Tiro a la cabeza, de Julian Mortimer Smith

Julian Mortimer Smith es un escritor de ciencia ficción y fantasía que vive en un pueblecito de Nueva Escocia (Canadá). Sus historias han aparecido en destacadas publicaciones del género, como Asimov’s, Lightspeed o Daily Science Fiction, pero hasta ahora ninguna de ellas estaba disponible en español. Su primera colección de relatos, The World of Dew and Other Stories, ha ganado hace unos meses el galardón Blue Light Books Prize, convocado por la revista Indiana Review, y será publicada en abril de 2021 por la editorial Indiana University Press.

Tiro a la cabeza (Headshot) se publicó por primera vez en 2015 en Terraform, y fue uno de los cuentos seleccionados por Karen Joy Fowler y John Joseph Adams para su antología con la mejor ficción breve de ciencia ficción y fantasía de ese año. Asimismo estará incluido en la ya mencionada primera colección de Julian, The World of Dew and Other Stories. Es un relato que a pesar de su tono humorístico consigue hacernos reflexionar sobre varios temas bastante serios (guerra, democracia, redes sociales…), y todo ello en menos de 2000 palabras. ¿Hay quien dé más?

Espero que Tiro a la cabeza os sorprenda y os guste tanto como a mí, y que os deje con ganas de leer más relatos de este prometedor autor. Por mi parte, tan solo me queda agradecer la amabilidad de la editorial Indiana University Press. Y, sobre todo, la del propio Julian, que desde un principio se mostró encantado de poder compartir este relato con todos vosotros. Thanks a million, Julian!

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Tiro a la cabeza

Julian Mortimer Smith

@JMitcherCNN: Cabo, en primer lugar permítame agradecerle que haya accedido a concedernos esta entrevista. A estas alturas, todo Estados Unidos ha visto las imágenes de su increíble disparo de la semana pasada. ¿Nos podría contar la historia con sus propias palabras?

@CaboPetersMarines: Por supuesto. Tal como ya sabe, las cosas se han desmadrado un poco después de cobrarme esa pieza. Voy camino de los 12K seguidores. Hasta entonces, jamás había llegado a tener conectados más de… ¿a lo mejor un par de docenas? El hecho es que cuando pasó solo tenía a dos personas conmigo: @MotínPatriótico2000 y @Fantasmamigo. Fue la noche del asalto en Peshawar, ¿se acuerda? Así que la mitad del país estaba siguiendo a los chicos de la Primera División Aerotransportada. Nadie quería perderse un salto así. Yo estoy muy agradecido a todos los seguidores que han estado a mi lado desde el principio, pero al César lo que es del César: esa noche tan solo estábamos Motín, Fantasma y yo.

@JMitcherCNN: Qué interesante. ¿Así que ni siquiera tenía quorum para entablar combate?

@CaboPetersMarines: No, al principio no. Pero esa noche el quorum no era algo que me preocupase. Solo era una patrulla rutinaria y no esperábamos ningún problema. Yo estaba charlando tranquilamente con Fantasma y Motín. Esos dos siempre me han ayudado con la navegación, los informes de situación y toda la pesca, pero también han estado ahí cuando simplemente he necesitado alguien con quien charlar, que a veces es incluso más importante. Cuando estás en plena zona de guerra, resulta agradable oír en tus cascos la voz de algún chaval de las afueras de Detroit.

@JMitcherCNN: ¿Y cuántos soldados más había en esta patrulla?

@CaboPetersMarines: Era un pelotón de seis hombres, pero los tipos de tácticas nos habían dividido para cubrir más terreno. Tanto Fantasma como Motín pensaban que eso era una gilipollez, pero habían perdido la votación en el centro de operaciones. Cuando el número de votos es pequeño, es más fácil que las malas ideas salgan adelante. De ahí lo del quorum. Reconozco que los pusimos a parir un rato. Ellos me contaron que entre los tíos de tácticas del centro de operaciones online había muchos que en realidad ni siquiera habían seguido nunca de verdad a un soldado. Se limitan a pasar el tiempo mirando imágenes generales del terreno y transmisiones vía satélite, moviéndonos de aquí para allá como piezas de ajedrez. No estoy diciendo que eso esté mal, pero puede ser peligroso. Nadie que haya dedicado tiempo a seguir a un soldado de patrulla hubiese tomado ese tipo de decisión.

@JMitcherCNN: Así que únicamente estaba usted, solo en un callejón y sin respaldo.

@CaboPetersMarines: Así es. Y entonces Motín se fija en un gran coche negro aparcado en el callejón, que estaba oscuro como la boca de un lobo. Todas las farolas estaban apagadas, así que yo no lo había visto. Pero Motín es un verdadero friki de la tecnología y está siguiendo mi transmisión en versión infrarroja, térmica y de visión nocturna por láser, cada una en una ventana distinta. No se le escapa casi nada. Y este era un Lincoln y él es de Detroit, que es donde los fabricaban, así que lo reconoce. Aquí la mayoría de los coches son modelos soviéticos mierdosos de los años setenta. ¿A que es el colmo de la ironía? A los tipos de la lista de los más buscados se los reconoce porque todos conducen coches estadounidenses. [No se vayan todavía, aún hay más…]

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Los mascarones del último imperio, de Mark Valentine

Mark Valentine es un autor y editor inglés. A lo largo de sus más de treinta años de carrera profesional ha publicado varias colecciones de relatos, numerosos artículos y ensayos, una biografía de Arthur Machen y un estudio sobre el escritor Sarban. En su segunda faceta profesional, ha editado obras de clásicos como Saki, Walter de la Mare o Robert Louis Stevenson, además de diversas antologías de temática sobrenatural o fantástica. En la actualidad es el editor de la revista Wormwood, centrada en la literatura fantástica, sobrenatural y decadente. A pesar de que son varias docenas los relatos que ha publicado, creo que tan solo uno de ellos ha sido traducido al español: «Loco laudista», incluido en la antología Sombra del árbol de la noche (Elefanta Editorial, México, 2015).

Los mascarones del último imperio (The Mascarons of the Late Empire) apareció en 2010 en una de sus colecciones, The Mascarons of the Late Empire & Other Studies (Ex Occident Press), y posteriormente se ha incluido en otras dos: Selected Stories (The Swan River Press) y la muy reciente The Nightfarers (Tartarus Press). Se trata de una historia sosegada, nostálgica y melancólica, escrita con una cuidadísima prosa, y que, al igual que bastantes cuentos de este escritor, transcurre durante el período de entreguerras en algún territorio que hasta esos momentos había pertenecido al Imperio austrohúngaro. Es cierto que es un relato un tanto distinto a la mayoría de los que podéis leer por aquí, pero espero que por eso mismo lo disfrutéis tanto o incluso más.

Por último quiero expresar mi enorme agradecimiento a Mark, por permitirme tener aquí hoy esta maravillosa historia y por su amabilidad en todo momento. Thanks a million, Mark!

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Los mascarones del último imperio

Mark Valentine

El sueño del doctor Julius Barusch era fundar la primera ciudad neolatinista del mundo, un lugar donde todos los que hablaran su propuesta de idioma paneuropeo pudieran congregarse y emplear el neolatín como lengua del día a día, en calles, mercados, negocios y en cafés y tabernas. En cuanto el mundo viera, pensaba el doctor Barusch, la libertad y simplicidad con la que hombres y mujeres de cualquier nacionalidad —o de ninguna—, de cualquier filiación y credo, podían hablarlo, el ímpetu del movimiento por la adopción más plena posible del neolatín se convertiría en algo imparable.

Además, como él sabía por sus numerosas amistades y corresponsales, los hablantes de neolatín acostumbraban a ser personas de muy diversas afinidades y mentalidad moderna, que era de esperar se contasen entre la vanguardia que reconstruiría la civilización europea a partir de los escombros de la Gran Guerra. La adopción de esta nueva lengua neutral basada en una herencia clásica común solo podía contribuir a fomentar la concordia internacional. Así era como el doctor Barusch pensaba y se expresaba con frecuencia, con frases grandilocuentes que suscitaban en su corpachón una extraña excitación casi física. Porque no solo eran grandes sus ideales: también lo era su figura, a pesar de los esfuerzos de sus chalecos gris plata por contenerla, como si también ella deseara envolver en un enorme abrazo a cuanta humanidad abarcara.

Al doctor Barusch le había llevado tiempo dar con la ciudad adecuada para su campaña, pero esa ciudad era ahora un elemento fijo de su plan y él mismo se había establecido en ella. El plan en cuestión se basaba en dos estrategias: convertir a la población ya residente —empezando al menos por el sector más culto— al neolatín; y atraer a los hablantes de todo el mundo para que se reunieran con él allí y ayudasen a difundir el mensaje. La ciudad escogida tenía —ah, ahí estaba la gracia del asunto— al menos cuatro nombres distintos dependiendo de a cuál de sus múltiples minorías (no existía una mayoría) se preguntase.

Al doctor Barusch no le amilanaba lo más mínimo que la población ya contase con al menos esas cuatro lenguas de uso común y un dialecto propio que tomaba indiscriminadamente los elementos más extremos, potentes y cáusticos de cada una de ellas; ni que tuviera varias hablas menos conocidas de uso local; ni que asimismo existiera otro idioma oficial —o diplomático, por así decir—, que no era ninguno de los anteriores. Mucho mejor así, mantenía, para fomentar la utilización de una lengua única, sencilla y sin filiaciones, y dar la bienvenida a quienes quisieran acudir allí y hablarla.

La variedad de la ciudad no se percibía tan solo en su Babel diario, dado que también poseía recintos sacros de al menos cinco fes, y algunos aseguraban que de seis o siete, dependiendo de lo que se contabilizara. En casi cualquier pendiente de las cuestas adoquinadas que subían desde el turbio río; en la mayoría de los recodos de los pequeños callejones cubiertos que serpenteaban por la ciudad cual agujeros de lombrices, o en el sereno interior de los hayales y sotos de abedules de los jardines públicos, se alzaba una torre, una bóveda, un grupo de cúpulas, un dentado frente de almenas, un chapitel o un fantástico pastiche de varios de los elementos anteriores que, cuando el aire arrastraba el polvo del este o el leve aroma a resina de pino de los bosques de las distantes montañas al oeste, a veces parecían fluctuar, como reflejos en un lago oscuro. Y en esta ciudad en ocasiones tan curiosamente irreal, el doctor Julius Barusch creyó poder fundar la primera sociedad dedicada a difundir y perfeccionar la lengua europea y todos los ideales humanitarios que la misma entrañaba.

La ciudad no era la primera que el doctor Barusch había tomado en consideración para materializar su sueño. De Ancona y Aarhus a Zúrich y Zaragoza había explorado otras muchas; pero solo fue en esta, entre su población inquieta, ingeniosa, híbrida y fuerte, que dio en pensar había encontrado terreno fértil. Instaló su base en el Café de l’Europe, donde acostumbraba a ocupar un sitio cercano a la ventana rodeado por los detalles ornamentales de escayola en tonos crema y chocolate de las paredes, los anchos festones de terciopelo carmesí de las cortinas y las pesadas sillas roble oscuro. En ese lugar entretenía largas horas tomando una sucesión de cafés negros aromatizados con cardamomo, servidos con el acompañamiento de un puñado de esas galletas espolvoreadas de azúcar llamadas lenguas de gato (a las que, habida cuenta de que en esta ciudad las hacían a modo de rombos beis, ya no se asemejaban ni en color ni en forma: un ejemplo excelente de la falta de lógica de los idiomas ancestrales). Con gran discreción, colocaba sobre la mesa una banderita de escritorio, que lucía el símbolo del neolatín: el sol radiante, para indicar que estaba abierto a interlocuciones en la novedosa lengua. Incluso los camareros, ataviados con largos delantales, le llevaban la corriente con cierta ironía, murmurando los nombres neolatinos cuando le servían la oscura y empalagosa bebida bien caliente y los dulces que la acompañaban, o cuando en su lugar pedía un agua mineral. [No se vayan todavía, aún hay más…]

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Un planteamiento programático de la conquista de la felicidad perfecta, de Tim Pratt

Tim Pratt (@timpratt) fue el tercer autor publicado en Cuentos para Algernon, cuando era casi un desconocido entre los lectores hispanos. Sin embargo, más de siete años después de aquel Otro final del imperio, puede presumir de tener publicadas en español dos colecciones (Hic sunt dracones: Cuentos imposibles, ed. Fata Libelli, y Pequeños dioses y otros cuentos blancos, ed. La máquina que hace ping!) y una novela, que justo se lanza al mercado hoy, Motores de sangre (ed. La máquina que hace ping!), la primera de su serie protagonizada por la hechicera urbana Marla Mason (que ya hizo su presentación en sociedad entre nosotros con el relato Aciago encuentro en Ulthar); además de los ya siete cuentos (y una poesía) disponibles de manera gratuita en Cuentos para Algernon.

Un planteamiento programático de la conquista de la felicidad perfecta (A Programmatic Approach to Perfect Happiness) apareció en 2009 en el sitio web Futurismic; unos meses más tarde, en Escape Pod, revista-podcast que publica en formato audio relatos de ciencia ficción; y en 2013, en una de las colecciones de Tim, Antiquities and Tangibles & Other Stories. Se trata de una divertida historia de ciencia ficción, que a medida que avanza va tornándose más inquietante e incluso terrorífica, sobre todo leída a día de hoy.

Una vez más quiero recordaros a todos los que leéis en inglés que podéis haceros mecenas de Tim en Patreon. Con una aportación de tan solo un dólar al mes podéis contribuir a que siga escribiendo ficción breve, y a cambio cada mes recibiréis un nuevo cuento suyo inédito.

Como os podéis imaginar, tras los ocho regalos de Tim a Cuentos para Algernon, mi agradecimiento hacia él es tremendo, de ahí que cierre esta presentación aprovechando una vez más para decirle, thanks a million, Tim!

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Un planteamiento programático de la conquista de la felicidad perfecta

Tim Pratt

Wynter, mi hijastra, que por desgracia alberga prejuicios contra los robots y las personas que nos aman, franquea la puerta flotando en una metafórica nube refulgente en lugar de en su figurativa nube lóbrega habitual. Cruza la cocina pisando con sus botas negras de tacón de aguja, se pone de puntillas, me rodea el cuello con sus brazos ceñidos por pulseras de cuero y me plantifica un beso en la mejilla, dejando en pos de ella una mancha de lápiz de labios negro en mi piel artificial y un olorcillo a polvos de maquillaje blanco en mi nariz asimismo artificial.

—Hola, Kirby —dice con voz dulce y efervescente cuando normalmente jamás tendría a bien pronunciar mi apelativo personal—. ¿Está mamá en casa? Llevo siglos sin hablar con ella.

Al instante comprendo que Wynter se ha contagiado. Dejo con cuidado la espátula a un lado.

—Tu madre está… indispuesta.

—Si así sois felices, adelante —dice poniendo los ojos en blanco.

Enfila con paso ligero hacia su cuarto, esa zona prohibida de nuestro hogar pintada de negro y sumida en la penumbra, a la que April, mi esposa, denomina «el tumor».

Me acerco a la puerta de nuestro dormitorio, la abro suavemente y digo:

—Cariño, tu brunch postcoital ya está preparado, y creo que Wynter se ha contagiado con la cepa H7P4.

De la pila de mantas, correas y almohadones de ángulos extraños que constituye nuestra cama emerge un gruñido:

—¡Dios!, recuérdame cuál era esa.

—La que te hace sentir feliz —digo, y cierro la puerta entre las risas sarcásticas de April. [No se vayan todavía, aún hay más…]

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Triple nominación para Cuentos para Algernon en los premios Ignotus 2020

Este año de nuevo vuelvo a tener el tremendo placer de anunciar que Cuentos para Algernon está presente entre los finalistas de los premios Ignotus de la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror, y además en varias categorías.

En primer lugar, sexta nominación de su historia para el propio blog en la categoría de mejor sitio web, en compañía de, entre otras, dos de nuestras páginas de referencia, con las que ya hemos tenido el honor de compartir nominación en el pasado (de hecho, con la primera de ellas hasta hemos compartido galardón en 2014 😉 ): La tercera fundación y La nave invisible.

En segundo lugar, quinta nominación para la serie de antologías gratuitas Cuentos para Algernon: Año n (en este caso, con n=7).

Y, en tercero, nominación para el cuento Las guías de la bruja: vías de escape. Compendio práctico de portales a mundos de fantasía, de Alix E. Harrow, en la categoría de mejor relato traducido. Esta deliciosa obra no solo se impuso hace unos meses en la encuesta anual del blog, sino que en 2019 ya ganó el premio Hugo, así que supongo que nadie se sorprenderá demasiado ante su presencia en esta categoría. Vaya nuestra enhorabuena para Alix, su autora.

Pero nuestra enhorabuena se extiende a los otros once autores cuyos relatos se han publicado a lo largo de 2019 en Cuentos para Algernon, todos ellos incluidos en la antología finalista. La mayor parte del mérito de estas nominaciones recae sobre ellos. Así que, Adrian, Tim, Marissa, Dave, Robert, Eric, John, Natalia, James, Nadia, Rachel and Alix, congrats on these nominations and thanks a million for your brilliant stories!

Por supuesto, mil gracias también a Johan Solo y a Pedro Belushi, gracias a los cuales tenemos disponibles todos los cuentos y antologías en formatos para e-book y acompañados por unas estupendas ilustraciones.

Por último, un millón de gracias a todos los que habéis leído, recomendado, difundido o votado los contenidos del blog. Entre todos me habéis dado una enorme alegría. Y ahora, mucha suerte para todos los finalistas y que gane el mejor.

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