El azogue, de Jeff Noon – Especial relatos ultracortos XIV

Jeff Noon es un escritor inglés bien conocido por todos los seguidores del blog, dado que esta es la cuarta vez que lo tenemos en Cuentos para Algernon.  Así que tan solo me gustaría destacar que, tras un largo período durante el que casi no publicó nuevas obras, durante estos cuatro últimos años sus fans han estado de enhorabuena, puesto que han aparecido tres nuevas novelas suyas (Mappalujo, A Man of Shadows y The Body Library) y media docena de relatos en diversas antologías y revistas.

El azogue (The Silvering)  está incluido en Pixel Juice, su única colección de cuentos hasta el momento, publicada en el año 2000. Y con sus setecientas y pico palabras encaja perfectamente en este especial ultracortos. Espero que os guste tanto como sus relatos anteriores, que ya aprovecho para recordar son: Destino cero, La llave del gabinete de la noche (ganador de nuestra III Encuesta Anual) y No Res (finalista de los British Science Fiction Awards).

Por último, muchísimas gracias una vez más a Jeff, sin cuya generosidad no habríamos podido disfrutar aquí de sus cuatro relatos. Y ojalá pronto se puedan leer nuevas obras suyas en español, y no solo en este blog. Thanks a million, Jeff!

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El azogue

Jeff Noon

Posiblemente no sea desatinado decir que, una tarde, bien entrado el futuro, todos los espejos del mundo decidieron unirse. Aunque la mayor parte de la gente considera los espejos meras superficies reflectantes, algunas de las religiones más místicas han planteado la posibilidad de que se traten de puertas a otra esfera más profunda. En lugar de como en puertas, pensemos en ellos como en venas: las venas de una inmensa criatura escondida por la que la luz puede viajar. Una criatura con fotones por glóbulos sanguíneos.

Durante siglos, esta criatura empalmó sus venas de tal modo que cada viaje lumínico terminaba en su punto de partida. De ahí que nos contempláramos a nosotros mismos. Pero de pronto, con la unión de todos los espejos, cada uno reflejaba no la mirada atónita de su propietario sino la expresión igualmente estupefacta de otro rostro desconocido.

El rostro de un desconocido.

Ante el cual tan solo podías hacer muecas, gritar o quedarte plantado anonadado.

Tal vez haya que imaginar la criatura especular encogiéndose de hombros y estirándose de nuevo con su maraña de venas dispuesta de acuerdo con un orden distinto. Tal vez no fuera esa su intención. Tal vez sí.

Con destruir los espejos no se adelantaba nada, puesto que cualquier espejo comprado —o incluso fabricado— en sustitución de otro continuaba reflejando la imagen del mismo desconocido. Además, no tardó en observarse que daba igual en qué lugar del mundo se encontrara el sujeto, daba igual que él o ella se contemplase en un espejo ajeno, allí siempre le estaba esperando la misma pareja.

Este fenómeno pasó a ser conocido como el azogamiento. Y, con el tiempo, al monstruo imaginario a través del cual viajaban los rayos de luz se le llamó el Azogue.

Se descubrió que la forma matemática exacta a la que las venas del Azogue tenían que ajustarse para que este proceso se desencadenara era una curva de dimensión once terriblemente compleja. La belleza abstracta de la misma puede haber complacido a los científicos, pero no les servía de gran cosa a todos esos miles de millones de habitantes del mundo a quienes ahora sus espejos resultaban por completo inútiles con vistas a su objetivo original. Por poner el ejemplo más obvio: ¿cómo iba a poder peinarse una joven su larga cascada de cabello frente al reflejo de un anciano calvo y decrépito?

Porque así era, algunos hombres se reflejaban en mujeres. El Azogue no conocía prejuicios. Los viejos se reflejaban en jóvenes; los gays, en heteros; los negros, en blancos; los ricos, en pobres. Al principio, esta disolución de fronteras tan solo provocó indignación a ambos lados del espejo. Por suerte, aunque las ondas lumínicas viajaban por las venas del Azogue, no así las sonoras. Las imprecaciones no se oían; aunque ni que decir tiene que eran imaginadas sin grandes problemas a partir de las expresiones de los rostros.

Pero tras tan solo un corto espacio de tiempo, los habitantes del mundo aceptaron sus nuevos reflejos y empezaron a colaborar con ellos. Fue así como ese anciano calvo y decrépito aprendió a imitar el peinado de los largos mechones dorados. Y el mundo fue considerado un lugar mejor gracias a esos vínculos del azogue.

Los únicos momentos angustiosos venían provocados por una sencilla propiedad matemática, la de que cada una de las venas del Azogue solo tenía dos accesos: el principio y el final. Por mor de ello, el proceso solo funcionaba cuando el número de habitantes del mundo era par. Dado el eterno juego del nacimiento y la muerte, de tanto en tanto, una persona se plantaba ante su espejo esperando ser recibida por su pareja y se encontraba contemplando un espacio desocupado, una oquedad, un vacío aterrador.

Este fenómeno pasó a ser conocido como el Empañamiento, y provocaba la evitación de la totalidad de los espejos hasta el día en que la población mundial pasaba de nuevo de impar a par, y todas las venas de luz volvían a tener tanto principio como final.

Un nuevo rostro aparecía para abrazar tu reflejo, y las sonrisas eran copiadas a la perfección. El mundo recuperaba el equilibrio.

Hasta que el Azogue se encogió de hombros una vez más, no solo a través del espacio sino también a través del pasado y futuro. De manera que, posiblemente un día, bien entrada la tarde, no sea desatinado decir que todos los espejos de todos los tiempos…

Copyright © 2000 Jeff Noon

De la ilustración, Copyleft Pedro Belushi

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Renacido, de Ken Liu

Ken Liu inauguró Cuentos para Algernon hace exactamente seis años, con el que fue su primer relato traducido al español: Quedarse atrás. En este tiempo, la situación ha cambiado mucho, y este escritor, traductor, informático y abogado estadounidense nacido en China ha pasado de ser un desconocido para la mayoría de los seguidores del género de nuestro país a ser un nombre francamente popular, como demuestran sus cuatro premios Ignotus en la categoría de relato extranjero y la publicación en español dentro de la colección Runas (ed. Alianza) de varias de sus obras: la colección El zoo de papel y otros relatos, las dos primeras novelas de su trilogía La Dinastía del Diente del León y la antología de ciencia ficción china Planetas invisibles, de la que es editor y traductor en su versión inglesa.

Además del ya mencionado Quedarse atrás, que fue finalista de los premios Ignotus, recordemos que en el blog tenéis disponibles otros cuatro relatos suyos: Acerca de las costumbres de elaboración de libros en determinadas especies (galardonado con uno de esos cuatro Ignotus); La llamada de La Compañía de las Tortitas, incluido en nuestro especial dedicado al humor; Error de bit único, con el que celebramos el tercer cumpleaños del blog, y Antes y después, una muestra de flash-fiction. Y, dado que Ken fue el autor más votado en la IV encuesta del blog en la categoría de escritor favorito, me he visto obligada a abusar por sexta vez de su amabilidad para poder ofreceros otro de sus cuentos.

Renacido (Reborn) se publicó originalmente en 2014 en Tor.com como parte de un proyecto del editor David Hartwell: The Anderson Project. Hartwell pidió a varios autores que escribieran un cuento inspirándose en una obra concreta del artista gráfico Richard Anderson, obra que podéis ver un poco más abajo dado que es la ilustración que precede al relato. De entre los cuentos recibidos, Hartwell seleccionó y publicó tres, uno de ellos esta impactante historia de ciencia ficción que espero que os guste tanto como los anteriores cuentos de Ken.

Y llegamos al habitual capítulo de agradecimientos, que en esta ocasión es triple. En primer lugar, gracias a todos los que a lo largo de estos seis años habéis leído y apoyado este blog, o contribuido a su difusión de cualquier modo. Nunca me cansaré de decirlo: Cuentos para Algernon solo tiene sentido si hay alguien que lee y disfruta de sus contenidos, detrás de los cuales hay mucha ilusión y muchas horas de trabajo (y no solo mías). En segundo lugar, muchísimas gracias a Richard Anderson, por permitir que su sugerente obra también acompañe aquí a Renacido. Y, en tercero, quiero reiterar una vez más mi enorme agradecimiento a Ken, que a lo largo de estos seis años siempre me ha demostrado que su generosidad y amabilidad no van en zaga a su calidad como escritor. Thanks a million Richard and Ken!

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Renacido

Ken Liu

 

 Todos tenemos la sensación de que es un único «yo» el que está al mando, pero esa es una ilusión que el cerebro se esfuerza en producir…

Steven Pinker, La tabla rasa

 

Recuerdo cuando me renacieron. Me sentí como imagino se siente un pez al ser devuelto al mar.

La Nave de la Sentencia sobrevuela despacio Fan Pier tras entrar por el puerto de Boston; su casco metálico y discoidal en perfecta armonía con el cielo oscuro y borrascoso, su cara superior curvada como un vientre preñado.

Es tan grande como el antiguo Palacio de Justicia que se alza bajo ella en tierra. Un puñado de naves escolta flota a su alrededor, y hay momentos en que las luces que se apagan y encienden en sus cascos adoptan configuraciones que parecen rostros.

En torno a mí, los espectadores van enmudeciendo. La nave, que tiene previstas cuatro visitas anuales, todavía continúa atrayendo una numerosa multitud. Examino los rostros vueltos hacia arriba: impasibles en su mayoría, aunque algunos parecen sobrecogidos. Los hombres de un corrillo cuchichean y se ríen entre dientes. Les presto una somera atención, pero no demasiada. Llevamos años sin que se produzca ningún ataque en un acto público.

—Un platillo volante —comenta uno de ellos en voz un poco demasiado alta. Algunos miembros del corrillo se apartan, tratando de desvincularse de él—. Un puto platillo volante.

El gentío ha dejado libre la zona situada justo bajo la Nave de la Sentencia. Un grupo de observadores tawnin está plantado en el centro, para dar la bienvenida a los renacidos. Sin embargo, Kai, mi pareja, no está presente. Me ha dicho que en estos últimos tiempos ya ha presenciado demasiados renacimientos.

Kai me explicó una vez que la Nave de la Sentencia había sido diseñada con esa forma en señal de respeto hacia las tradiciones terrestres, para evocar nuestras fantasías históricas de hombrecillos verdes y películas como Plan 9 del espacio exterior.

«Igual que vuestro antiguo Palacio de Justicia se remató con esa cúpula para asemejarlo a un faro: una baliza de la justicia presentando sus respetos a la tradición marítima de Boston».

La historia no es algo que por lo general interese a les tawnin, pero Kai siempre ha defendido que tienen que esforzarse más por adaptarse a nosotros, los autóctonos.

Me abro paso despacio por entre la multitud, para acercarme más al grupo de los cuchicheos, en el que todos llevan abrigos gruesos y largos, perfectos para esconder armas.

La parte superior de la preñada Nave de la Sentencia se abre y un brillante rayo de luz dorada sale disparado y se eleva hacia el cielo, donde las nubes oscuras lo reflejan y devuelven a tierra transformado en un suave resplandor que no proyecta sombras.

Puertas circulares se abren por todo el contorno de la Nave de la Sentencia, y desde ellas van desenrollándose y descendiendo unos cables largos y elásticos, que oscilan, se encogen y extienden como tentáculos. La Nave de la Sentencia es ahora una medusa que se desliza por el aire.

En el extremo de cada cable hay un humano, bien sujeto, como si fuera un pez con un anzuelo clavado en el puerto tawnin dispuesto sobre la columna vertebral a la altura de los omoplatos. Mientras los cables se van extendiendo y aproximando despacio a tierra, las figuras en los extremos menean brazos y piernas lánguidamente, con movimientos gráciles.

Ya casi he alcanzado el corrillo de hombres. Uno de ellos, el que antes ha hablado en voz demasiado alta, tiene la mano dentro de su grueso abrigo. Aprieto el paso, apartando a la gente a empellones.

—¡Pobres cabrones! —murmura mientras contempla a los renacidos aproximándose al espacio despejado en mitad de la multitud, regresando a casa. Veo aflorar en su rostro la determinación del fanático, del xenófobo que se dispone a matar.

Los renacidos ya casi han llegado a tierra. Mi objetivo está esperando el momento en que los cables de la Nave de la Sentencia se sueltan y los renacidos ya no pueden volver a ser izados, el momento en que a los renacidos todavía les flaquean las piernas, todavía están inseguros de quiénes son.

Todavía son inocentes.

Recuerdo bien ese momento.

El hombro derecho de mi objetivo se mueve cuando el hombre trata de sacar algo del abrigo. Empujo a un lado a las dos mujeres que tengo delante y salto gritando: «¡Quieto!».

Y entonces el mundo se ralentiza cuando bajo los pies de los renacidos el terreno explosiona como un volcán, y ellos, junto con les observadores tawnin, salen despedidos por el aire, con sus extremidades sacudiéndose cual marionetas con las cuerdas cortadas. En el instante en que choco contra el hombre que tengo delante, una ola de calor y luz lo borra todo. [No se vayan todavía, aún hay más…]

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Cese y desistimiento, de Tyler Young – Especial ultracortos XIII

Tyler Young es un abogado estadounidense que empezó a escribir relatos de ficción especulativa en 2015. Desde entonces ha publicado alrededor de una decena de cuentos, que han aparecido en diversas antologías y revistas del género (Gamut, Nature, Daily Science Fiction…).

Cese y desistimiento (Cease and Desist) se publicó en 2017 en la revista científica Nature. Se trata de un cuento de ciencia ficción encuadrable en el subgénero legal-humorístico, pero que con sus menos de mil palabras va más allá de ser un mero chiste.

En esta ocasión mi agradecimiento es doble. En primer lugar, muchísimas gracias a Antonio Díaz (@mertonio), otro abogado cuyas sugerencias han conseguido que este texto parezca escrito por un auténtico profesional de las leyes, en lugar de por una profana tratando de emular a uno. Y, en segundo, gracias también a Tyler Young, por supuesto, por permitirme incluir su cuento en este especial ultracortos. Thanks a million, Tyler!

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Cese y desistimiento

Nuestra palabra es su garantía

Tyler Young

Estimada Humanidad:

Me dirijo a ustedes en nombre de Apogeo S. de R. L., abogados litigantes de la nube de materia oscura conocida como X-o4 en posesión de la Patente Galáctica núm. 40 419 513 934 343 (en adelante, «la Patente»). La Patente, copia adjunta presente, describe el concepto de autoensamblaje basado en enlaces de hidrógeno en organismos vivos. Tribunales a lo largo y ancho de la galaxia han reiterado la validez de patentes de funciones biológicas. Véase, por ejemplo, Fondo de Inversiones II de Alfa Centauri contra Mente Colmena Interestelar. Por consiguiente, todo uso de la técnica de autoensamblado basado en hidrógeno por parte de cualquier organismo vivo se ve afectada por los derechos exclusivos que sobre la misma posee X-o4.

En el día de ayer (de acuerdo con calendario no estándar basado en el Sol utilizado por ustedes), X-o4 se enteró de la existencia de la humanidad. Huelga decir que todos los miembros de su especie utilizan enlaces de hidrógeno en el ensamblaje de su ADN. Por lo tanto, en todo momento, su especie está cometiendo de manera colectiva doce mil millones de violaciones individuales de la patente de X-o4 (en adelante, «la Actividad Infractora»). Cada perpetración de la Actividad Infractora causa un menoscabo incalculable e irreparable a la propiedad intelectual de nuestro cliente. Por este motivo, y en representación suya, requerimos por la presente que la humanidad cese con carácter inmediato en el uso de la técnica objeto de la Patente.

Es posible que ya estén al tanto de que nuestra firma ha presentado con éxito demandas contra numerosas especies por vulneración de derechos de propiedad intelectual, en representación de una amplia variedad de titulares de los mismos, empresas de Fisión500® incluidas. Hemos escuchado (y refutado) todos los argumentos que probablemente presenten contra el ejercicio por parte de X-o4 de su legítimo derecho a controlar el uso del procedimiento objeto de la Patente. Con el objetivo de facilitar que este asunto se resuelva de manera ágil y económica, procedemos a continuación a rebatir por anticipado sus alegaciones; no obstante, nos reservamos el derecho a responder con mayor detalle y a citar otras fuentes en el supuesto de que este asunto alcance instancias judiciales.

En primer lugar, consideramos que el procedimiento objeto de la Patente no es «obvio», de acuerdo con la definición de 25 G.S.C. § 2456 A) 2) b) i). Tras llevar a cabo un estudio exhaustivo de las formas de vida conocidas hemos confirmado que solo aquellas propias de la Tierra utilizan este sofisticado y valioso método. Entre paréntesis, somos conscientes de que los hemófagos de la galaxia de Andrómeda presentan una asombrosa semejanza con los humanos, pero la biología subyacente difiere en esencia de la humana y del asunto objeto de la Patente.

En segundo, la humanidad no puede alegar que X-o4 no haya actuado con prontitud a la hora de ejercitar sus derechos. Tal como ya se ha indicado anteriormente, esta carta fue enviada cuando aún no habían transcurrido veinticuatro horas terrestres desde el momento en que X-o4 tuvo conocimiento de la Actividad Infractora. A saber, X-o4 se enteró de la existencia de la humanidad viendo un documental sobre vida salvaje: Las extrañas criaturas de la Vía Láctea; los registros de Galcast de la actividad de X-o4 confirmarán la cronología de hitos del visionado de este programa por parte de X-o4. Plazos similares han sido considerados razonables y pertinentes incluso en el caso de criaturas dotadas de capacidades para la alteración temporal de las que X-o4 carece.

En tercero, el hecho de que X-o4 no haya inventado sino adquirido esta tecnología es irrelevante. Desde tiempos inmemoriales ha quedado establecido que las patentes, al igual que otras propiedades, pueden ser enajenadas y transferidas con total libertad. Tampoco supone un impedimento excluyente que nuestro cliente comprara la Patente tras descubrir la existencia de la humanidad. De igual modo no viene al caso el precio pagado por ella (6,53 USD). Los únicos hechos que importan son estos: (1) X-o4 está en posesión de la Patente, y (2) la existencia de la humanidad viola la Patente.

En resumen, X-o4 puede conseguir, y así lo hará de resultar necesario, un mandamiento judicial exigiendo a la humanidad que cese toda Actividad Infractora. No obstante, nuestro cliente comprende la situación tan complicada en la que se encuentra la humanidad. X-o4 es una nube financiera flexible y estaría encantada de encontrar una solución al problema beneficiosa para ambas partes; de ahí que esté dispuesta a otorgar a la humanidad una licencia permanente de la Patente a cambio del 50 % de su producto interior bruto (pagadera obligatoriamente en criptoducados). Si la humanidad está de acuerdo con esta propuesta, le pedimos que, con objeto de minimizar cualquier otra Actividad Infractora, recurra a la suspensión criogénica mientras los abogados humanos ultiman los detalles del contrato de licencia. En caso de que la humanidad no disponga todavía de tecnología criogénica se la podemos proporcionar por una módica suma.

Suponemos que la humanidad y el resto de formas de vida propias de la Tierra optarán por la representación conjunta. De no ser el caso, rogamos nos lo notifiquen con carácter inmediato para que procedamos a enviar comunicaciones similares al resto de criaturas terrestres.

Les saluda muy atentamente.

V. J. Glorbton

P.D.: La Patente cubre todos los isótopos del hidrógeno, de modo que cualquier intento de soslayar nuestros derechos mediante deuteración de su especie será infructuoso.

 

Copyright © 2017 Tyler Young

De la ilustración, Copyleft Pedro Belushi

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Amarillo muerto, de Tanith Lee – Especial ultracortos XII

Tanith Lee es una prolífica autora inglesa que, hasta su fallecimiento en 2015, publicó docenas de novelas y cientos de relatos, muchos de ellos compilados en sus cerca de treinta colecciones. Aunque su obra se encuadra principalmente dentro de la ciencia ficción, fantasía y terror, a lo largo de sus más de cuarenta años como escritora también tocó otros géneros, como la poesía y la literatura histórica e infantil. Gracias a esta vasta obra consiguió ganar varios premios Mundiales de Fantasía y estar nominada a la mayoría de los galardones más destacados del género. Si bien es cierto que un puñado de sus novelas y relatos se han traducido al español, esto fue hace ya bastantes años (alrededor de 1990, mayormente), y tal vez hoy en día esté un tanto olvidada por aquí. Así que espero que aprovechéis la oportunidad de poder disfrutar de esta breve muestra de su extensa obra.

Amarillo muerto (Dead Yellow) se publicó en 2008 en la prestigiosa revista científica Nature. Posteriormente fue incluido en Space Is Just a Starry Night (Aqueduct Press), una de las colecciones de relatos de la autora. Son menos de mil palabras, así que lo mejor es que no diga nada más y que paséis directamente a leerlo. Eso sí, no sin antes darle las gracias a John Kaiine, sin cuya generosidad este cuento no estaría aquí. Thanks, John!

ACTUALIZACION I: Ya tenéis disponibles aquí los formatos habituales para ebook (EPUB, FB2 y MOBI) del cuento. Muchas gracias como de costumbre a Jean y Johan por su amable colaboración.

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Amarillo muerto

Tanith Lee

Este fue mi vestido de boda. En su momento, mi elección de color provocó los comentarios de la gente, pero con el pelo como lo tenía entonces quedaba bien. Me acuerdo de que había narcisos en flor, pero no te voy a enseñar las fotografías. Ahora ya, ¿para qué?

¿Que cuándo empezó? Oficialmente en 2036, pero antes los periódicos ya llevaban años informando de curiosas anomalías. Y la gente, percatándose de cosas. Al principio pensaban que eran ellos los que tenían algún problema y se asustaban, de ahí que haya tantos casos registrados en expedientes médicos.

¿Y yo? Bueno, creo que la primera vez que de verdad reparé en ello fue aquel día cuando estábamos paseando por el parque, algo que por entonces hacíamos bastante. Era un bonito parque, con árboles abundantes y zonas agrestes. Pero entonces oí a un niño —¿a que es curioso cómo los niños siempre hacen las preguntas más terribles?—, a un niño que le decía interpelando a un adulto, «¿Por qué todos los árboles se están volviendo marrones?». Y estábamos a finales de mayo, ¿te das cuenta?, en un verano temprano, hojas brotando por doquier, la hierba crecida y todo frondoso. ¿Que qué respondió el adulto? No me acuerdo. Pero cuando continuamos caminando, la venda, como se suele decir, se me cayó de los ojos. Ojalá no hubiera sido así. Yo también empecé a verlo.

No era como hoy en día. Entonces solo estaba empezando a imponerse, el… ¿cómo lo llamaron?… el «Fenómeno».

Era casi como mirar a través de un filtro fotográfico. Salvo porque, lógicamente, este filtro no lo cambiaba todo por completo, como hubiera sido lo normal.

Ninguno de los dos dijo nada al otro. Aunque yo me di cuenta de que él, mi marido, también había empezado a verlo en esos momentos. Continuamos charlando y bromeando, incluso paramos a tomarnos un café y un dónut en la cafetería del parque. Pero una sombra inquietante nos iba envolviendo. Y un silencio.

Durante varias semanas no hicimos comentario alguno sobre el asunto. Una noche estábamos preparando la cena y —lo recuerdo con toda claridad— de pronto él se quedó mirando la encimera y preguntó:

—¿De qué color dirías que es ese pimiento?

—Naranja o así, supongo; es un pimiento naranja— respondí yo

—No, es un pimiento marrón —dijo él—. Y la lechuga, esa es una lechuga marrón claro, solo los bordes son… azul claro.

De pronto nos habíamos convertido en dos estatuas, mientras en la cocina el agua bullía con total despreocupación. Y entonces él dijo:

—Hoy un compañero del trabajo ha ido a su revisión oftalmológica. Me había comentado que temía estar quedándose ciego. Pero su problema no está provocado por ningún defecto en la visión. Al parecer el oculista le ha dicho que es algo que se está generalizando.

Y entonces, como obligados a ello, miramos alrededor, a todas y cada una de las cosas: a las cortinas marrones que habían sido de un verde intenso; y a los árboles verdes que eran del color del fango, sí, incluso bajo esa luz crepuscular, más allá de las ventanas, donde al cielo azul le pasaba algo y el poniente era de un muy sombrío rojo oscurísimo. En la botella de vidrio transparente, el vino blanco brillaba incoloro, como el agua, pero la mostaza del frasco era barro. Y en mi mano, la alianza de oro había metamorfoseado en el metal sin brillo de un penique antiguo y deslustrado.

—¿Qué está pasando? —pregunté.

—Sabe Dios —dijo él.

Pero no creo que Dios, si es que existe, tampoco lo sepa. No más que el resto de nosotros.

Ahora ya todos lo comprendemos, o supongo que la mayoría deberíamos comprenderlo. Al fin y al cabo, se trata de un fenómeno mundial. Apenas nadie habla de ello. Aparte de los muy jóvenes, como tú, que no lo visteis suceder. Ha traído consigo montones de cambios de imagen, casas redecoradas, ropa nueva… bueno para los negocios, por lo tanto. Incluso yo me decoloré mi pelo rubio dorado para dejarlo totalmente blanco. Mejor que ese tono como de agua estancada que había pasado a tener (como mi vestido de boda, ya ves). Y si bien nadie quiere lechugas o repollos azules, marrones y negros; huevos con el centro color café; ni melocotones y albaricoques marronáceos con pinta de estar pudriéndose a pesar de estar recién cogidos, todavía quedan alimentos que se pueden comer. Manzanas y tomates que se asemejan a una vieja herida, dónuts que parecen excrementos. La industria de la joyería se resintió. ¿Quién compra ahora un topacio? Una esmeralda tallada del tamaño del ojo (marrón/gris) de un gato vale menos de nueve euro-dólares… menos que una botella de buen Pinot Gris (color té rancio). O de Merlot negro.

Para los animales es peor. Esos leopardos blancos que perdieron su camuflaje, los canarios marrones que dejaron de criar y se extinguieron… como ocurrió con leopardos y tigres. Y allá en lo alto, el Sol es del blanco del acero fundido o de un carmesí sucio; y las cenizas de la Luna, que a veces fraguan en una masa color sangre.

Al ser el amarillo un color primario no murió solo. Se llevó verde y naranja con él, y prácticamente todos los demás tonos perdieron matices o definición. Algo de lo más extraño. ¿Cómo podríamos haberlo imaginado jamás? Dijeron que lo provocaba algún tipo de microbio del espectro, que atacaba solo a un elemento: el color amarillo. Nada peligroso, no había que alarmarse, inocuo para nosotros. Pero… duele. No, no te voy a enseñar las fotos. También afecta a las fotografías, por supuesto. Esa chica del vestido… marrón, el vestido marrón y los narcisos… color hueso…

¿Mi marido? Por desgracia murió joven.

Gracias por la visita. Sí, ¿verdad que es una puesta de sol espectacular?

Apocalíptica, podría decirse.

 

Copyright © 2008 Tanith Lee

De la ilustración, Copyleft Pedro Belushi

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