiere decir: «Coge tus cosas y fuera». Una bolsa pequeña. Siempre vienen a buscarte por la noche. En 1937, vinieron a por mí, pero se adelantaron unos setenta años. Debajo de la cama tengo siempre una bolsa pequeña con lo básico, por si acaso. Cigarrillos (aunque nunca he fumado): la moneda de cambio de los campos de trabajo, canjeable por comida y papel.

Mi abuelo se marcha… no deja de marcharse. En 1965 se lo llevan unas personas con abrigos fantasmales, tan familiares que se han convertido en su familia. Mi abuelo no tiene familia. Está huérfano de nieve en la que enterrarse, para así encontrar el camino de vuelta a la bolsa que tenía preparada bajo la cama, al miedo que le impedía dormir y a la calidez del aliento de mi abuela a su lado.

La historia no es así.

Cinco

Mi madre se marchó cuando yo tenía cinco años. Es arquitecta de permafrost. Cavan hondo, para poner los cimientos, dice, tan resistentes bajo la nieve que aguanten incluso cuando la Tierra vierta toda el agua, en ese gran deshielo que hará correr el dolor del pasado formando arroyos que serán absorbidos por esa Tierra de nuevo moldeable.

Ella cava buscando a su padre.

No quiere que mencionemos su nombre. Yo al menos tengo una letra. Él no tiene nada, solo los cimientos de hormigón embutidos a martillazos en el permafrost y la gente de la noche que nunca deja de venir a buscarte.

Seis

Cuando llegaron los alemanes, mi abuela cosió todas sus joyas por la parte de dentro de un edredón blanco. Tenía una docena de edredones de esos, de fondo blanco con bordados blancos de copos de nieve, flores, estrellitas… Ya antes de la evacuación preparó la bolsa con su equipaje. Salió con ella, aferrando sus tesoros (los de su madre, su tía, su abuela…), detalles comprados por enamorados, maridos y madres que habían pasado hambre para ahorrar para una esquirla de diamante, para una limadura de un reloj de oro. Por aquel entonces, te quiero significaba un trocito de arenque que permitía aguantar toda la semana, significaba pasar frío y quedarse levantado toda la noche cosiendo, para así tener un par de pantalones más que vender. Mi abuela cosió los te quieros familiares al edredón.

No quería hablar de cómo se perdió.

A veces me la imagino corriendo de noche en camisón detrás de los policías fantasma, gritando, «¡Lleváoslo!, ¡lleváoslo!», porque eso es lo que se cuenta, que debes trocar tus tesoros por tu vida, y si pasan por alto tus tesoros, se llevarán tu vida, aunque es posible que más adelante te la devuelvan, destrozada, sin recuerdos; aunque te abandonará de nuevo, y esta vez para siempre, ese vacío con forma de vida que atormenta y maldice a sus torturadores: la esposa, los hijos… los que nunca debieron existir.

O a lo mejor mi abuela entregó el edredón a cambio de pan durante la larga huida de la guerra, del lugar donde gemían las sirenas; o a lo mejor simplemente se llevó el edredón equivocado y sus te quieros se fueron hundiendo en la tierra aplastados bajo el creciente montón de cadáveres.

Cuando mi abuela murió, me dejó su alianza de boda, lo único que no acabó en el interior del edredón. La dejó con un trocito de papel que decía, «Para mi na Re».

No quiero hablar de ello.

Siete

Mi abuela quería protegerme. Me hablaba en ruso, un ruso más puro que el permafrost, rígido como el diccionario, tabla de salvación de su marido. Pero su padre, el violinista, me enseñó yiddish en secreto. «Gedenk!», me decía, ¡recuerda! Guardaba su corazón dentro de la funda del violín, listo para partir, pero nunca vinieron a por él.

Mi abuela nos encontró un día, acurrucados en el extremo del sofá, envueltos en la calidez de nuestros cuchicheos prohibidos, cosiéndonos el uno al otro a la vida con finas hebras de memoria.

Al día siguiente, mi abuela me llevó a la logopeda. Una mujer llamada Rimma, otra Rukhl malograda, como yo. «Abre la boca», me dijo con amabilidad. Y con misteriosos instrumentos que lanzaban destellos argénteos y escarchados, raspó hasta limpiarme de mi otro idioma.

Epílogo de pérdidas

Todo acaba desapareciendo. Alianzas de boda e idiomas. Abuelos y ropa de cama. Padres y nosotros mismos. Nombres. Incluso el recuerdo de la pérdida termina por perderse. Incluso la nieve. Incluso la piel.

Somos descuidados y torpes. Nos deslizamos por la vida, esquivando la historia, convirtiendo la memoria en volutas de humo de los cigarrillos que tenemos guardados para las inesperadas visitas nocturnas de los fantasmas. S vesh’ami na vyhod. Coge tus cosas y fuera. Cuando los policías llegaron, no me encontraron en la lista. Na Re no es un nombre. Así que cogieron mi bolsa, se llevaron mis te quieros para que pasaran hambre y frío, para que perdieran el juicio y el habla, para que trabajaran año tras año. Y el único que se quedó atrás fue el anciano violinista, un patriarca de la pérdida, con los dedos entumecidos y llorando en medio del frío.

Todo se funde. Incluso las construcciones de mi madre en las profundidades de la Tierra.

Solo aquello que no es recordado no podrá perderse jamás.

Copyright © 2012 Rose Lemberg


Notas finales:

  1. Zeide, sgule y shlimazl son palabras yiddish. La primera quiere decir «abuelo» y la última, «desgraciado, con mala suerte». La segunda se explica en el propio cuento.
  2. Rukhl es la variante yiddish-ucraniana del nombre Raquel. Rajil es también Raquel, pero en ruso. Y Rajilka es un diminutivo de Rajil.
  3. Buscadores de la felicidad (Iskateli schastya) es una película de 1936 de los directores Iosif Shapiro y Vladimir Korsh, que cuenta la historia de una familia judía que emigra a Birobidjan, una república soviética autónoma judía cercana a la frontera con China que Stalin decidió crear en 1928, con la intención de que toda la población hebrea de la Unión Soviética se trasladara allí.
  4. Como creo que el problema del antisemitismo judío en la Unión Soviética no es demasiado conocido por aquí, quizás os pueda resultar interesante leer algo sobre este asunto para entender mejor el contexto del relato. Podéis encontrar abundante información sobre el tema en internet, aquí, por ejemplo.
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27 respuestas a Las siete pérdidas de Na Re, de Rose Lemberg

  1. Couto dijo:

    Magnífico. Muchas gracias por este regalo.

    • marcheto dijo:

      Hola, Couto.
      Gracias por dejar tu comentario. Tenía pendiente dedicar un tiempo a bucear por tu interesantísimo blog, así que, aprovechando que quería contestarte, lo he estado haciendo. Y reitero mi impresión anterior: muy, muy interesante. Y ya de paso aprovecho para invitarte a que si tienes alguna sugerencia sobre algún relato que crees que podría traducir (que seguro que tú sí las tienes), la hagas. Soy toda oídos dentro de las posibilidades que tengo con este blog. Por de pronto, ya me he bajado The Swan River Press Reader para echarle un ojo cuando tenga un rato. La verdad es que promete.

      • Couto dijo:

        ¡Muchas gracias por haberte paseado por el blog, Marcheto! Descubrir Cuentos para Algernon ha sido como reencontrar un tesoro perdido, ya lo considero un blog hermano (espero que esto no suene demasiado pretencioso por mi parte). El trabajo que realizas es admirable, y la calidad de las traducciones, indiscutible. Vaya, un regalo para todxs lxs que seguimos la llamada “literatura de género”.

        Si no la conoces ya, te recomiendo la página Weird Fiction Review y su sección 101 Weird Writers en la que, periódicamente, publican los relatos de autores contemporáneos (algunos más que otros) aparecidos en la antología The Weird Compendium. Seguro que te dará ideas.

        http://weirdfictionreview.com/category/nonfiction/101-weird-writers/

        • marcheto dijo:

          Muchísimas gracias por tus palabras, Couto. La verdad es que, poco a poco, han ido apareciendo bastantes páginas y blogs muy interesantes dedicados al género. Y como cada uno estamos eligiendo nuestro nicho particular, nos vamos complementando unos a otros y gracias a ello el panorama ahora mismo creo que es bastante variado y mucho más completo que hace unos años.
          Conocía la página que me recomiendas, pero la verdad es que la había visitado sobre todo para leer contenidos de No Ficción. A raíz de tu comentario he entrado en el apartado de Ficción y he visto que tienen varios relatos que prometen. A la sección de los 101 Weird Writers también le tendré que echar un ojo con más calma. Y la antología tiene una pinta fantástica, aunque son más de 1000 páginas. ¡Ay, tanto que leer y tan poco tiempo!

  2. Pingback: RoseLemberg.net » Interview at Strange Horizons, and a translation

  3. Xtian Romero dijo:

    Excelente. Te felicito por este blog. Es una iniciativa grandiosa. Sería estupendo que tradujeras algún cuento de Jeff Noon o de China Miéville! Me moriría de la dicha.
    Saludos!

    • marcheto dijo:

      Hola, Xtian.
      Muchas gracias y bienvenido.
      La verdad es que tanto Noon como Miéville son autores que asocio más con las distancias largas: del primero no he leído ningún relato y del segundo tan solo uno. Así que no eran de los autores que tuviera en mente para un futuro inmediato. De todas maneras, a raíz de tu comentario, he estado buscando y he visto que ambos tienen abundantes cuentos, así que voy a intentar echarle un ojo a alguno.
      Ahora bien, me temo que en caso de que haya algún cuento que me guste (que conociéndolos, seguro que los hay) creo que va a ser difícil llegar a contactar con ellos y que me hagan caso (con Noon se tiene que contactar con su agente, y de Miéville no he encontrado ninguna dirección de correo). Así que, si te digo la verdad, en estos dos casos lo veo bastante complicado, porque aunque consiguiera llegar a contactar con ellos, no sé yo si iban a estar dispuestos a cederme algún relato en estas condiciones (después de todo, ambos son bastante populares y venden libros por aquí). Aunque bueno, en mi opinión Jeffrey Ford juega en su misma liga y se mostró encantador y totalmente receptivo a mi propuesta. Así que no pierdas la esperanza, pero tampoco cuentes mucho con ello. Y si tú (o cualquiera) consigues la dirección de correo de Miéville, pásamela y entonces seguro que me animo a intentarlo.

  4. Pedro LM dijo:

    Gracias de nuevo por el cuento… y por tu enriquecedora introducción y notas sobre el mismo, que nos hacen leerlo con un poquito más de perspectiva.

    • marcheto dijo:

      Gracias a ti por pasarte de nuevo por aquí. Y me alegro de que la introducción y las notas te parezcan útiles. En este caso me parecía que un poco de contexto realmente podía ayudar a apreciar mejor el relato.

  5. Malapata dijo:

    Hola Marcheto
    Gracias por traernos un nuevo relato. Me han gustado sus imágenes, pero no he llegado a conectar con él.
    Como siempre quedo esperando lo nuevo que nos traigas.
    Un saludo

    • marcheto dijo:

      Hola, Malapata. !Qué bien tenerte de nuevo por aquí!
      La autora del relato escribe sobre todo poesía, y eso se nota muchísimo en el estilo de relato. Uno de los motivos por los que lo elegí (aparte de que yo sí que conecté con él, sobre todo tras una segunda lectura) fue porque era totalmente distinto a todos los anteriores del blog y, ya se sabe, en la variedad está el gusto. Y lo que también te puedo ir adelantando es que el próximo cuento está en las antípodas de este.

      • Malapata dijo:

        Una de las cosas que me gustan de tu selección de relatos es precisamente que no llego con ideas preconcebidas sobre lo que me voy a encontrar. Cada relato encierra su propio mundo y marca las diferencias con los anteriores, lo que añade interés al momento de empezar cada uno.
        Saludos

  6. Anabelee dijo:

    Gracias por la nueva entrega, me gusta la variedad de autores que vas escogiendo. Magnífico trabajo, como siempre.

    • marcheto dijo:

      Hola, Anabelee.
      Me alegra que te guste la variedad de autores, lo hago con toda intención. De esta manera creo que, aunque a nadie le van a poder gustar todos los relatos que elijo (tendría que tener el gusto idéntico al mío), casi seguro que cualquier aficionado al género (e incluso aquellos que no lo son) va a encontrar alguno que sí que le enganche. Además yo, como lectora, soy de las que necesito ir alternando autores y géneros, porque de lo contrario enseguida me canso. Así que ese mismo criterio es el que estoy aplicando en el blog.
      Gracias por haberte pasado por aquí y un saludo.

  7. Farenheit dijo:

    Magnifico relato que hace acongojarse, que nos parece muy lejana, pero que que la autora como nos comentas, vivío. Me ha impresionado, como con un relato tan corto es capaz de mostrarnos tantos sentimientos y hacer vivirlos. Gracias marcheto.

    • marcheto dijo:

      Sí, a mí también me impresionó bastante este relato cuando lo descubrí: el contraste entre forma (lenguaje totalmente poético) y fondo (una historia estremecedora, y más, como bien dices, sabiendo que se basa en la historia de la familia de la autora) me pareció arriesgado, pero plenamente logrado. Así que me alegro de que a ti también te haya gustado.
      Y muchísimas gracias por tu nueva visita para dejar tu comentario.

  8. Pingback: RoseLemberg.net » 2013 in review

  9. Pingback: Cuentos para Algernon Volumen I | Fantástica – Ficción

  10. Gilberto Quintero dijo:

    Yo se que este ha de ser uno de los relatos menos votados en la antología pasada, pero me acordé de él después de releer Escila. Y si Prudence y el dragón es el más tierno, Escila el más literario, éste es el más poético. ¡Aún más que el poema de Tim Pratt!
    Me gustaría leer más de la autora…
    ¡Un fuerte abrazo!

  11. Gilberto dijo:

    Gracias al blog de Odo me acabo de enterar que sale a la venta una antología feminista que incluye relatos clásicos y modernos, tanto de fantasía, horror y ciencia ficción, Sisters of Revolución, de los esposos VanderMeer. Y me ha complacido enormemente ver este relato a la par de verdaderas joyas de Ursula K. Le Guin, Carol Emshwiller, (otra de mis favoritas), Pat Murphy, Kit Reed (una de mis debilidades), James Tiptree (de quien me declaro admirador acérrimo) , así como Rachel Swirsky (amiga de este blog). Prueba de tu atinadísima selección y gusto, Marcheto.
    Insisto: no sólo eres una traductora genial sino una excelente editora.
    Muy merecida la inclusión para esta maravillosa autora, Rosa Lemberg, de la cual me sigo diciendo me gustaría leer más.

    • marcheto dijo:

      Hola, Gilberto.
      Sí, yo también me he enterado y le ha dado la difusión que se merece por Twitter, porque además tienes razón en lo de que está en inmejorable compañía.
      Este es sin duda uno de los relatos más controvertidos del blog. He leído comentarios de lectores a los que no le han convencido y otros en los que es el relato favorito de la antología. En cualquier caso, Rose Lemberg me parece una autora muy interesante a la que procuro seguir la pista, no solo como escritora sino también como editora, faceta en la que tiene muchísima más experiencia que yo. Aunque gracias una vez más por tus animos y tus amables palabras.

  12. Jorge Jaramillo Villarruel dijo:

    Me gusta la variedad de estilos y aproximaciones a la ficción, que compartes con nosotros. Este cuento es uno de los pocos que no me dice mucho. No lo veo mal, no diría que es un mal cuento, pues tiene suficientes elementos para considerarlo un relato bien logrado, y de calidad. Pero la voz narrativa no logró conectar conmigo.

    • marcheto dijo:

      Uno de los criterios que tengo a la hora de seleccionar los cuentos es que sean lo más variados posibles. Las aproximaciones al género fantástico son infinitas, y voy a intentar hacer un hueco en el blog a tantas de ellas como me resulte posible. Sé que hay lectores a los que no les ha gustado que en la antología se incluyan relatos tan dispares, que lo consideran un defecto, pero a mí como lectora eso siempre me ha parecido una virtud, así que pienso seguir en esa línea. Me alegro de que en este caso sí que estemos en sintonía (aunque este cuento en concreto no te haya entusiasmado).

      • Jorge Jaramillo Villarruel dijo:

        Cuando compro un libro de cuentos, espero que haya variedad dentro de unos límites sensatos o insensatos (dependiendo de la naturaleza de la colección, claro está). Algo que no me gusta de Bradbury es que sus libros de cuentos son, casi por completo, intercambiables. Escribía muy bonito y muy bien y muy poético y todo lo bueno que tú quieras, y no lo voy a negar, es uno de los mejores, pero te da la sensación de que todos sus libros de cuentos son iguales.

        Cuentos para Algernon me salió gratis y tiene una gran variedad de estilos y temas, y eso es lo que más aprecio de la colección, aunque haya dos o tres relatos que no me hayan gustado o que, incluso, me hayan desagradado. Todos los demás están tan buenos y son tan diferentes entre sí, que hacen de este libro (y de este blog) un ganador.

        Thanks a lot!

        • marcheto dijo:

          Muchísimas gracias. Por mi parte ya estoy planificando la cuarta temporada del blog, y te puedo garantizar que una de mis premisas es que la variedad mantenga esa “insensatez” que ha caracterizado a las anteriores. Advertido quedas. 😉

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