Lecturas recomendadas XVII (enero 2019)

Tras un paréntesis más largo de lo habitual, aquí va una nueva tanda de mis mejores lecturas de estos últimos meses:

. Mis memorias, de Miguel Mihura (Temas de Hoy, 1998): Este libro más o menos autobiográfico (tal vez menos que más) publicado en 1948 es sin duda la obra con la que más me he reído últimamente. De ahí que lo elija para abrir con todos los honores esta entrada.

. Exhalation: Stories, de Ted Chiang (Alfred A. Knopf, 2019): Continúo con la que va a ser la segunda colección de relatos de este autor, que está previsto se publique en inglés en mayo de este año. No lo hago por dar envidia, sino porque realmente creo que este va a ser uno de los libros del año dentro del género. Aunque la mayoría de los cuentos incluidos ya se han podido leer en otras publicaciones, la posibilidad de releerlos de nuevo y de disfrutar de un par de relatos inéditos de Chiang (que mantiene el nivel al que nos tiene acostumbrados) es algo que ningún buen aficionado a la ciencia ficción debería perderse. Ojalá la veamos traducida muy pronto por aquí.

. Parpadeo, de Theodore Roszak (Pálido Fuego, 2017; traducción de José Luis Amores): Raro es que un tocho de más de 700 páginas me enganche, pero Parpadeo, publicado originalmente en 1991, lo consiguió. La obsesión de su cinéfilo protagonista por Max Castle, un oscuro y casi olvidado director alemán de cine de serie B (y Z) desaparecido en misteriosas circunstancias en 1940, lo llevará a embarcarse en una investigación sobre su vida y obra, que terminará revelándole que detrás de las películas de Castle había mucho más de lo que podía parecer, y que el cine es en realidad una peligrosa arma. Llena de referencias al cine clásico y de personajes que en unos casos existieron (aparición estelar de Orson Welles, por ejemplo) y en otros cambian de nombre pero resulta evidente están basados en figuras reales, creo que esta intrincada y amena historia será disfrutada sobre todo por quienes tengáis una cierta vena cinéfila.

. Frost on Glass, de Ian R. MacLeod (PS Publishing, 2015): Si os ha gustado La chica picadillo, el último cuento publicado en el blog, ¿por qué no seguir descubriendo la obra breve de MacLeod? Este volumen recoge diez estupendos relatos y una novela corta inédita de este autor. A esto hay que sumarle varios textos de no ficción que en su mayoría tratan sobre el arte y el oficio de escribir.

. The Beauty, de Aliya Whiteley (Unsung Stories, 2014): Esta novela corta de esta autora británica transcurre en un futuro en el que una plaga ha matado a todas las mujeres y en el que los hombres que quedan saben que están condenados a extinguirse en un par de generaciones. Será entonces cuando aparecerán unas extrañas criaturas que brotan de las tumbas de las mujeres y que les obligarán a replantearse la organización social a la que estamos acostumbrados. Una reflexión original, oscura y de lo más weird sobre el papel de hombres y mujeres en nuestra sociedad.

. Wild Nights!, de Joyce Carol Oates (HarperCollins, 2008): Cinco historias inspiradas por los últimos días de Edgar Allan Poe, Emily Dickinson, Mark Twain, Henry James y Hemingway. Dado que Oates es una autora que no le hace ascos ni a los géneros ni a la literatura generalista, no sorprende que la primera (Poe) me haya hecho acordarme de La piel fría, la segunda (Dickinson) sea pura ciencia ficción y las tres restantes sean historias de corte realista. En cualquier caso, las cinco demuestran una vez más que Oates es una autora de primerísima fila. Y yo me pregunto, ¿cómo es posible que este libro no esté traducido al español?

. Exit West: A Novel / Bienvenidos a Occidente, de Mohsid Hamid (Riverhead Books, 2017 / Reservoir Books, 2017; traducción de Luis Murillo Fort): Los protagonistas de esta novela son una pareja de jóvenes de un país en guerra (no se dice cuál, pero por la descripción del mismo y la nacionalidad del autor es inevitable pensar en Pakistán) que huyen a Grecia, y de ahí a Inglaterra y Estados Unidos en busca de una vida mejor. La historia nos narra cómo este exilio afecta a la relación de los protagonistas y su creciente sentimiento de desencanto ante su vida y lo que los rodea. Hasta aquí todo normal, lo que no es tan normal es que estas huidas se realicen atravesando unas misteriosas puertas mágicas aparecidas en diversos lugares del mundo, que conectan distintos países y que serán aprovechadas por miles de personas. No hay que ser un lince para darse cuenta de que estamos ante una fábula sobre los refugiados de nuestros días, pero si la recomiendo no es porque este pueda ser un libro necesario (algo que he leído por ahí y que acostumbra a quitarme las ganas de leer aquello que recibe esta etiqueta), sino porque es una historia bien narrada, que consigue interesar, y a la que le sienta bien su ajustada extensión (170 páginas) y ese recubrimiento de magia y fantasía.

. Etiquetas. Viajes del Mediterráneo, de Evelyn Waugh (Ed. Península; traducción Jordi Fibla Feito, 2002): Y si preferís algo un poco menos acorde a los tiempos tan políticamente correctos que vivimos, os recomiendo esta divertida crónica del viaje que realizó este autor por diversos países mediterráneos de los tres continentes que bordean este mar (España incluida), allá por 1929. Si solo os gusta el Waugh serio (el de Retorno a Brideshead, para entendernos) tal vez este libro no sea para vosotros, pero si también disfrutáis con su faceta humorística (la cultivada en Merienda de negros o Noticia bomba, por ejemplo), seguro que os hace pasar un buen rato.

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Sexta encuesta anual de Cuentos para Algernon

Por sexto año os invito a participar en la encuesta anual de Cuentos para Algernon, votando como siempre en dos categorías: relatos y autores favoritos.

Las reglas son exactamente las mismas que en años anteriores, es decir, yo planteo dos preguntas:

  1. ¿Cuáles han sido vuestros relatos favoritos de los publicados durante este sexto año del blog (que en esta ocasión abarca de noviembre de 2017 a diciembre de 2018, ambos inclusive)?

  2. ¿De qué autores de los publicados en ese mismo período os apetece más leer un nuevo cuento?

Vosotros elegís dos opciones para cada una de estas preguntas. Y una vez cerrada la encuesta, yo me comprometo a intentar que los ganadores de ambas categorías repitan con un nuevo relato en Cuentos para Algernon. Teniendo en cuenta que si no consiguiera el permiso necesario, o alguno de los ganadores no tuviera un cuento inédito en español que me gustara lo suficiente, recurriría a los siguientes clasificados.

Como decía antes, los candidatos son todos aquellos aparecidos en el blog entre el 1 de noviembre de 2017, fecha de la publicación de Viaje al Reino, de M. Rickert, y el 16 de diciembre de 2018, cuando se cerró esta sexta temporada con La chica picadillo, de Ian R. MacLeod. Me gustaría recordar que Viaje al Reino y su autora, M. Rickert, son elegibles, a pesar de que este relato no está incluido en la antología anual (pero sí que puede descargarse de manera individual desde su propia página). No olvidéis leerlo antes de votar.

A pesar de que con este sistema el número de votantes se reduce drásticamente, voy a mantener la mecánica de votación de los dos últimos años para evitar los problemas de ediciones anteriores. Por lo tanto, para votar tenéis que rellenar el formulario que tenéis más abajo. Se admite un solo voto por persona, por supuesto. Pero si os equivocáis o cambiáis de opinión, votad otra vez indicándomelo en los comentarios, y vuestro voto anterior quedará anulado y será sustituido por el nuevo. En este mismo formulario podéis aprovechar para incluir cualquier tipo de comentario o sugerencia, tanto generales sobre el blog como sobre autores o relatos que os gustaría que tuviésemos por aquí.

Con objeto de que tengáis un margen suficiente dado que sé que sois muchos los que no leéis los cuentos hasta que se publica la antología, la encuesta permanecerá abierta hasta el sábado 30 de marzo de 2019 a las 24.00.

Por desgracia, la participación en la encuesta es menor cada año. Ojalá este año se rompa esta tónica. Solo os llevará un par de minutos cumplimentar el formulario. Y además, como siempre digo, esta es una de esas escasas ocasiones en las que vuestro voto cuenta, y mucho, dado que los resultados acostumbran a ser bastante ajustados. Mil gracias por adelantado a todos los votantes.

Y ya sin más preámbulos declaro abierta la Sexta Gran Encuesta Anual de Cuentos para Algernon.

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Antología Cuentos para Algernon: Año VI

Por sexto año tengo el placer y el honor de presentar la nueva entrega de la serie de antologías de este blog, Cuentos para Algernon: Año VI, que al igual que las anteriores recoge la gran mayoría de los textos publicados en el mismo durante su sexta temporada. Cuentos para Algernon: Año VI puede descargarse íntegra, legal y gratuitamente en los formatos de costumbre y desde esta misma página.

Tal como decía, en Cuentos para Algernon: Año VI vais a encontrar todos los textos aparecidos en el blog entre noviembre de 2017 y diciembre de 2018 con la excepción de Viaje al Reino, de M. Rickert, relato ganador del premio Mundial de Fantasía, que puede leerse online y también descargarse de manera individual. No os lo perdáis, realmente merece la pena.

De los dieciocho cuentos incluidos, doce forman parte del especial dedicado a los relatos ultracortos que iniciamos la temporada anterior y que, a petición vuestra, a fecha de hoy continúa abierto. En la antología de este año no he respetado el orden cronológico de publicación en el blog, sino que he intercalado las muestras de flash-fiction entre las obras de más extensión, y ya he aprovechado para reordenar tanto unas como otras, abriendo y cerrando la antología con los cuentos de los autores que han repetido por haber ganado la cuarta encuesta anual (Ken Liu e Ian McDonald). De modo que el índice del volumen ha quedado así:

. Renacido, de Ken Liu
. La paradoja de la señora Zenón, de Ellen Klages
. El azogue, de Jeff Noon
. Das Steingeschöpf, de G. V. Anderson
. Algo que a lo mejor no sabíais sobre Vera, de J. Robert Lennon
. Cese y desistimiento, de Tyler Young
. Amor Vincit Omnia, de K. J. Parker
. Érase una vez un pueblo…, de Eliza Victoria
. Rex, de Laird Barron
. La ecuación del trébol negro, de Zach Shephard
. La chica picadillo, de Ian R. MacLeod
. Carta, de Tim Pratt
. Telomerasa, de Ian Muneshwar
. Antes y después, de Ken Liu
. Masacre en el pícnic del monte Frost, de Seth Fried
. Más allá de Paraparapara, de Rhys Hughes
. Amarillo muerto, de Tanith Lee
. Botanica Veneris: Trece recortados de Ida, condesa de Rathangan, de Ian McDonald

Como en años anteriores quiero recalcar que la propaganda incluida es gratuita y corresponde a publicaciones que de un modo más o menos directo están relacionadas con alguno de los escritores que aparecen en esta recopilación o están muy vinculados al blog, y su único propósito es recordaros que tenéis en el mercado español otras opciones cuyas ventas sí que les reportan ingresos económicos a esos autores que habéis podido disfrutar gratuitamente aquí. Cuentos para Algernon mantiene su carácter 100 % no comercial y todos los textos publicados han sido cedidos de manera gratuita por sus autores o por los propietarios de los derechos (una vez más, vaya mi inmenso agradecimiento para todos ellos), y ni ellos ni yo obtenemos ningún beneficio económico de este proyecto. El único objetivo de esta recopilación es ofrecer agrupados todos los relatos de la sexta temporada del blog para que de este modo se puedan disfrutar más cómodamente y tengan una mayor visibilidad. Vaya también mi agradecimiento a todos los que de un modo u otro (mediantes reseñas, valoraciones o comentarios en Goodreads, en Twitter, en vuestros propios sitios web, o simplemente recomendándosela o regalándosela a vuestros amigos o conocidos) contribuyáis a la mayor difusión de la antología. Como bien sabemos todos, este es un proyecto pequeño y cualquier colaboración en ese sentido es relevante.

Espero que disfrutéis con estos dieciocho cuentos de estos diecisiete autores. Dentro de unos días lanzaré la encuesta anual donde podréis elegir vuestros relatos y escritores favoritos de este sexto año. Muchas gracias por adelantado a todos los que participéis.

Ya por último no quiero terminar sin agradecer una vez más la colaboración desinteresada y fundamental a lo largo de estos seis años de Jean Mallart (responsable de las portadas y parte gráfica de los e-books) y de Johan Solo (que se ocupa de la maquetación en todos los formatos). A los que esta temporada se ha sumado Pedro Bel, artista gráfico creador de las ilustraciones que acompañan a los relatos tanto en el blog como en la antología. Muchísimas gracias a los tres.

Y como las buenas tradiciones no hay que perderlas, termino deseando larga vida a Cuentos para Algernon: Año n, con n->∞.

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La chica picadillo, de Ian R. MacLeod

Ian R. MacLeod es un escritor inglés con casi cuarenta años de carrera a sus espaldas. Autor de siete novelas y más de sesenta relatos recogidos en cinco colecciones; finalista de casi todos los premios importantes del género, ganador de un Locus, de un Arthur C. Clarke, de dos Sidewise y de dos premios Mundiales de Fantasía; traducido a numerosos idiomas, español incluido… Como podéis ver, todo un currículum que lo convierte en uno de los autores más destacados del género durante estas últimas cuatro décadas. Y, si bien es cierto que dos de sus cinco novelas están traducidas al español (Las edades de la luz y Las islas del verano), la situación es bastante peor en lo que se refiere a su ficción breve, dado que la inmensa mayoría de sus relatos están inéditos en nuestro idioma, situación que voy a tratar de paliar mínimamente con esta traducción del cuento con el que ganó uno de sus dos premios Mundiales de Fantasía.

La chica picadillo (The Chop Girl) se publicó en la revista Asimov’s Science Fiction en 1999. Meses después, Ellen Datlow y Terri Windling lo eligieron para su antología de lo mejor del año; y también puede leerse en dos de las colecciones de relatos del autor. La chica picadillo no solo fue galardonado con el Word Fantasy Awards en el año 2000, sino que también se impuso en la encuesta de los lectores de la revista Asimov’s, fue finalista de los Sturgeon y estuvo muy cerca de serlo tanto en los Locus como en los Hugo. Se trata de una emotiva y elegante historia ambientada en la Segunda Guerra Mundial, que nos habla sobre la suerte, el amor, la amistad, la guerra, la muerte y la soledad. A continuación del cuento podéis leer un breve comentario sobre su génesis que el propio autor ha tenido la amabilidad de escribir especialmente para Cuentos para Algernon.

Tal como me decía Ian en su correo de contestación a mi solicitud para publicar este relato, las historias necesitan lectores si quieren mantenerse con vida, de ahí que creo que la mejor manera de agradecerle el que haya accedido a compartir con nosotros su maravilloso y premiado cuento sea leyéndolo. No dejéis de hacerlo. Pero, en cualquier caso, thanks a million, Ian!

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La chica picadillo

Ian R. MacLeod

Yo, yo era la chica picadillo, aunque no es que espere que hoy en día alguien sepa lo que eso significa. Ha corrido tanta sangre y tanta agua bajo el puente… Cuando la semana pasada marché colina arriba a cobrar la pensión, oí a las mozuelas de la oficina de correos discutir sobre cuántas guerras mundiales había habido y quiénes las habían ganado exactamente.

Me presenté voluntaria para el servicio, sí, porque creí que así escaparía de la peste a sartenes de la cocina al fondo de la cafetería que mi familia tenía en Manchester. Y encima va y me toca en las Fuerzas Aéreas, en la RAF, y yo pensé que tenía toda la suerte del mundo, con todo ese glamour y esos mozos, esos mozos encantadores, los mejores de todos, que en mi imaginación hablaban con ese acento culto de los locutores de la BBC y habían jugado al rugby y al balompié en los equipos de sus universidades chic y en los de sus igualmente chic condados meridionales. Y gran parte de esto era cierto, aunque yo terminase escribiendo a máquina en el anexo de la cocina, haciendo pedidos de mostaza y salsa de arándanos dada mi, cito textualmente, «considerable experiencia en el sector de la restauración».

Así que ahí estaba yo: con solo dieciocho años, en el Cuerpo de Auxiliares Femeninas de las Fuerzas Aéreas y con toda la suerte del mundo. Sin saber aún qué era una chica picadillo [1], algo que no tenía nada que ver ni con el cordero ni con el beicon ni con los enormes bloques de manteca que encargaba para las sartenes hondas donde se freían las patatas. Eran lugares enormes y vacíos, aquellos aeródromos para bombarderos, y ostentaban nombres montaraces, francos y rimbombantes de la región de los Fens que tenían en derredor: Wisbeach, Finneston y Witchford [2]. Y se bebía y bailaba, y el dinero nunca escaseaba porque no tenía ningún sentido no gastarlo. Porque nunca se sabía, ¿verdad que no? Nunca se sabía. Un día tu catre todavía estaba caliente, y al siguiente algún otro se estaba quejando de que las sábanas no se habían cambiado y conservaban tu olor. Esas máquinas enormes semejantes a feos insectos saliendo pesadamente en los estertores del día para enfrentarse al viento salobre de las marismas, a las luces y al humo azul de los faroles de parafina que flotaba sobre las pistas. Elevándose trabajosamente hacia los cielos cada vez más oscuros en medio de un fuerte estruendo, con el resto de nosotros plantados en tierra observándolos. Mientras se corría la voz de que esa noche sería Hamburgo o Dortmund o Essen… algún lugar que apenas recordábamos de algún desvaído mapa escolar, brillando bajo un cielo sin luna por entre las nubes espesas, cuanto más espesas mejor, mientras los bombarderos zumbaban sobre él y la muerte caía desde ellos en esos largos cilindros metálicos, sobre personas que cuando lo pensabas bien eran muy parecidas a nosotros de no ser por los azares de la historia. Y luego de vuelta a toda prisa: una carrera más deslavazada en grupos de dos y tres, buscando la blancura de las olas rompiendo en la costa tras tantísimos kilómetros de oscuridad. Motas negras al amanecer en el vasto horizonte que podrían haber sido nubes, cuervos o simplemente el cansancio de tus ojos. Ruido, humo y llamas. Motores fallando. Para cuando el sol había salido por completo y las alondras cantaban reinaba ya un silencio nervioso. El ligero regusto a fatiga. Y entonces, por el teletipo, la noticia de que MG 3138 había aterrizado renqueante en Brightlingsea. Y de que CZ 709 había destrozado un campo en Theddlethorpe. Noticias también de LK 452, divisado por última vez sobrevolando Bruselas convertido en una cruz en llamas; y del sargento primero Shanklin que, tras ser sacado ensangrentado de su torreta por los sanitarios, se había apagado camino del hospital. Noticias de los muertos. Noticias de los desaparecidos. Noticias de los vivos.

La muerte nos rondaba por doquier: tras las cervezas, las risas, los bolos y las interminables partidas de cartas y dardos y competiciones de críquet. Sabiendo como ellos sabían al partir para una misión importante que probablemente algunos aviones jamás regresarían. Sabiendo con toda certeza que la mitad de las tripulaciones no completaría las veinticuatro misiones de su período de servicio. Así que ni que decir tiene que todos éramos de lo más supersticiosos. Era algo espontáneo, no necesitabas que nadie se lo inventara en tu lugar. Quién pagaba la primera ronda. Quién era el último en subir al avión. No afeitarse o afeitarse solo media cara. Besar el suelo, besar el aire, cantar, no cantar, mear contra el tren de aterrizaje, escupir… Vi a un teniente enfadarse de lo lindo porque la camarera de la cantina le había servido solo dos salchichas en el plato del almuerzo. Esa noche, en una gran incursión aérea sobre Dortmund, su Lancaster desapareció bajo el intenso fuego antiaéreo; y recuerdo mis noches en vela porque había sido yo quien se olvidó de hacer el pedido al carnicero mayorista. Pero entonces todo era intenso y vívido. La sensación de los pies en los zapatos, de la lengua en la boca y de los ojos en las cuencas. Eso y el nauseabundo olor a gasolina de los bombarderos. De modo que todo era significativo. Ni un incidente se pasaba por alto, todo era importante en ese único lapso de tiempo que contaba: el que se extendía entre el ahora y la siguiente misión. Lo eran los calcetines desparejados y el número de salchichas; escupir y no escupir; llevar sombreros viejos y sombreros nuevos, del derecho y del revés. Mear en el tren de aterrizaje y silbar. Y las chicas a las que habías besado. [No se vayan todavía, aún hay más…]

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