Exhalación n.º 10, de A. C. Wise – Especial Cuentos de película V

A. C. Wise es una autora que nació y se crió en Canadá, aunque en la actualidad reside en Estados Unidos. A lo largo de sus más de quince años de carrera literaria, ha publicado una novela, una novela corta (que fue finalista del premio Nebula) y más de un centenar de relatos. Uno de estos cuentos (How the Trick is Done, uno de mis favoritos de esta escritora) fue asimismo finalista del Nebula, y un buen puñado de ellos han sido seleccionados para antologías de «lo mejor del año». Aunque su obra toca todos los palos del género fantástico (de la ciencia ficción al weird, pasando por el terror y la fantasía), tal vez el subgénero que más frecuente sea la fantasía oscura rayana en el terror. Una muestra excelente es el relato con el que ganó en 2017 el premio canadiense Sunburst: La última travesía de la Henry Charles Morgan en seis piezas de eboraria (1841), su única obra traducida al español hasta el momento, que puede leerse en la revista Supersonic. Y una segunda muestra, igual de inquietante y oscura, pero radicalmente distinta, es la que vais a poder disfrutar como quinta entrega de nuestro especial Cuentos de película.

Exhalación n.º 10 (Exhalation #10) fue uno de los relatos originales seleccionados por Ellen Datlow para su estupenda antología temática Final Cuts: New Tales of Hollywood Horror and Other Spectacles ―que, al igual que nuestro especial, tiene como protagonista el cine―, publicada en 2020, y que hace unos meses ya os recomendaba aquí. La propia Ellen Datlow también lo escogió para abrir su volumen anual con la selección de los mejores relatos de terror del año. Y también puede leerse en la tercera colección de A. C. Wise, The Ghost Sequences, publicada en 2021 por Undertow Publishing (editorial que tal vez os suene porque su principal responsable es otro de los autores del blog, Michael Kelly). Se trata de una historia inquietante y desazonadora, pero, por encima de todo, se trata de una historia de amistad, sacrificio y amor. Espero que os guste.

Ojalá este relato sirva para dar a conocer un poco más por aquí a esta interesante autora, porque realmente lo merece. Mientras tanto, tan solo me queda agradecerle su amabilidad, gracias a la que hoy podemos tener su relato en Cuentos para Algernon. Thanks a million, A. C.!

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Exhalación n.º 10

A. C. Wise

No es una snuff movie, al menos no una al uso. La cinta MiniDv fue encontrada en la guantera de un Ford Taurus beige que se había estrellado. El automóvil había atravesado una barrera de seguridad y dado una o más vueltas de campana en su descenso por la pendiente al otro lado de la valla. No se encontró ningún cadáver. La matrícula había sido arrancada, el número de identificación del vehículo borrado y, en el interior, no se halló documentación alguna.

La etiqueta de la cinta está escrita a mano y dice: Exhalación n.º 10. La película que contiene dura cincuenta y ocho minutos; cincuenta y ocho minutos de los últimos estertores de una mujer y, finalmente, su muerte, cuando el sello de la hora marca 56:19.

Henry mira la grabación de principio a fin.

La letra del sobre acolchado en el que llegó la cinta es la de Paul, al igual que la de la etiqueta de la misma —una copia de la original, bien guardada en el depósito de pruebas—. Apenas los separa media hora en coche; Paul podía haberle entregado la cinta en persona, pero Henry comprende por qué no lo ha hecho. Incluso sabiendo que no es la original, el mero hecho de tocarla para introducirla en un reproductor hace sentir a Henry los dedos cubiertos de restos invisibles de inmundicia.

Henry está rodeado de aparatos caros: mesas de mezclas, un montón de pantallas y dispositivos reproductores, aparatos para convertir de un formato a otro… Aunque Paul le advirtió sobre la cinta por teléfono, Henry no estaba preparado.

Durante los cincuenta y ocho minutos de duración del vídeo, el cuerpo de la mujer yace desplomado contra una pared de hormigón, apenas consciente. Se está muriendo de inanición y tiene un brazo encadenado a una cañería gruesa encima de la cabeza. La luz es débil; las sombras, espesas. El ángulo de la cabeza, que cuelga hacia un hombro, oculta el rostro. La cámara observa durante cincuenta y ocho minutos y captura pequeños movimientos involuntarios —el cuerpo demasiado débil para nada más— hasta que su respiración se detiene.

Henry lo busca: de media, una persona necesita diez días para morir por falta de comida y agua. El número diez en la etiqueta apunta a que existen otras nueve cintas, una hora grabada cada día. ¿O hay más cintas que han estado grabando en todo momento a fin de garantizar que la muerte quedase registrada?

«Tú escucha, nada más —le había pedido Paul—. A lo mejor oyes algo que nosotros hemos pasado por alto.»

Los oídos de Henry son de oro. Eso es lo que su profesor de Edición de Sonido de la New York University le decía en su época de estudiante. De niños, su hermano mayor, Lionel, lo llamaba superpoder. Pero lo llamaras como lo llamaras, lo que significa es que, cuando Henry mira la cinta, no puede evitar oír cada pausa, cada jadeo; cada vez que la respiración de la mujer trata de detenerse, cada vez que el sistema nervioso autónomo la fuerza a introducir una nueva bocanada de aire en los pulmones.

Él jamás habría accedido a ver la cinta de no haber estado un tanto achispado y un tanto enamorado, que es más o menos lo que ha estado desde el día en que conoció a Paul en la facultad de cine. Paul, cuyos ojos son equivalentes a los oídos de oro de Henry cuando del encuadre se trata, los detalles, la toma perfecta. Paul, cuyo padre, que era policía, murió abatido por un disparo en acto de servicio tres meses antes de que su hijo se graduara, lo que obligó a este a abandonar sus sueños de rodar películas para seguir los pasos de su progenitor y hacerse también policía.

Henry sabe bien que es tontería dedicarse a perseguir chicos heteros, pero, ante Paul, la racionalidad y la lógica no sirven de defensa. Así que, cuando Paul lo llamó desesperado y le pidió que escuchara la cinta, nada más, por favor, Henry accedió.

Tras cincuenta y seis minutos y diecinueve segundos, la mujer muere. Tras otro minuto y cuarenta y un segundos, la cinta termina. Henry apaga la pantalla y se tiene que controlar para no arrancar el enchufe de la pared. [No se vayan todavía, aún hay más…]

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Novena encuesta anual de Cuentos para Algernon

Por noveno año os invito a participar en la encuesta anual de Cuentos para Algernon, votando como siempre en dos categorías: relatos y autores favoritos.

Las reglas son las de años anteriores, es decir, yo planteo dos preguntas:

  1. ¿Cuáles han sido vuestros relatos favoritos de los publicados durante este noveno año del blog (que en esta ocasión abarca de enero a diciembre de 2021, ambos inclusive)?

  2. ¿De qué autores de los publicados en ese mismo período os apetece más leer un nuevo cuento?

Vosotros elegís dos opciones para cada una de estas preguntas. Y una vez cerrada la encuesta, yo me comprometo a intentar que los ganadores de ambas categorías repitan con un nuevo relato en Cuentos para Algernon, siempre que tengan un cuento inédito que me guste lo suficiente y me autoricen a publicarlo.

Así que los candidatos son los trece relatos aparecidos en el blog entre el 6 de enero de 2021 (fecha de publicación de Se han ido, de John  Crowley), y el 13 de diciembre de 2021 (fecha de publicación de Me casé con un monstruo del espacio exterior, de Dale Bailey), y coinciden con los contenidos de la última antología, Cuentos para Algernon: Año IX.

Para votar debéis rellenar el formulario que tenéis más abajo. Se admite un solo voto por persona, por supuesto. No obstante, si os equivocáis o cambiáis de opinión, votad otra vez indicándomelo en los comentarios y vuestro voto anterior quedará anulado y será sustituido por el nuevo. En este mismo formulario podéis aprovechar para incluir cualquier tipo de comentario o sugerencia, tanto generales sobre el blog como sobre autores o relatos que os gustaría que tuviésemos por aquí.

Con objeto de que tengáis un margen suficiente, dado que la mayoría no leéis todos los cuentos hasta que se publica la antología, la encuesta permanecerá abierta hasta el sábado 2 de abril de 2022 a las 24.00.

Si habéis leído los cuentos y os apetece leer nuevas obras de vuestros autores favoritos (y de paso darme a mí una pequeña alegría 😉 ), no dejéis de cumplimentar la encuesta. Solo os llevará un par de minutos y, como los resultados suelen estar muy ajustados, vuestro voto puede ser el decisivo. Mil gracias por adelantado a todos los votantes.

Y ya sin más preámbulos declaro abierta la Novena Gran Encuesta Anual de Cuentos para Algernon.

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Antología Cuentos para Algernon: Año IX

Por noveno año consecutivo, Cuentos para Algernon no falta a su cita para ofreceros la nueva entrega de la serie de antologías de este blog, Cuentos para Algernon: Año IX, que recoge la totalidad de los relatos publicados en el mismo durante 2021. Como de costumbre, Cuentos para Algernon: Año IX puede descargarse íntegra, legal y gratuitamente en los formatos habituales (PDF, ePub, MOBI y FB2) desde esta misma página.

A modo de curiosidad, me gustaría destacar que esta entrega es la más extensa de las nueve publicadas hasta el momento. De los trece autores incluidos en la misma, ocho se estrenan en el blog (los otros cinco repiten o incluso tripiten) y, de esos ocho, seis estaban inéditos por completo en español hasta el momento de su publicación en el blog. Más datos: el cuento más antiguo de los que vais a poder leer fue publicado en 1996 (el de John Crowley) y el más reciente apareció tan solo hace unos meses, en este mismo año 2021 (el de Alix E. Harrow). En cuanto a la publicación de origen de las obras, encabeza la lista The Magazine of Fantasy & Science Fiction, de donde proceden tres de los relatos. La siguen las revistas Asimov’s Science Fiction y Apex, con dos cuentos cada una. Los seis restantes tienen orígenes diversos. Por último, entre los trece relatos acumulan un premio Locus, un British Fantasy Award y un Grand Prix de l’Imaginaire. También hay un ganador de la encuesta anual de la revista Asimov’s y un finalista de la misma. Y finalistas de los premios Nebula, World Fantasy Award, Hugo y Theodore Sturgeon.

Este volumen incluye la primera parte del especial Cuentos de película ―cuatro relatos relacionados con el mundo del cine―, que aparecen agrupados en el último tercio de la antología. En los dos primeros tercios encontraréis los otros nueve cuentos publicados este año. El índice ha quedado de la siguiente manera:

. Señor Muerte, de Alix E. Harrow
. Esperando a que Bella…, de Marie Brennan
. Hermanastra, de Leah Cypess
. Padre, de Ray Nayler
. Se han ido, de John Crowley (ganador del premio Locus)
. Sueños de octubre, de Michael Kelly
. Colecciones especiales, de Kurt Fawver
. La hija del devoradolor, de Laura Mauro (ganador del premio British Fantasy Award)
. El buen hijo, de Naomi Kritzer

Especial Cuentos de película:
. Los archivos de Constantinopla, de Robert Shearman
. Soltad a la bestia, de Stephen Volk
. Exoesqueletópolis, de Jeffrey Ford (ganador del premio Grand Prix de l’Imaginaire)
. Me casé con un monstruo del espacio exterior, de Dale Bailey (ganador de la encuesta anual de la revista Asimov’s)

Por si queda alguien que todavía no lo sepa, quiero volver a recalcar que Cuentos para Algernon (tanto el blog como esta antología) tiene un carácter 100 % no comercial y todos los relatos aquí publicados han sido cedidos de manera gratuita por sus autores (muchas gracias una vez más a todos ellos), y ni ellos ni yo obtenemos ningún beneficio económico de este proyecto. El único objetivo de esta recopilación es ofrecer agrupados todos los relatos de la novena temporada del blog para que de este modo se puedan disfrutar más cómodamente y tengan una mayor visibilidad, algo que creo que se consigue, como demuestra los premios Ignotus con los que han sido galardonadas las dos anteriores entregas. Vaya también mi agradecimiento a todos los que de un modo u otro contribuyáis a su mayor difusión. Este es un proyecto pequeño y vuestra colaboración en este aspecto es fundamental.

Espero que no seáis supersticiosos y leáis y disfrutéis estos trece cuentos. Dentro de unos días se abrirá asimismo la encuesta anual donde podréis elegir vuestros relatos y escritores favoritos de los publicados en el blog durante 2021. Muchas gracias por adelantado a todos los que participéis.

No quiero terminar sin agradecer una vez más la colaboración desinteresada y fundamental de Johan Solo (que ya lleva nueve años ocupándose de la maquetación en todos los formatos para e-book) y de Pedro Belushi, el artista gráfico creador de las maravillosas ilustraciones que desde hace ya cuatro años acompañan y complementan a la perfección a los relatos tanto en el blog como en la antología. Muchísimas gracias de todo corazón a ambos.

Y, para no perder las buenas tradiciones, termino ya, deseando larga vida a Cuentos para Algernon: Año n, con n->∞.

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Me casé con un monstruo del espacio exterior, de Dale Bailey – Especial Cuentos de película IV

Dale Bailey es un autor al que ya tuvimos el gusto de tener por aquí hace cuatro años con su relato La criatura desiste. Desde entonces, ha seguido publicando numerosos cuentos, además de una novela, In the Night Wood, que fue finalista de varios de los más importantes premios del género y que ha sido traducida al español con el título En el bosque oscuro (Minotauro, 2020).

La criatura desiste era un precioso homenaje a la película La mujer y el monstruo, que perfectamente podría formar parte de nuestro especial Cuentos de película. Este no es el único de los relatos de este autor que encajaría a la perfección en él, porque, durante estos últimos años, Dale ha escrito toda una serie de relatos inspirados en films de serie B de ciencia ficción y terror de los años cincuenta y sesenta, que incluso toman prestado el título de los mismos. Su idea es basarse en la situación a la que aluden esos títulos ―siempre llamativos y en muchas ocasiones incluso un tanto ridículos― y a partir de ahí escribir una historia literaria y con auténtico calado emocional. El cuento que vais a poder leer a continuación es un excelente ejemplo de este pequeño juego literario en el que se ha embarcado.

Me casé con un monstruo del espacio exterior (I Married a Monster from Outer Space) se publicó en 2016 en Asimov’s Science Fiction. Cabe destacar que, en la encuesta anual de la revista, los lectores lo eligieron su relato largo favorito de todos los publicados en Asimov’s ese año. El cuento toma su título de una película de ciencia ficción de 1958, dirigida por Gene Fowler Jr., en la que una recién casada se comienza a inquietar al observar extraños cambios en el comportamiento de su marido. Dale ha respetado el título, la presencia extraterrestre y algún elemento argumental (como la joven pareja y el cambio de personalidad del esposo), y a partir de ahí se ha inventado una conmovedora historia nueva por completo, triste pero muy divertida, que nos habla del temas muy humanos a pesar de que su protagonista estrella sea un extraterrestre entrañable y peculiar. Para disfrutar el relato no hace falta haber visto la película, pero mi opinión personal es que se lee de manera un tanto distinta si sí que se ha visto o si al menos se conoce el argumento de la misma (si no podéis verla, os puede bastar leer esta estupenda y pormenorizada reseña), ya que es entonces cuando se aprecia la manera en que el autor ha jugado con la historia original, lo que le aporta una dosis extra de interés. En cualquier caso, espero que os guste tanto como a los lectores de Asimov’s.

Por segunda vez (y ya adelanto que no va a ser la última), quiero expresar mi agradecimiento a Dale por escribir tantas historias maravillosas (cinéfilas y no) y encima permitirme compartirlas con todos vosotros. Thanks a million, Dale!

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Me casé con un monstruo del espacio exterior

Dale Bailey

Tercer turno, tres de la madrugada, hasta el Walmart de Crittenden (Pensilvania) está tranquilo. Tan solo el relajante zumbido de la máquina limpiasuelos en la sección de alimentación y unos cuantos zombis deambulando por los pasillos en busca de algo que jamás encontrarán, porque existen algunas cosas que ni siquiera un hipermercado Walmart vende ni venderá jamás. Margo está ocupada en el mostrador de atención al cliente, así que yo estoy sola en mi puesto, aprovechando para descansar apoyada en la caja registradora, cuando este extraterrestre aparece por el pasillo entre la estantería de menaje de cocina y la de ferretería.

Lo primero que pienso es que nunca he visto un disfraz de Halloween tan bueno. Al fin y al cabo, octubre acaba de empezar, y las zonas más transitadas en la entrada y en el centro de la tienda están llenas de velas con forma de calavera, calderos de bruja de plástico y docenas de disfraces de Halloween baratos, desde trajes de superhéroes para los críos hasta atuendos sexis de Vampirella para sus madres. Supongo que tiene que haber uno o dos de alienígena entre todo ese batiburrillo, pero cuesta creer que el de este tipo realmente sea uno de ellos. Por el mono plateado, como de papel de aluminio, sí podría serlo, pero es que en lugar de manos tiene unas pinzas gigantes (pensad en cangrejos y os haréis una idea). Y la cabeza… bueno, si es de mentira, de verdad que jamás he visto un disfraz tan bueno. Imaginad una col de Bruselas inmensa, lo único es que la col de Bruselas es en realidad un cerebro al descubierto que se alza por detrás de unos ojos negros saltones carentes de toda expresión, y, cuando digo toda, quiero decir toda. No tiene nariz propiamente, tan solo un par de hendiduras bajo esos ojos saltones, y, debajo de toda esta fealdad, la boca es una cicatriz fina y sin labios. Además mide dos metros, como poco. Lo que estoy tratando de decir es que era un extraterrestre y, tras aquel primer pensamiento fugaz, ya no albergué ninguna duda. Y para colmo estaba sujetando una de las cestas azules de Walmart con una de esas pinzas.

Yo, por mi parte, ni me inmuté. Si hay algo de lo que llegas a darte cuenta cuando trabajas en el turno nocturno de un Walmart es de lo increíblemente extraño que puede ser el mundo. He tenido en la cola de mi caja a un tipo vestido de Papa (estaba comprando Marlboro Lights) y también a Elvis (un paquete de doce condones, munición y una bolsa de mandarinas).

Así que cuando el extraterrestre se acerca en silencio a mi caja registradora no es que me pille de nuevas. Ni tampoco me sorprenden los productos tan absurdos que ha metido en la cesta: una caja de tampones, un kit de costura y una llave inglesa del tamaño de un bate de béisbol; un spray reparapinchazos (que Donny dice que no hay que usar jamás… pero de Donny ya hablaré luego); y un Blu-ray de la cesta de saldos de la sección de electrónica: La búsqueda, que no es que sea un peliculón, aunque a Donny le gusta. Y aquí estoy yo con mi chaleco azul, el marbete con mi nombre que dice Ruth y este alienígena de más de dos metros plantado ante mí. «¿Ha encontrado sin problemas todo lo que buscaba?», digo, y empiezo a pasar los productos por el escáner y a guardarlos en las bolsas que tengo colocadas en la plataforma giratoria en el extremo de mi puesto. Con esto siempre era muy cuidadosa. Nadie quiere el Micolor y la leche en la misma bolsa, porque la leche acaba sabiendo a detergente. Pero este extraterrestre se limita a observarme con sus grandes ojos saltones y, si agradece mis esfuerzos, no lo dice. En realidad no dice nada de nada, pero yo tampoco me lo tomo a mal. Los empleados de Walmart son transparentes para casi todo el mundo, y así es como yo me sentía la mayor parte de los días. Ruth Sheldon, la mujer invisible. A veces hasta Donny, por encantador que pueda ser, me hacía sentir así, como si su mirada me atravesara sin verme. [No se vayan todavía, aún hay más…]

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