La llave del gabinete de la noche, de Jeff Noon

Jeff Noon creo que no necesita presentación en este blog. Hace casi un año ya tuvimos el placer de tener aquí uno de sus relatos, Destino cero, pero como se trataba de un cuento bastante corto y además la obra de Jeff es muy variada, pensé que podía resultar interesante contar con otra muestra de su ficción breve, como demostración de que estamos ante un escritor francamente versátil, a pesar de que entre nosotros sea conocido casi exclusivamente por dos de sus novelas del ciclo de Vurt.

La llave del gabinete de la noche (The Cabinet of Night Unlocked) está incluido en Pixel Juice, antología publicada en 1998 que incluye la mayor parte de la obra breve de este autor. Tal como Jeff explica aquí, se trata de uno de los cuentos de los que más satisfecho se siente, un cuento al que decidió dotar de un estilo descaradamente borgiano y que prácticamente escribió sin esfuerzo en un día.

Y poco más, tan solo agradecer de nuevo a Jeff su generosidad y amabilidad, ya que desde un principio se mostró totalmente receptivo ante mi petición de que fueran más de uno los cuentos que pudiera cederme para publicar aquí, y además me dio total libertad para elegir aquellos que más me habían gustado. Así que, thanks again, Jeff!

ACTUALIZACION I: Ya podéis descargar aquí los formatos para ebook (EPUB, FB2 y MOBI) del relato. Gracias de nuevo a nuestros colaboradores en estas labores, Johan y Jean.

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La llave del gabinete de la noche

Jeff Noon

Ahora que la existencia del método Olmstaff es de dominio público, puede que ya sea el momento de ofrecer una breve historia del mismo. El hecho de que la ejecución del propio método sea en estos momentos ilegal, y que incluso una descripción del ritual en sí sea una infracción punible, solo debería servir para reafirmarnos en nuestra convicción de que debemos reflexionar sobre los problemas morales que ha puesto en evidencia.

Del hermano August Olmstaff no es necesario decir gran cosa aparte de lo que se cuenta en la biografía estándar que el profesor T. P. Lechner incluyó en su hoy en día célebre, aunque prácticamente inencontrable, La herida sagrada (Cargo Press, 1967), en la que se esbozan brevemente los siguientes hechos: Olmstaff nació en el seno de una familia de campesinos humildes de Lancashire (Inglaterra), en 1455, el último y más débil de nueve hermanos; mudo de nacimiento, su padre lo obligó a la temprana edad de siete años a unirse a la Orden de los Nazarenos, una cofradía local que profesaba el voto de silencio. Igual que sucedió con otros muchos de los que se incorporaron a la vida monástica en aquella época, la ulterior historia de Olmstaff se perdió en esas cámaras secretas invadidas por el polvo y el pausado repicar de las campanas. El profesor Lechner sitúa su muerte en el año 1487, lo que no concuerda con otros trabajos más recientes, según los cuales hay pruebas de que Olmstaff habría vivido al menos incluso hasta 1524. A modo de inciso, invito a todo aquel que pueda estar interesado en este asunto a que lea «El reloj de sol cegado», escrito por mí e incluido en Artículos sobre Filosofía Moral (abril 1995), donde se ofrece un análisis detallado del «problema biográfico». Aquí nos limitaremos a señalar que a Lechner le convenía adjudicar a Olmstaff una muerte temprana y poner de relieve el (supuesto) extraño estado en que se encontraba el cadáver. [No se vayan todavía, aún hay más…]

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Lecturas recomendadas IV (julio 2015)

Este ha sido un trimestre con bastantes buenas lecturas, así que voy a pasar por alto obras de las que ya se ha hablado bastante y muy positivamente en otros foros (como la estupenda novela de Liu Cixin, The Three-Body Problem) y me voy a centrar en títulos un poco más raritos:

. Store of the Worlds: The Stories of Robert Sheckley, de Robert Sheckley: antología con los veinticinco mejores relatos de este maestro según el criterio de Jonathan Lethem y Alex Abramovich, ahí es nada. El resultado es una auténtica joya de libro, en el que los peores cuentos son simplemente muy buenos y los mejores son auténtica obras maestras. Y que además de un montón de relatos muy difíciles de encontrar en español, y una vez descontado ¡Menudas cosas hace la gente!, sigue teniendo un par cuentos que todavía están inéditos por aquí. Totalmente imprescindible.

. Escritura y verdad. Cuentos completos, de Medardo Fraile (Páginas de Espuma): al igual que el anterior, un volumen de un maestro del género breve, pero en este caso español y con una obra de corte costumbrista. Aquí se recogen los más de cien cuentos que publicó Fraile y, aunque la mayoría tengan un tono tranquilo, melancólico e incluso triste, también los hay francamente divertidos y descacharrantes. Eso sí, en casi todos los casos el argumento es mínimo, y en muchos de ellos se limita a poco más que una mera anécdota. Un autor que es sin lugar a dudas uno de los maestros del relato en nuestro país y, por lo tanto, altamente recomendado para todos aquellos que disfrutéis con este género. Eso sí, tal vez no sea para leer de un tirón, sino para ser disfrutado en pequeñas dosis.

. Todos los crímenes se cometen por amor, de Luisgé Martín (Salto de Página): otro autor español, aunque en este caso contemporáneo. Y otro volumen de cuentos que, aunque mucho más breve que el anterior, también me ha hecho disfrutar enormemente. Relatos sobre el amor, el destino, la identidad, el azar… que en unas cuantas ocasiones se acercan a la frontera de lo fantástico e incluso llegan a atravesarla. También muy recomendable.

. American Meteor, de Norman Lock: una muy grata sorpresa de un autor que era un total desconocido para mí hasta que me crucé con este libro. Un western contemporáneo en el que la vida de un humilde huérfano de Brooklyn se cruza con la de algunas de las principales figuras de la historia norteamericana de su época (desde Walt Whitman hasta Caballo Loco, pasando por Custer y el general Grant), lo que le obligará a participar decisivamente en sucesos clave de la historia de su país. Vamos, una especie de Forrest Gump del Salvaje Oeste. Narrado en primera persona por el protagonista con el pintoresco lenguaje de su época, se trata de un libro ameno, muy divertido, y que encima está lleno de información curiosa para los que no somos unos expertos en historia estadounidense (¿habéis oído hablar del tren funerario de Lincoln?).

. Hall of Small Mammals, de Thomas Pierce: otro brillante puñado de relatos, en este caso el debut de este autor estadounidense. El libro ya merecería la pena solo por el primero de los cuentos, que nos narra la relación que se establece entre Shirley Temple Three, un mamut enano clonado, y la mujer que debe cuidarlo. Por fortuna, el resto de relatos son también estupendos, originales y sorprendentes. Ahora bien, que nadie se llame a engaño, porque aunque algunos tengan un toque surrealista o incluso weird, no se trata de una antología de género. Un libro que se me hizo muy corto y que me dejó con ganas de más.

. Wylding Hall, de Elizabeth Hand: novela corta de esta popular autora estadounidense. A través de los testimonios de los antiguos miembros de un grupo musical y de varias personas de su entorno iremos descubriendo poco a poco los misteriosos sucesos que rodearon la desaparición del cantante de la banda bastantes años atrás mientras pasaban una temporada en un aislado caserón inglés preparando lo que iba a ser su segundo disco. La contraposición de las distintas versiones de lo sucedido y la excelente graduación de la intriga consiguieron que esta historia con un toque gótico y fantasmal me enganchara por completo.

. Mysterious books: en este caso no se trata de un libro, sino de una colección de «short tales about deadly books!» (es decir, historias cortas sobre libros mortales), cuyos títulos son novelas muy cortas, en su mayoría del género negro, y que tienen a los libros como protagonistas de sus tramas. Por el momento he leído tres: The Mysterious Disappearance of the Reluctant Book Fairy, de Elizabeth George (del que podéis leer una reseña en español aquí), Mystery, Inc., de Joyce Carol Oates y The Book of the Lion, de Thomas Perry (el primero nada negro y sí muy fantástico, y los dos últimos ya más negros), y los tres me han resultado francamente amenos. Y, por cierto, Mystery, Inc. de Joyce Carol Oates me parece una obra perfecta para perderle el miedo al inglés y lanzarse a leer a esta autora en su idioma original.

Y, a pesar de que cinematograficamente llevo una racha bastante mala, no quiero acabar esta entrada sin recomendar una película que he descubierto recientemente: La carreta fantasma, de Victor Sjöström. Puede que sea muda y que tenga casi cien años, pero me ha parecido más original y con más ideas que el 99% de las producciones recientes, y además tiene algunas imágenes bellísimas, de esas que se quedan grabadas en la memoria.

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Un mensaje sobre los mensajes, de Ursula K. Le Guin

Ursula K. Le Guin no debería necesitar presentación en este blog. Es posiblemente la escritora más importante del género: autora de una veintena de novelas, docenas de relatos y seis volúmenes de poesía; ganadora de todos los grandes premios relacionados con la ciencia ficción y la fantasía, y de unos cuantos ajenos a estos géneros; y, para mí, en cierta manera, compañera de profesión, porque también es traductora, y suya es, por ejemplo, la traducción al inglés de Kalpa Imperial, de la argentina Angélica Gorodischer, autora que tampoco debería necesitar presentación aquí.

Foto de Jack Liu

Además de todo lo anterior, Ursula es una de las principales culpables de que muchos de nosotros nos aficionáramos a la literatura fantástica, gracias a sus obras juveniles, entre las que destaca su célebre ciclo de Terramar. Por eso, cuando leyendo Wonderbook, de Jeff VanderMeer, me crucé con «Un mensaje sobre los mensajes» (A Message About Messages), me llamó bastante la atención porque, por los recuerdos que tengo de mi lectura hace ya muchos años del citado ciclo, me temo que en mi caso lo que saqué del mismo no fue un mensaje, sino un montón de horas de diversión, inmersa en un apasionante mundo lleno de personajes interesantes, aventuras y fantasía. Que es justo lo que andaba buscando.

Aunque este blog esté dedicado principalmente a la traducción y publicación de relatos, espero que «Un mensaje sobre los mensajes» os resulte tan interesante como cualquiera de los cuentos que han aparecido en él. Si es así y os manejáis con el inglés, os animaría a que os pasarais por la página web de Ursula, ya que en ella podéis encontrar poesías, reseñas de obras literarias, consejos para los que escribís, fragmentos de sus novelas y mucho más material interesante. Y, si ese no es vuestro caso, podéis visitar el sitio web Las doce moradas del viento, en nuestro idioma y dedicado íntegramente a esta autora. Por cierto, por motivos ajenos a mí, este texto no va a estar disponible para su descarga en ninguno de los formatos habituales, así que me temo que vais a tener que leerlo aquí en lugar de en el e-book. Dado que es bastante breve no creo que os suponga mayor problema.

Y ya por último, quiero expresar mi agradecimiento a la agencia Curtis Brown, LTD, por las gestiones realizadas y por darme su autorización para tener este texto hoy aquí. Pero sobre todo vaya mi enorme agradecimiento para Ursula K. Le Guin, por permitirme traducir y publicar «Un mensaje sobre los mensajes», e incluso todavía más por escribir todas esas obras que a muchos de nosotros tan buenas horas nos han hecho pasar.

Un mensaje sobre los mensajes

Ursula K. Le Guin

Hace un tiempo tomé buena nota de lo siguiente: «Siempre que me digan que “los chavales quieren este tipo de libro” o “los chavales necesitan este tipo de obra”, voy a sonreír educadamente y hacer oídos sordos. Yo soy escritora, no una mera proveedora, que de estas ya las hay a montones. Porque además lo que los chavales desean y necesitan más apremiantemente es lo que ellos y nosotros no sabemos que desean ni creemos que necesiten, y eso es algo que solo los escritores les pueden brindar».

Es habitual que mi ficción, sobre todo la dirigida a niños y jóvenes, sea reseñada como si la motivación de su existencia fuera el transmitir un provechoso sermoncillo (cosas por el estilo de, «Crecer es duro, pero tú conseguirás abrirte camino»). ¿Alguna vez se les pasa por la cabeza a esos críticos que la esencia de la historia podría residir en el propio lenguaje, en el fluir de la narración al ser leída, en una inexpresable sensación de descubrimiento, en lugar de en un apañado consejo?

Los lectores, tanto niños como adultos, me preguntan por «el mensaje» de esta o aquella historia, y a mí me gustaría decirles, «Tu pregunta no está expresada pertinentemente». [No se vayan todavía, aún hay más…]

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¡Menudas cosas hace la gente!, de Robert Sheckley – Especial Humor, y VIII

Robert Sheckley es uno de los grandes del género fantástico y de la literatura breve humorística en general. Empezó a publicar de manera profesional a principios de los años cincuenta y siguió haciéndolo hasta su fallecimiento en 2005. Fue un escritor prolífico, autor de varias novelas y de multitud de relatos que aparecieron tanto en publicaciones especializadas como generalistas. Y, en mi opinión, si ha conseguido situarse entre los maestros del género ha sido gracias a estos últimos, gracias esos cuentos originales, irónicos e inteligentes, que afortunadamente para nosotros se cuentan por docenas. Así que este Especial Humor, que cuando presenté hace aproximadamente un año dije que era mi particular homenaje a Robert Sheckley y Fredric Brown, difícilmente podría tener un broche de oro mejor que esta octava entrega con la que se cierra: nada más y nada menos que un relato del propio Sheckley.

¡Menudas cosas hace la gente! (Is that what people do?) se publicó por primera vez en 1978, dentro de la antología Anticipations, editada por Christopher Priest. Posteriormente ha sido reeditado en numerosas ocasiones, la última en 2012, en Store of the Worlds: The Stories of Robert Sheckley, una antología que recoge los que son sus mejores cuentos a juicio de Jonathan Lethem y Alex Abramovich. También ha sido traducido a varios idiomas, pero hasta ahora estaba inédito en español.

No quiero terminar esta breve introducción sin el habitual apartado de agradecimientos. En primer lugar, a las agencias Donald Maass Literary Agency e International Editors’ Co. En segundo, a Mike Resnick, porque de no haber sido por su amabilidad y por su ayuda creo que este cuento de su amigo Bob no estaría aquí. Y, en último, pero muy especialmente, a Gail Sheckley, sin cuya autorización hoy no podría compartir con todos vosotros este estupendo relato. Thanks, Mike! And thanks a million, Gail! It’s such an honor to have this story here…

Espero que lo disfrutéis y ojalá muy pronto alguien se anime a traducir y publicar todos esos excelentes relatos de este gran maestro que nunca han visto la luz por aquí. Así que (redoble de tambores)… con todos vosotros, ¡Menudas cosas hace la gente!, de Robert Sheckley.

ACTUALIZACION I: Ya podéis pasaros por aquí para descargar los formatos para ebook (EPUB, FB2 y MOBI) del relato. Gracias de nuevo a Jean y Johan por su amable colaboración.

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¡Menudas cosas hace la gente!

Robert Sheckley

Eddie Quintero había comprado los prismáticos en Hammerman, la tienda de excedentes del ejército que había en el centro comercial All Nations Outlet («Productos de primerísima calidad, pago solo en efectivo, no se admiten devoluciones»). Hacía tiempo que quería tener un buen par de prismáticos, porque con ellos confiaba en ver cosas que de otro modo nunca podría ver. Y, en concreto, confiaba en ver cómo se desnudaban las chicas del Chauvin Arms, el edificio situado enfrente de la habitación de alquiler amueblada donde vivía.

Sin embargo, esa no era la única razón. Aunque ni él mismo fuera consciente de ello, Eddie iba a la caza de ese momento de iluminación, de atención plena, que acompaña al instante en que un minúsculo fragmento del mundo queda repentinamente encuadrado y expuesto permitiendo que ese ojo de mirada amplificada y extendida encuentre la novedad y el dramatismo en lo que antes era el tedioso mundo de todos los días. [No se vayan todavía, aún hay más…]

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