Cuentos para Algernon repite doble nominación en los premios Ignotus

Una año más tengo el placer de anunciar que Cuentos para Algernon figura entre los finalistas de los premios Ignotus.😀 En esta ocasión, y al igual que el año pasado, el blog está nominado en la categoría de Mejor Sitio Web (por cuarta vez en sus cuatro años de vida), y la antología anual, Cuentos para Algernon: Año III, lo está en la de Mejor Antología, y en inmejorable compañía en ambos casos. Así que enhorabuena al resto de los finalistas, mucha suerte a todos y, sobre todo, muchísimas gracias a todos los que habéis apoyado este proyecto con vuestro voto. Como siempre digo, este blog solo tiene razón de ser si alguien lo lee y disfruta, y dado que el número de visitas que recibe es bastante moderado, estas nominaciones me resultan francamente motivadoras ya que me indican que, aunque no seáis muchos, sí que sois unos cuantos los que todavía seguís apreciando los cuentos que van desfilando por aquí.

Aunque ninguno de los cuentos publicados en el blog figure en la categoría de Mejor Relato Extranjero, sí que me he llevado una alegría al comprobar que cuatro de los cinco nominados en la misma (Ken Liu, Mary Robinette Kowal, Mike Resnick y Ted Chiang) son autores a los que de un modo u otro tenemos presentes en el blog. Enhorabuena y mucha suerte para todos ellos, y también para la antología editada por Mariano Villarreal en la que aparecen sus cuentos nominados, A la deriva en el mar de las Lluvias, ya que se trata de un proyecto con el que este blog comparte no solo bastantes autores sino sobre todo un mismo objetivo: dar a conocer por aquí la buena ficción breve del género de allende las fronteras de nuestro idioma.

También me gustaría destacar las nominaciones en diversas categorías de la revista Supersonic, con la que tengo el placer de colaborar en labores de traducción. Enhorabuena y suerte para Supersonic, su editora, Cristina Jurado, y todos sus colaboradores finalistas en esta ocasión.

Por último, una vez más quiero aprovechar para dejar constancia de mi especial agradecimiento hacia mis dos colaboradores habituales en la elaboración de los e-books, Jean Mallart y Johansolo, ambos fundamentales sobre todo en el caso de la antología. Y, cómo no, muchísimas gracias a todos los autores de los textos incluidos en la antología o publicados en Cuentos para Algernon a lo largo de 2015, ya que la mayor parte del mérito de este blog y de estas nominaciones es de ellos. So, thanks a million to Alastair, Avram, Tim, Alex, James Alan, Charles, Benjanun, Robert, Ursula, Jeff, Vajra, Dan, Jason, Mike, Ken and Maureen!

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Hola de nuevo, de Seth Fried – Especial Calvino III

Seth Fried es un escritor residente en Brooklyn cuyas historias y textos han aparecido en numerosas publicaciones (The New Yorker, Electric Literature, One Story, McSweeney’s…). Once de estos cuentos  componen su estupenda primera colección, The Great Frustration (Soft Skull Press, 2011), sobre la que ya hablé en una de mis entradas de Lecturas Recomendadas.

Hola de nuevo (Hello Again) se publicó en 2014 en la revista Tin House. Según su autor, la principal dificultad con la que se encontró al escribir este relato fue conseguir reducir el número de veces que aparecía la palabra «universo», que en el primer borrador era de alrededor de ochenta, cantidad ciertamente un tanto elevada dada la brevedad del mismo. Se trata de una historia muy cosmicómica, y mi segundo intento (tras la reseña de Ursula K. Le Guin) por animaros a que leáis o releáis Las cosmicómicas o, incluso mejor, Todas las cosmicómicas. De hecho, el propio Seth recomienda en esta entrevista que si os gusta Hola de nuevo también leáis «Priscilla» (incluida en Tiempo Cero y en Todas las cosmicómicas), porque considera que casi con total seguridad también os va a gustar.

Para no perder las buenas costumbres, por último quiero dejar constancia de mi agradecimiento a Seth por enviarme este cuento y permitirme compartirlo con todos vosotros dentro de este pequeño homenaje a Calvino, al que creo que está encantado de haberse unido puesto que este autor es también es uno de sus favoritos. Thanks a million, Seth!

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Hola de nuevo

Seth Fried

Tras una larga y turbulenta expansión, el universo comenzó a contraerse. La velocidad a la que había salido despedido fue superada finalmente por la fuerza gravitacional centrípeta de su propia materia en suspensión, de modo que, como si fueran viajeros fatigados, las estrellas y planetas hicieron una pausa antes de emprender el largo camino de regreso para volver a reunirse. Se juntaron en grandes conglomerados, chocando con tanta fuerza que implosionaron en agujeros negros. De esta manera, la creación al completo se devoró a sí misma y quedó comprimida en una región increíblemente caliente y densa. La situación era idéntica por completo a las condiciones iniciales que habían precedido al big bang. Y, como no había nada que impidiera que esa afortunada explosión se repitiera, el universo inevitablemente salió proyectado una vez más en un ciclo que carecía de fin. Si se hubiera podido observar este movimiento de forma global a lo largo de un período imposible de tiempo, habría parecido que el universo estaba inspirando y espirando de manera regular, inspirando y espirando, inspirando y espirando.

Y lo que es más, como los distintos componentes del universo siempre salían lanzados en el mismo orden y con la misma cantidad de fuerza, el siguiente universo era siempre indistinguible del anterior. Todas las galaxias, todas las cordilleras, todas las moléculas quedaban distribuidas en el espacio y tiempo como lo habían estado en todas las otras innumerables iteraciones del universo. Incluso algo tan aparentemente accidental y caprichoso como la raza humana era reproducido a la perfección y sin variación alguna. Las personas nacían con un cuerpo compuesto exactamente de la misma materia de la que lo había estado cientos de billones de años atrás. Nacían en el mismo momento y de la misma madre, y el destino que se labraban era el mismo destino hasta su fin.

Aunque los individuos podían hacer elecciones que eran totalmente espontáneas y acordes con su propia naturaleza, siempre se encontraban con que en todo momento su coyuntura personal y todas las circunstancias externas eran idénticas, de modo que sus decisiones (aunque tomadas con total libertad) eran de manera inexorable las mismas. Ya se tratara de un asesinato impune o del descubrimiento de la penicilina, los implicados acertaban a la perfección e interpretaban sus papeles con la involuntaria perentoriedad resultado de la asunción de que nunca habían vivido ya su vida en un universo anterior. Bueno, hasta que el creciente conocimiento del universo de la raza humana alcanzó a englobar el hecho irrefutable de que el universo y todo lo que este contenía se estaba repitiendo, momento en que la humanidad se vio abocada a un estado de crisis existencial. [No se vayan todavía, aún hay más…]

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Por el cosmos con Qfwfq, de Ursula K. Le Guin – Especial Calvino II

Ursula K. Le Guin no solo ha escrito novelas, relatos y poesías, sino que, como bien sabéis, también es la autora de numerosos textos de no ficción, uno de los cuales podéis leer en este mismo blog: Un mensaje sobre los mensajes.

La estupenda acogida que ha tenido este ensayo me hizo pensar que, si ella os recomendaba un libro de Italo Calvino, le ibais a hacer mucho más caso que a mí 😉, así que decidí ficharla para este homenaje en el que tengo el honor de que participe con su reseña Por el cosmos con Qfwfq (Into the cosmos with Qfwfq), de la edición en inglés de una de las colecciones de cuentos de este autor, publicada en España con el título Todas las cosmicómicas por la editorial Siruela en 2007; y en inglés, como The Complete Cosmicomics, por Penguin Classics en 2009.

Así que espero que leáis este breve texto (que no va a estar disponible para su descarga) y, a continuación, os lancéis a leer o releer todas o algunas de las cosmicómicas de Calvino. Si no habéis leído ninguna, mi recomendación es que empecéis por las originales (y aquí podéis leer la primera), es decir, aquellas que están incluidas en Las cosmicómicas, con las que seguro que vais a pasar un rato excelente.

Y, ya por último, quiero dejar constancia por segunda vez de mi agradecimiento a la agencia Curtis Brown, LTD (y muy en particular a Sarah), por autorizarme tan amablemente a traducir y publicar este texto, y, sobre todo, a Ursula K. Le Guin, por haber accedido a unirse a este homenaje al gran Calvino. Un millón de gracias, Ursula.

Por el cosmos con Qfwfq

Ursula K. Le Guin

Las lecturas veraniegas que más me gustan son, o bien una de esas novelas extensas, uno de esos maravillosos tochos en el que sumergirme plácidamente tumbada, o bien una colección de cuentos, para, como si de una cesta con fruta de verano se tratara, ir saboreando uno o dos por vez. Y con este libro, Italo Calvino nos ofrece una enorme cesta de cuentos: nectarinas, albaricoques, melocotones, higos… de todo.

Todas las cosmicómicas incluye el volumen Las cosmicómicas, la primera traducción al inglés de siete de los cuentos de La Memoria del Mondo, todas los relatos de Tiempo cero, cuatro de los incluidos en La gran bonanza de las Antillas, y un par no recogidos anteriormente en ningún otro libro.[1] Es un placer tener la totalidad de las cosmicómicas tras la tapa de un único volumen (una tapa preciosa, además, y un volumen de buena factura). Más de un tercio de las historias me eran completamente desconocidas y también lo serán para la mayor parte de los lectores de habla inglesa; y algunas son auténticas joyas. La traducción es enteramente satisfactoria, y la introducción de Martin McLaughlin no podía ser una mejor guía para estos relatos deslumbrantemente peculiares.

¿Qué fue Italo Calvino?, ¿un prepostmodernista? Tal vez ya sea hora de dejar de lado el modernismo y todos sus prefijos. Tras luchar en su juventud junto a la resistencia comunista de oposición a la ocupación de Italia por los nazis, Calvino llegó a ser, y nunca dejó de serlo, un escritor de fantasía intelectual de originalidad plenamente coherente. Y ¿qué es una cosmicómica, este género que inventó mediada su carrera? Se trata a todas luces de una subespecie de la ciencia ficción, que acostumbra a consistir en la exposición de una hipótesis científica (verdaderas en su mayor parte, aunque en ocasiones no comúnmente aceptadas) que sirve de marco a una historia en la que el narrador suele ser un personaje llamado Qfwfq. De modo que nos encontramos con que «Todo en un punto» empieza así:

A través de los cálculos iniciados por Edwin P. Hubble sobre la velocidad de alejamiento de las galaxias, se puede determinar el momento en que toda la materia del universo se hallaba concentrada en un solo punto, antes de empezar a expandirse en el espacio.

Por supuesto que todo estaba allí —dijo el viejo Qfwfq—, ¿y dónde si no? Todavía nadie sabía que existía el espacio. Y el tiempo, ídem: ¿qué queréis que hiciéramos con el tiempo estando allí apretados como sardinas en lata?[2]

Fíjense, por favor, en las sardinas, características y esenciales del método y estilo de Calvino. A partir de este inicio, la historia se va a ir desarrollando con una lógica perfecta… al menos para todos aquellos cuya definición de lógica incluya, tal como debería ser, no solo la astrofísica moderna, sino también la paradoja de Zenón, el Aleph de Borges y la merienda del Sombrerero Loco.

Puede considerarse que los últimos relatos de Calvino no son cuentos en el sentido convencional del término, sino apólogos: ilustraciones narrativas de una apercepción, idea o teoría intelectual, o incluso de una ocurrencia. Uno de los instrumentos favoritos de la Ilustración, el apólogo se presta a la sátira y a la comedia. El Cándido de Voltaire es una obra maestra del género. Los apólogos ofrecen caricaturas más que personajes; ironía, en lugar de empatía. Aunque a veces personalidad y emociones se cuelan sigilosamente y llegan a ejercer su influencia, este formato también puede ser fríamente cerebral. Los apólogos de Calvino hacen juegos de palabras con la ciencia, el tiempo, el espacio y los números; y en algunos de ellos esos juegos es todo lo que hay. A los lectores que disfruten con ellos, tal vez a aquellos a quienes Wittgenstein o Eco fascinen, las piezas de Tiempo cero les resultarán especialmente satisfactorias; a aquellos de nosotros más enfangados en la mortalidad, sus abstracciones radicales pueden resultarnos estériles. Porque la imaginación de Calvino es totalmente radical. En «La persecución» reduce tan literalmente la historia a una persecución, que la misma no es el clímax de una película de acción sino la totalidad de la historia: el mundo reducido a una carretera, la emoción reducida al suspense, la ausencia de contexto y personalidad llevada hasta tal extremo en esta historia de autos que parece apuntar (el juego de palabras resulta inevitable) a una especie de autismo.

De igual manera, Las ciudades invisibles tiene su origen en una idea, en una ocurrencia; pero, esa idea de un Marco Polo ya anciano que regresa a China para describirle al Khan, también anciano, las ciudades que este no visitó en sus correrías resulta tan intrínsecamente cómica y poética, tan infinitamente sugestiva, que llevó a su autor hasta el que tal vez sea su libro más hermoso. No obstante, aunque haya cosmicómicas que son un tanto excéntricas, la mayoría son absolutamente disfrutables, y algunas se sitúan entre las obras más sublimes de Calvino: inteligencia, humor, emotividad e ironía para destilar pura lucidez.

Las cosmicómicas versan sobre asuntos de estimulante inmensidad: los confines del espacio y el tiempo, en los que la calidez y el humor se cuelan a través de todo tipo de brechas, anomalías y trucos. La prosa leve, escueta y clara de Calvino baila sobre los años luz, salpicada en todo momento de imágenes familiares y gráficas. Como por ejemplo, las sardinas; como por ejemplo, el cielo de piedra sobre aquellos que moran en el interior de la Tierra y ven cómo «a ratos, la oscuridad es surcada por un zigzag llameante. No es un rayo, es metal incandescente que serpentea hacia abajo por una vena».

La única pega que le encuentro a esta prosa es su convención satírica o jocosa de los nombres inarticulables. Si no puedo ni decir ni oír «Qfwfq» (¿cufufcu?), ¿cómo voy a oír la cadencia de la frase donde aparece? En esto, la tendencia hacia la abstracción de Calvino supone una amenaza para el propio lenguaje al reducirlo a simbología matemática literalmente impronunciable. Ese juego se va volviendo más arriesgado, pero seguimos devorando el libro, arrastrados por el buen humor y el aplomo del narrador, sobre todo del omnipresente e insaciable Qfwfq, y encantados con sus amigos y parientes, con toda la gente que estaban allí al principio, porque ¿dónde si no?, como su abuelo, el viejo coronel Eggg, y su esposa, que se trasladaron a nuestro sistema solar justo cuando se estaba formando. «En cuatro mil millones de años que llevo aquí, ya están bastante ambientados, han conocido gente», nos explica Qfwfq. Sin embargo, los vecinos de sus abuelos, los Cavicchia, se van a marchar, se vuelven a Abruzi; y a su abuela también le gustaría hacer algún viajecito, tal vez ir a visitar a su madre en la galaxia de Andrómeda. Pero no es lo mismo, protesta el abuelo, y discuten sobre el asunto, discuten eternamente, hasta el final de los tiempos dale que te dale con «ese “siempre crees que tienes razón” y “porque tú nunca me escuchas” sin el cual la historia del universo no tendría para él ni nombre ni recuerdo ni sabor, ese altercado conyugal ininterrumpido, si por casualidad un día terminara: ¡qué desolación, qué vacío!».

La postura de Calvino ante la dualidad, ante la existencia de opuestos, es casi exclusivamente sexual. La dualidad no conduce a una síntesis, sino que es un proceso eterno, como la figura del yin yang, con la discusión conyugal como representación bastante ajustada. Qfwfq pertenece al género masculino, independientemente de la forma que resulte tener en cada momento: un átomo cayendo, un viajero espacial o (en el hermoso cuento «La espiral») un molusco diminuto. Por lo general, también está presente una entidad femenina, cuya esencia no es solo la diferencia, sino también la discrepancia, la resistencia, la huida: esa amada siempre femenina, que ni corresponde a ese amor ni puede ser poseída. Como el punto de vista nunca es el de ella, el cosmos calviniano puede parecer en algunos momentos sesgado hacia el principio masculino. No obstante, la que a mí me resulta más provechosa y entrañable es su omnipresente metáfora de esos amplios clanes familiares italianos, ilimitados y eternos. Calvino desarrolla, empero, su dualismo de géneros de manera profusa y con gran sentimiento en relatos como «El cielo de piedra» y su reescritura, «La otra Eurídice». Allá donde hay verdadero deseo, el varón percibe rivalidad; de forma que la dualidad se amplía hasta el eterno triángulo… que aquí sí que es realmente eterno.

Calvino estuvo por delante de su tiempo en tantos aspectos que únicamente ahora, veinticinco años después de su muerte, su obra no solo no es percibida como algo marginal por pertenecer al género fantástico, sino que es ampliamente considerada un hito dentro del campo de la ficción, la obra de un maestro. Cuando él escribía, en los círculos literarios estaba mal visto hablar de ciencia ficción, y los cómics estaban, si es que eso era posible, incluso peor considerados. Antes del final de la década de los noventa eran pocos los críticos literarios que se imaginaban que fueran a dedicarles sesudos análisis. Si esos críticos prestaron alguna atención al nombre con el que Calvino bautizó estas historias, fue para recalcar una implicación: la comedia cósmica. No obstante, no hay duda de que la intención de Calvino también era que nos acordáramos de los planteamientos vertiginosos, los saltos e inmensas simplificaciones de la narrativa gráfica en viñetas: las tiras de historietas, los cómics… Un cuento, «El origen de los pájaros», juega directamente con esta imagen, dando instrucciones al lector de una manera sumamente característica de Calvino: «Es mejor que vosotros mismos intentéis imaginar la serie de viñetas con todas las figuritas de los personajes en su sitio, en un fondo eficazmente trazado, pero intentando al mismo tiempo no imaginaros las figuritas, y ni siquiera el fondo».

Así que, ya ven, hemos recibido instrucciones totalmente contradictorias. Tal vez si pudiéramos seguirlas podríamos estar cerca de alcanzar el estado de «capacidad negativa», que Keats consideraba el más fructífero de todos. Y yo soy de la opinión de que fue en ese estado donde Italo Calvino permaneció gran parte del tiempo.

Copyright © 2009 Ursula K. Le Guin

First published in The Guardian, 15 June 2009. / Publicado por primera vez el 15 de junio de 2009 en The Guardian.

Used by permission of Curtis Brown, Ltd. All rights reserved. / Publicado con la autorización de Curtis Brown, Ltd. Todos los derechos reservados.



[1] Los títulos de las obras citadas en el texto original en inglés son los siguientes: Cosmicomics, publicado en inglés en 1968, cuyo contenido se corresponde con, entre otras, la edición española de Las cosmicómicas (Minotauro, 1985); Time and the Hunter, publicado en inglés en 1969, y en español como Tiempo cero (Minotauro, 1985); y Numbers in the Dark, publicado en inglés en 1995, y en español como La gran bonanza de las Antillas (Tusquets, 1993). La Memoria del Mondo fue publicado en italiano en 1968 y no ha sido editado de manera independiente ni en inglés ni en español.Volver


[2] La traducción de este y del resto de fragmentos de cuentos de Italo Calvino está tomada directamente de la edición de Todas las cosmicómicas, publicada por la editorial Siruela, y traducida del italiano por Ángel Sánchez-Gijón.Volver

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Lecturas recomendadas VII (abril 2016)

Vamos allá una vez más con unas cuantas recomendaciones sacadas de mis últimas lecturas:

. Downfall of the Gods, de K. J. Parker (Subterranean Press): tras recomendar en la entrada anterior una de sus novelas cortas, abro de nuevo con K. J. Parker. Y, de verdad, no es porque sea uno de los autores del blog, sino porque con Downfall of the Gods lo borda de nuevo. Una brillante novela corta muy divertida, hilarante en algunos momentos, y que encima te da que pensar sobre la religión, el bien y el mal y unos cuantos temas más igual de serios. Recomendabilísima.

. The Great Frustration, de Seth Fried (Soft Skull Press): La principal pega que le encuentro a la colección con la que debuta este autor es su brevedad, porque he disfrutado tanto con algunos de sus cuentos que me hubiera gustado poder seguir leyendo más. Relatos sorprendentes, un tanto weird, que rebosan originalidad y sentido del humor (bastante negro, en algunos casos), y que en más de un momento me han hecho acordarme de algunos de mis escritores favoritos, como Steven Millhauser o Italo Calvino. Y por si no os fiais de mí, aquí podéis leer las alabanzas a esta obra de otros dos autores del blog: Dan Chaon y Charles Yu.

. The Noise of Time, de Julian Barnes (Jonathan Cape) / El ruido del tiempo (de próxima aparición en Anagrama): el compositor Dmitri Shostakovich fue uno de los muchos artistas que cayeron en desgracia durante el régimen comunista de la URSS, aunque consiguiera evitar la muerte y los campos de internamiento, y oficialmente incluso recibiera parabienes y reconocimientos. El monólogo interno de Shostakovich en tres momentos importantes de su vida es el instrumento del que se vale Barnes para mostrar cómo el régimen soviético conseguía imponer su reinado del terror, destruir a los individuos y terminar con la libertad creadora de los artistas. Una novela brillante, que se lee en un suspiro.

. Children Of Time, de Adrian Tchaikovsky (Tor) / Hijos del tiempo (de próxima aparición en Alamut): es difícil que un libro de más de 600 páginas me guste lo suficiente como para no estar deseando que termine, pero las dos tramas paralelas de esta novela de ciencia ficción lo consiguieron. La historia de los últimos humanos en busca de un hogar y, sobre todo, la de la evolución en un planeta plagado de insectos que no tienen un pelo de tontos, lograron engancharme totalmente. Muy recomendable, sobre todo para los aficionados a la ciencia ficción.

. La esposa del tigre, de Tea Obreht (Mondadori): está es la primera novela de una joven autora estadounidense nacida en los Balcanes. La trama transcurre en los territorios de la antigua Yugoslavia y tiene por protagonista a una doctora que poco a poco irá descubriendo el pasado de su abuelo, recientemente fallecido. Alternándose con los capítulos que transcurren en la actualidad, se va narrando la historia de la esposa del tigre y la del hombre que no podía morir, la parte más mítica y fantástica del libro (y mi favorita), y que lo ha hecho acreedor de la etiqueta «realismo mágico». Una novela entretenida y bien escrita, y una autora a seguir.

. What I Found About Her: Stories of Dreaming Americans, de Peter LaSalle (University of Notre Dame Press): Una muy interesante colección de relatos de un veterano escritor estadounidense de literatura general. En estos cuentos no sucede nada demasiado llamativo, pero están francamente bien narrados y se caracterizan por un estilo muy cuidado y un tanto arriesgado (frases larguísimas que hay que releer, finales abruptos y abiertos…). Más que suficiente para que me atreva a recomendar esta obra a cualquier aficionado a la ficción breve.

. For Exposure: The Life and Times of a Small Press Publisher, de Jason Sizemore (Apex Publications): si queréis conocer un poco las bambalinas del mundillo de las revistas del género en Estados Unidos, este es vuestro libro. Con ayuda de algunos de sus colaboradores, el fundador y editor de la revista Apex va narrando de una manera francamente amena la historia de su publicación, desde su nacimiento en 2005, hasta la actualidad, salpicándola en todo momento de infinidad de anécdotas, entre las que destacan las relacionadas con las convenciones a las que durante todos estos años ha tenido que asistir.

Y por terminar como de costumbre con una recomendación cinematográfica, si tenéis la oportunidad, no dejéis escapar el corto World of Tomorrow, uno de los nominados de este año a los Oscar en la categoría de Mejor corto de animación.

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