Colecciones especiales, de Kurt Fawver

Kurt Fawver es un autor norteamericano que compagina su vocación literaria con su trabajo como profesor de literatura y escritura creativa. En su faceta como escritor, ha publicado más de sesenta cuentos en múltiples antologías y revistas, aunque creo que este es el primero que se traduce al español. A las dos colecciones que ya tiene en el mercado, se le sumará una tercera este mismo año. Su relato The Convexity of Our Youth ganó el premio Shirley Jackson Award en 2018, galardón para el que ha estado nominado en un par de ocasiones más, siempre en las categorías de ficción breve, dado que por el momento su obra más extensa ha sido una novela corta. Sus historias se encuadran en la fantasía oscura, el terror y, sobre todo, la narrativa weird, como vais a poder comprobar a continuación.

Colecciones Especiales (Special Collections) se publicó en la revista The Magazine of Fantasy & Science Fiction en 2016, y es uno de los cuentos incluidos en The Dissolution of Small Worlds, segunda coleccion de este escritor. Se trata de una inquietante historia cuyo germen está en el hecho de que su autor imparte clases universitarias en el turno de noche, por lo que conoce a la perfección el ambiente que reina en el campus una vez cae la oscuridad y, en concreto, en una inmensa biblioteca que con frecuencia tiene que atravesar. Según confiesa el propio Kurt, en este cuento se puede rastrear la influencia de autores como Steven Millhauser (esa voz en primera persona del plural) y Thomas Ligotti. Por mi parte, dado que los auténticos protagonistas de este relato son los libros, he tenido la sensación de que estaba pidiendo a gritos ser publicado el 23 de abril, Día del Libro. Espero que os guste y que estéis de acuerdo conmigo en que es una historia perfecta para leer justo hoy.

Para concluir esta breve presentación, tan solo quiero agradecer a Kurt que haya estado dispuesto a compartir con nosotros todo su saber sobre estas enigmáticas Colecciones Especiales. Thanks a million, Kurt!

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Colecciones Especiales

Kurt Fawver

LA PRIMERA NORMA

Tenemos dos normas en la biblioteca. La primera norma es que no se debe entrar en Colecciones Especiales sin compañía. Es lo primero que nos enseñan en el curso de orientación, antes de empezar con las características de los rigurosos protocolos de clasificación de libros en los anaqueles, el sistema de préstamos y la compleja base de datos de textos online. Incluso antes de que recibamos la plaquita con nuestro nombre y se nos asigne un número de identificación de alumno-bibliotecario, se nos inculca el mensaje: «No os aventuréis en solitario más allá del umbral de Colecciones Especiales».

Los motivos que nuestros supervisores aducen para justificar esta norma son vagos, si bien esgrimidos con énfasis amenazador.

«Los alumnos-bibliotecarios se han visto involucrados en numerosos… incidentes en Colecciones Especiales», dicen.

«La sección de Colecciones Especiales posee ciertas… propiedades bastante excepcionales.»

«Debido a lo especial de sus contenidos, se reciben frecuentes informes de… experiencias inusitadas en Colecciones Especiales y sus inmediaciones.»

«La utilización sin permiso de determinados materiales de Colecciones Especiales puede acarrear… repercusiones graves.»

Como niños acobardados ante la autoridad de un profesor particularmente severo, nosotros obedecemos casi siempre y entramos en Colecciones Especiales de dos en dos. Casi siempre.

Entendednos, todos nosotros hemos visitado la sección de Colecciones Especiales acompañados. Da igual que se trate de un supervisor, un miembro del profesorado u otro compañero de estudios o trabajo, cuando franqueamos la frontera de Colecciones Especiales con alguien a nuestro lado, el resultado es siempre el mismo: no ocurre nada. Recorremos con los dedos los lomos de libros encuadernados en pieles de origen desconocido y contemplamos artículos arcanos encerrados en gruesas urnas de cristal. Nos sentamos a las mesas de roble oscuro bañadas por la tenue luz blanca de pesadas lámparas de latón. Nos deslizamos por un mar suntuoso de moqueta azul real mientras efluvios de moho envuelven con suavidad nuestros semblantes cual cortinas sedosas. Si alguien nos acompaña, cuando estamos en Colecciones Especiales solo estamos en una biblioteca. Una biblioteca ordinaria. Sí, tiene un encanto erudito particular, y sí, caminar por Colecciones Especiales es, en muchos sentidos, como atravesar las cavidades del corazón académico; pero, en compañía de otra persona, en nuestro camino jamás se cruzan «incidentes», «propiedades», «experiencias» ni «repercusiones», que, de ser totalmente sinceros, es lo que más nos gustaría encontrar en la biblioteca.

De suerte que nuestra curiosidad acerca de la primera norma crece, libre y descontrolada. Nos preguntamos por qué existe y por qué se recalca hasta convertirla en evangelio. Rezongamos sobre ello durante nuestros turnos de trabajo, preguntándonos unos a otros qué es lo que podría haber exactamente de malo en entrar en la sección de Colecciones Especiales en solitario, qué trivialidad prohibida podría estar oculta a plena vista allí dentro. Deambulamos por la biblioteca ideando escenarios en los que infringimos la norma y conjeturamos que, en todos y cada uno de esos casos imaginados, con toda seguridad no sucedería nada. Nada de nada. [No se vayan todavía, aún hay más…]

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Resultados octava encuesta anual de Cuentos para Algernon

Tengo el placer de dar a conocer los resultados de la última la encuesta anual, en la que han participado 54 personas frente a las 50 de la edición anterior, con lo que se mantiene la ligera tendencia ascendente de votantes, lo que para mí es una noticia estupenda. Ahora bien, basándome en los nombres y apodos utilizados al votar, lo que también se mantiene es el hecho de que el voto femenino no alcanza el 20 %, mientras que el masculino supera el 80 %. Cada cual puede sacar sus propias conclusiones.

Muchísimas gracias una vez más a todos los que os habéis molestado en participar. Como siempre digo, la encuesta puede parecer un mero divertimento, pero a mí me resulta la mar de interesante leer vuestros comentarios y sugerencias y comprobar qué relatos y autores son los que más os han interesado. Aparte de que, al igual que en años anteriores, trataré de que vuestros favoritos me cedan un nuevo cuento, algo a lo que hasta ahora siempre han accedido.

Y pasemos sin más dilación a los resultados. Como siempre, me limito a las cuatro primeras posiciones en cada una de las categorías.

Relato favorito (98 votos):

1º: Recetas a tutiplén, de Naomi Kritzer

2º: Empatía bizantina, de Ken Liu

3º: Un módico precio por el trino de un pájaro cantor, de K. J. Parker

4º: Hablar con los muertos, de Sarah Pinsker

Autor del que más os apetece leer otro relato (94 votos):

1º: Ken Liu

2º: Tim Pratt

3º: Naomi Kritzer

4º: K. J. Parker

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Recordatorio/sugerencias premios Ignotus 2021

Dado que ya se ha abierto el plazo para votar en la primera ronda de los premios Ignotus de Pórtico, la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror (la fase en la que se proponen los candidatos para ser finalistas), vamos una año más con la entrada tradicional en la que repasamos las obras publicadas en Cuentos para Algernon que, si consideráis lo merecen, podéis proponer dado que cumplen el resto de condiciones, junto con algún otro posible candidato que de una manera u otra tiene relación con este blog.

Empecemos como siempre por lo más fácil y que nos atañe más de cerca: tanto el blog como la última antología, en este caso, la octava, Cuentos para Algernon: Año VIII, son nominables en las categorías de Mejor Sitio Web y Mejor Antología, respectivamente. Si todavía no habéis leído la antología, aprovechad que aún estáis a tiempo. Como siempre, podéis descargarla gratuitamente en diversos formatos aquí.

Pasemos al apartado de los cuentos nominables como Mejor Relato Extranjero. Este año de nuevo coinciden con todos los incluidos en la mencionada antología, la octava, la totalidad de los publicados en el blog a lo largo de 2020. Si nos ajustamos al orden en que aparecen en el volumen, son los siguientes:

. Concierto a dos voces, de Melanie Tem y Steve Rasnic Tem
. Monos, de Ken Liu
. Recetas a tutiplén, de Naomi Kritzer
. Las flores de la prisión de Aulit, de Nancy Kress
. Tiro a la cabeza, de Julian Mortimer Smith
. Volver a cruzar la Estigia, de Ian R. MacLeod
. Los mascarones del último imperio, de Mark Valentine
. Amor de pago único, de Aliya Whiteley
. Un planteamiento programático de la conquista de la felicidad perfecta, de Tim Pratt
. Hablar con los muertos, de Sarah Pinsker
. Empatía bizantina, de Ken Liu
. Un módico precio por el trino de un pájaro cantor, de K. J. Parker

Y, por supuesto, las doce ilustraciones que acompañan los cuentos, todas ellas obras de Pedro Belushi, también son nominables.

  

En cuanto a la categoría de revista, este año me gustaría destacar una: Windumanoth, no solo por la calidad de todos sus contenidos, sino porque de vez en cuando sigue ofreciendo un hueco en sus páginas a algunos relatos publicados anteriormente en el blog (el último, Las guías de la bruja: vías de escape. Compendio práctico de portales a mundos de fantasía, de Alix E. Harrow, que puede leerse en el número 11). Como ya he dicho en años anteriores, es una iniciativa que me ilusiona mucho y que les agradezco enormemente.

Varios autores del blog han publicado obras en España este año. Empecemos el repaso por las colecciones de relatos. Que recuerde son las siguientes: Pequeños dioses y otros cuentos blancos, de Tim Pratt, Canciones de amor para tímidos y cínicos, de Robert Shearman y Ella dijo Destruye, de Nadia Bulkin. Aunque creo que ninguna de ellas cumple las condiciones para poder ser votada en la categoría de Mejor Colección/Antología, los relatos inéditos que incluyen sí que pueden optar en la de Mejor Relato Extranjero. Lo mismo ocurre con la antología editada por Ken Liu de ciencia ficción china, Estrellas rotas, y los cuentos de la misma.

En cuanto a novelas, de nuevo menciono las que recuerdo, pero es posible que se me olvide alguna: En el bosque oscuro, de Dale Bailey, Motores de sangre, de Tim Pratt, y Hacia las estrellas, de Mary Robinette Kowal. Hasta donde yo sé, las tres son nominables en la categoría de Mejor Novela Extranjera.

Tanto si vais a votar en los Ignotus como si no, espero que esta entrada os pueda resultar útil para refrescaros la memoria bien cara a esta fase de nominaciones bien cara a futuras lecturas. Porque no olvidemos que el verdadero objetivo de estos galardones, y de cualquier premio literario, es ayudar a descubrir obras que se nos han escapado y que nos pueden proporcionar unos minutos u horas de disfrute.

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Señor Muerte, de Alix E. Harrow

Alix E. Harrow era casi una desconocida entre los lectores de habla hispana cuando en 2019 pudisteis leer el relato Las guías de la bruja: vías de escape. Compendio práctico de portales a mundos de fantasía, que había ganado el premio Hugo poco antes. Desde entonces, las cosas han cambiado un tanto. En cuanto a lo que nos pilla más cerca, cabe destacar que este cuento fue finalista de los premios Ignotus y su primera novela se publicó hace unos meses en español: Las diez mil puertas de Enero (Roca Editorial). Mientras tanto, Alix ha publicado ya una segunda novela en inglés, The Once and Future Witches, y varios relatos más, y ha seguido cosechando nominaciones y premios en Estados Unidos. Y, como también se impuso en la 7ª encuesta de Cuentos para Algernon en la categoría de relato favorito, tenía todas las papeletas para volver a visitarnos con un nueva historia bajo el brazo.

Señor Muerte (Mr. Death) se publicó hace tan solo dos meses, en enero de 2021, en la revista Apex. Se trata de su relato más reciente, que os va a permitir comprobar que Alix no se ha dormido en los laureles y que sigue escribiendo historias con personajes entrañables y bien perfilados, con la habilidad y la dosis de humor justas para eludir el sentimentalismo, que resultan frescas y originales aunque el argumento pueda tener elementos conocidos y, sobre todo, que no dejan indiferente (incluso sin jugar la baza bibliófila de su anterior relato). Aunque el listón quedó muy alto, espero que este nuevo cuento os guste tanto o más que su guía brujeril.

Por último, quiero expresar por segunda vez mi agradecimiento a Alix por la amabilidad y generosidad que ha demostrado en todo momento ante mis peticiones. Y aprovechar para desearle que su carrera literaria siga tan viento en popa como hasta ahora. Thanks a million, Alix!

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Señor Muerte

Alix E. Harrow

He acompañado a doscientas veintiún almas en su travesía hasta la otra orilla del río de la muerte, y ya sé que mi alma número doscientos veintidós va a ser un marronazo de cuidado. Lo sé por la ligereza de la carpetilla que sostengo en la mano, por la compasión anticipada en el rostro de la mensajera cuando me la entrega. Con el estómago apretado, leo la tarjeta mecanografiada sujeta con un clip en la tapa, preparado para el golpe a traición.

Nombre: Lawrence Harper

Dirección: Grist Mill Road nº 186, 13797 Lisle (Nueva York)

Hora: 2.08 (hora del este) del domingo 14 de julio de 2020

Causa: Parada cardiaca consecuencia del síndrome de QT largo sin diagnosticar

Edad: treinta meses

¡Por las llaves de San Pedro! Tiene dos años.

En la sala de descanso hemos llegado al consenso de que los dos años es la peor edad para la siega. Sus almas todavía son algodonosas y suaves, como las de los bebés, del todo inocentes, pero ya están llenas de las sutilezas y peculiaridades que definen su personalidad propia. Están haciendo equilibrios justo en el tambaleante filo de ellos mismos, tan rebosantes de posibilidades que basta con estar cerca de ellos para que se te salten las lágrimas.

Por otra parte, los de dos años son unos cabroncetes a los que les encanta llevar la contraria, y se necesitan varias horas y un paquete tamaño familiar de Lacasitos para convencerlos de que crucen el río.

Hoy por hoy, con la tasa de mortalidad infantil situada holgadamente por debajo de 7 por cada 1000 nacimientos, no nos ocupamos de demasiados menores de cinco años —a algunos de los segadores más veteranos les gusta quejarse de que nos hemos vuelto unos blandengues, y rememoran los buenos tiempos anteriores a las normas sobre el cinturón de seguridad, las vacunas y la Agencia de Protección Ambiental—, pero seis coma seis de cada mil siguen siendo seis coma seis de más. Y todo segador termina topándose con uno.

En mi caso, este era el primero en mis tres años de siegas. Estaba empezando a pensar que alguien en el piso de arriba se preocupaba por mí, me amparaba, no fuera a ser que alguno de estos menores de cinco resultara ser un chiquillo de ojos oscuros y cabello dorado y sedoso. No fuera a ser que me rompiese como un huevo y tuviera que jubilarme anticipadamente.

A todos los segadores se los protege, al menos un poco. La primera docena o así de muertes que se nos asigna suele ser de personas cuyo espíritu ya tiene un pie situado firmemente en la tumba: viejos de setenta y pico años con cáncer en fase 4, cónyuges solitarios tras la muerte de su pareja, bisabuelas a cuyos oídos acaba de llegar flotando escaleras arriba la palabra «residencia».

Esos trabajos tienen algo de gratificante. Un heroísmo de andar por casa, como hacerle el turno a un amigo con resaca o ahuyentar por la ventana a un pájaro que ha quedado atrapado sin saber salir. En esas ocasiones es cuando resulta más sencillo creer las alocuciones de mi supervisora sobre el orden intachable del universo, la configuración cíclica del tiempo y la inevitabilidad de la muerte.

Abro paréntesis. Algunos segadores soslayan la palabra «muerte» y prefieren verbos como «fenecer» o «ascender». Mi supervisora —Raz, coordinadora de reclutamiento de segadores y arcángel de los secretos— considera que los eufemismos son una forma de cobardía, y ella no recluta cobardes. Fin del paréntesis.

Pero a la postre se te agotan las muertes fáciles. [No se vayan todavía, aún hay más…]

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