El aria de la reina de la noche, de Ian McDonald

Ian McDonald es sin lugar a dudas uno de los más prestigiosos autores contemporáneos del género fantástico. Nacido en Manchester en 1960, se crió en Irlanda del Norte, donde continúa residiendo en la actualidad. A lo largo de sus más de treinta años de carrera, ha publicado alrededor de una docena de novelas y más de medio centenar de relatos, que le han hecho acreedor de numerosos galardones, tanto en las categorías breves como en la de novela (Hugo, Locus, BSFA, Sturgeon… por citar algunos de los más conocidos por aquí). A pesar de tan brillante trayectoria, solo tres de sus novelas se han publicado en español y, por supuesto, la inmensa mayoría de su obra breve también está inédita en nuestro idioma.

El aria de la reina de la noche (The Queen of the Night’s Aria) se publicó en 2013 en la antología Old Mars, editada por Gardner Dozois y George R. R. Martin, y ganadora del premio Locus, que recogía relatos centrados en Marte cuyo principal objetivo fuera entretener y divertir, en una especie de homenaje al espíritu de las obras de la Edad de Oro de la ciencia ficción. Posteriormente, este cuento se incluyó no solo en la antología de lo mejor de 2013 editada por el propio Dozois, sino también en la de Jonathan Strahan, además de en la última colección del propio autor, The Best of Ian McDonald, que, según su propio título, recopila lo mejor de su obra.

Tal como decía, El aria de la reina de la noche transcurre en el planeta Marte y es una peculiar secuela de La guerra de los mundos de H. G. Wells. Melómano ya desde su título, se trata de un maravilloso relato con un cierto aire pulp; una historia agridulce, pero francamente divertida, que cuenta con un par de protagonistas entrañables, sufridos y difícilmente olvidables. Esta es posiblemente la obra más extensa (y una de las más complicadas de traducir) que he publicado en el blog hasta este momento, pero creo que su calidad merecía el esfuerzo. Así que espero que os guste tanto como a mí.

Ya por último, vaya mi agradecimiento para Ian McDonald, no solo por permitirme compartir su extraordinario relato con todos vosotros, sino por la amabilidad con la que me ha contestado todas mis dudas y cuestiones referentes a la traducción del mismo. Thanks a million, Ian!

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El aria de la reina de la noche

Ian McDonald

—¡Dios!, todavía en el puñetero Marte.

El conde Jack Fitzgerald, virtuoso, maestro, sopratutto, estaba mirando por la ventana de la suite Torre Celestial del hotel Gran Valle, ataviado con tan solo su camisa. Las torres y moradas de Unshaina, la Ciudad Esculpida, se precipitaban a sus pies en una cascada de rellanos y gradas. Teleféricos avanzaban entre chirridos por cables vertiginosos tendidos entre los pináculos cincelados de las Colonias Reales, donde dioses pétreos de múltiples cuerpos reposaban sobre pilares de kilómetro y medio de alto; por encima de ellos, los cosmonarcas de la IX Flota se cernían en el cielo encarnado. Todavía más arriba estaban las cornisas del Gran Valle, cinceladas en forma de matacanes y almenas caladas; y, en lo más alto, en el límite de la atmósfera, sombras crepusculares engalanadas con luces de fondeo: las naves de la Flota Interestelar. Una silla-ascensor transportada por un escuadrón de twavs pasó por delante del ventanal en su agitado descenso al ritmo de los golpes de las alas de los portadores. En la silla viajaba un humano con el largo sobretodo de los funcionarios de la Fuerza Expedicionaria. Con una mano aferraba una valija diplomática; con la otra, los cables del arnés de la silla. Por debajo de las gafas antipolvo, la boca estaba abierta en un gesto de pavor.

—¡Dios, mira eso! Me están entrando náuseas. Maldito esbirro gubernamental, ¿cómo te atreves a hacer que se me revuelva el estómago nada más levantarme? En la vida me vas a meter en uno de esos cacharros, Faisal, en la vida. Esos bichos se te cagan encima. Es cierto, lo he visto. El fondo del valle está cubierto por más de cien metros de guano de murciélago marciano.

Vengo de una familia sutil y de pies ligeros; pero, a pesar de toda mi discreción, nunca conseguía pillar al conde Jack desprevenido: los tenores tienen buen oído.

—Maestro, la Commanderie ha dado directrices. «Murciélagos marcianos» no es una denominación admisible. El término oficial es «la civilización twav».

—Tonterías. Murciélagos marcianos es lo que parecen, así que murciélagos marcianos es lo que son. Ninguna civilización ha sido erigida sobre la base de la defecación aérea. ¿Dónde está mi té? Necesito un té. [No se vayan todavía, aún hay más…]

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Desmadre en el supermercado, de Kris Dikeman

Kris Dikeman vive y trabaja en Nueva York, y ha publicado una docena de relatos en antologías y conocidas revistas del género. En la actualidad está escribiendo la que va a ser su primera novela.

Desmadre en el supermercado (Madhouse on Aisle 12) es por el momento su último cuento, y apareció en 2015 en Daily Science Fiction, revista online diaria que publica relatos de muy corta extensión. Se trata de una nueva muestra de flash fiction humorística, que espero que con sus menos de mil palabras os arranque unas cuantas sonrisas, o incluso carcajadas.

Y, como supongo que estaréis con ganas de uniros al desmadre, termino ya. Eso sí, no sin antes dejar constancia de mi agradecimiento a Kris por permitirme tener aquí su divertidísimo relato. Thanks a million, Kris!

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Desmadre en el supermercado

Kris Dikeman

Alargo la mano para coger un paquete de galletas con trocitos de chocolate.

—Grasas parcialmente hidrogenadas —dicen las galletas—. Incluso aceite de palma. Acabarías antes apuñalándote en el corazón. Porque encima llevamos en esta estantería… ocho meses como poco.

Echo el paquete en el carro y continúo hacia el pasillo de los productos lácteos, donde agarro una garrafa de leche semidesnatada.

—¿No eres un poco mayorcita para esto? —me pregunta la leche—. Que ya no tienes enzimas. Y además el envase es de plástico, como puedes ver. Me habrá contaminado con todos esos mortíferos PVC que libera. Aunque… es posible que la hormona de crecimiento bovina los neutralice.

Vuelvo a dejar la garrafa y hago ademán de ir a coger un cartón de leche de soja con sabor a chocolate.

—En realidad no soy leche —murmura el cartón en tono avergonzado—. Soy licuado, y ¿a quién se le ocurriría beber licuado con sabor a chocolate? Hasta a mí me suena asqueroso.

—Bonitas tetas —comentan lascivamente las pechugas de pollo cuando me inclino sobre la nevera de la carne. Al menos ahora sé que son muy frescas. [No se vayan todavía, aún hay más…]

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Lecturas recomendadas VI (enero 2016)

Antes de nada, desearos a todos un feliz año 2016 cargado de buenas lecturas. Y ya sin más dilación, aquí van una vez más unas cuantas recomendaciones sacadas de mis lecturas de este último trimestre:

. Internal Medicine: A Doctor’s Stories, de Terrence Holt (Liveright Publishing Corporation): Empezamos con uno de los autores del blog, que además de In the Valley of the Kings, que recoge sus relatos fantásticos, especulativos o más o menos extraños (como «Escila»), ha publicado esta otra colección compuesta por cuentos basados en sus experiencias como médico. Un libro que tal vez no consiga que vayáis al hospital más tranquilos, sino más bien todo lo contrario, pero que es literatura de la buena, con cuentos tan extraordinarios e inolvidables como «The Grand Inquisitor», con el que se cierra el volumen.

. La araña negra, de Jeremias Gotthelf (Catedra): A pesar de su tono didáctico y moralizante, esta novela corta escrita por un pastor y escritor suizo del siglo XIX contiene escenas más terroríficas e impactantes que la mayor parte de las obras de terror contemporáneas. Y además cumple plenamente su objetivo, porque después de leerla no creo que a nadie le queden ganas de meterse en tratos con el diablo. ;)

. Sleeps with Angels, de Dave Hutchinson (NewCon Press): un autor del que se ha hablado mucho últimamente gracias a sus recientes novelas, pero, si os pasa como mí, que cada vez me da más pereza leer novelas (o si ya las habéis leído), me gustaría recomendaros esta estupenda colección de seis relatos. Originales, bien escritos, rebosantes de humor y de ideas… Resumiendo, una opción tan interesante como cualquier novela.

. Siete casas vacías, de Samanta Schweblin (Páginas de Espuma): Los protagonistas de estos siete cuentos son personas de lo más normal a las que les correspondería tener una vida ordinaria y anodina, pero esta autora argentina consigue hacernos ver que la realidad cotidiana suele ser mucho más siniestra, desasosegante y onírica de lo que en un principio podríamos creer. Un nuevo acierto de Páginas de Espuma, editorial centrada exclusivamente en la ficción breve y que, como tal vez ya hayáis notado aquellos que acostumbréis a leer estas entradas de recomendaciones literarias, sin duda es uno de mis sellos favoritos (aunque tenga la pega de que todavía no publique en digital :( ).

. From the Fifteenth District, de Mavis Gallant (Open Road): Gallant es una autora canadiense fallecida en 2014 considerada por muchos una de las grandes de la ficción breve, algo que no me sorprende tras leer este libro, que recoge nueve historias que transcurren en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, protagonizadas en su mayoría por emigrantes. Un libro que es una auténtica delicia, gracias a su prosa exquisita y a sus personajes, bien perfilados y creíbles.

. Big Time: la gran vida de Perico Vidal, de Marcos Ordónez (Libros del Asteroide): Posiblemente, el nombre de Perico Vidal no os diga nada, como me pasaba a mí antes de leer este libro, pero resulta que este español trabajó en algunas películas muy famosas (Doctor Zhivago, De repente el último verano, La hija de Ryan…) y conoció e incluso fue íntimo amigo de varios de los grandes del cine, como Frank Sinatra y David Lean. En este libro, el propio Perico (y su hija en un par de capítulos finales) nos narra en primera persona una especie de crónica de su vida, francamente amena por la abundancia de anécdotas y curiosidades, y con la que seguro que pasaréis un buen rato si os gusta el cine clásico.

. Robertson Davies: así, tal cual, no un libro concreto sino toda su obra (publicada íntegramente en español por Libros del Asteroide), entre la que me gustaría destacar la que en mi opinión es su mejor trilogía, la de Deptford.

. Colección de novelas cortas de Tor: hace unos meses esta editorial empezó a publicar novelas cortas de género y, aunque por el momento solo he leído cuatro, por lo visto hasta ahora creo que es una iniciativa que merece ser destacada y seguida de cerca. Es cierto que The Shootout Solution, de Michael R. Underwood, y Patchwerk, de David Tallerman, me han parecido meramente entretenidas; pero The Builders, de Daniel Polansky, un autor del que no había leído nada, ha sido una agradable sorpresa (una especie de historia del oeste protagonizada por animales de distintas especies), y The Last Witness, de K. J. Parker, me ha parecido simplemente genial, y ya se ha ganado un lugar seguro en mis nominaciones a los Hugo de este año en la categoría de novella.

Y cerremos una vez más con una recomendación cinematográfica. Tras ver alrededor de treinta largometrajes en el último festival de cine de Valladolid, resultó que la obra con la que más había disfrutado era un corto, Ernie Biscuit, del australiano Adam Elliot. Y esto mismo ya me había sucedido años atrás con Harvie Krumpet, corto con el que este mismo director ganó el Oscar en 2004. Las obras de stopmotion de este autor son pequeñas obras maestras y nadie debería perdérselas.

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Presencia, de Maureen F. McHugh

Maureen F. McHugh es ya conocida por los seguidores de este blog, puesto que desde febrero de 2013 habéis podido leer aquí su relato La hija de Frankenstein. Así que, sin más preámbulo, pasemos a hablar del nuevo cuento de esta autora que hoy tengo el placer de compartir con vosotros.

Presencia (Presence), relato nominado a los premios Hugo de 2003, se publicó por primera vez en marzo de 2002 en la revista The Magazine of Fantasy & Science Fiction. Unos meses más tarde, Gardner Dozois lo incluyó en The Year’s Best Science Fiction: Twentieth Annual Collection, su prestigiosa antología anual con la mejor ciencia ficción breve del año, y también se puede leer en Mothers & Other Monsters, la primera de las colecciones de relatos de la propia Maureen, publicada por la interesante editorial Small Beer Press bajo licencia Creative Commons, que puede descargarse íntegramente aquí. Al igual que La hija de Frankenstein, se trata de un emotivo relato de ciencia ficción de futuro cercano que plantea una situación que ¿ojalá? tengamos a la vuelta de la esquina.

Ya por último, vaya de nuevo mi agradecimiento para la editorial Small Beer Press, que nos permite disfrutar gratuitamente de este y de más cuentos de sus autores, y, muy especialmente, para la propia Maureen. Thanks a million, Maureen!

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ACTUALIZACION I: Ya podéis descargar aquí los tres formatos habituales para ebook (EPUB, FB2 y MOBI), gracias una vez más a la amable colaboración de Jean y Johan.

Presencia

Maureen F. McHugh

Mila está sentada en su mesa en Ohio y coge el mango de la nueva maquinilla de afeitar desechable en… ¿Shen Zhen, en China?, ¿en Juárez, en México? No recuerda dónde están ensamblando las piezas. Mueve la cámara hacia la izquierda y hacia la derecha, y decide que debe de ser Shen Zhen, porque cuando mira a su alrededor no hay nadie más en su campo visual. La diferencia horaria es de doce horas. En China son las once de la noche, así que la única actividad corresponde a otro ingeniero de producción trabajando telepresencialmente: manipuladores por control remoto revisando un cubo lleno de bisagras dos mesas más allá en un círculo de luz. Las fábricas son lugares sucios y poco iluminados, pero las cámaras necesitan luz, así que las estaciones telepresenciales son islas en la oscuridad.

Levanta la pieza de plástico azul oscuro y la sitúa delante de la máquina de medición de coordenadas, y espera a que esta mida la cavidad. Calcula que alrededor de un veinte por ciento no se ajustan a las especificaciones, pero llevan tanto retraso en el lanzamiento de las maquinillas que no pueden permitirse esperar a que el vendedor les proporcione una nueva remesa; así que al día siguiente, los mal pagados empleados chinos del departamento de materias primas de Shen Zhen tendrán que inspeccionar a mano las piezas, descartar las malas y pasar las demás a la sección de embalaje.

Suena el teléfono.

Se quita los manipuladores y el visor. La pantalla del teléfono muestra el número de su casa y Mila da un respingo. [No se vayan todavía, aún hay más…]

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